Turquía, la nueva socia de Europa a cuenta de los refugiados

A partir del domingo 20 de marzo entra en vigor el acuerdo firmado entre los 28 países europeos y Turquía, esto es la devolución de cada nuevo inmigrante sirio ilegal a Turquía llegado a las islas griegas. El objetivo es evidente: detener, frenar, disuadir a los refugiados, que en el texto son metidos en el mismo saco que los migrantes  ilegales, a alcanzar tierras europeas. El pacto entrará en vigor el 4 de abril, lo que supone que en las próximas semanas, y antes de la entrada en vigor de dicho acuerdo, se estima que se multiplicará el efecto llamada por lo que se espera una avalancha superior si cabe de refugiados sirios a las costas helénicas. Importante reseñar el dato que por cada sirio retornado a Turquía, otro será asentado en Europa. Así hasta 72.000, que es el número de plazas libres que concede la UE a los sirios que buscan refugio aquí. Número que según Merkel no se rebasará porque el sistema disuadirá a los migrantes ilegales, también conocidos ahora como refugiados, a jugarse la vida en el mar por alcanzar el viejo continente.

Lo que yo entiendo de este pacto o cambalache es que Europa se ha buscado un socio al otro lado del mar para que frene el acceso a Europa, además de asilar a más refugiados, que se vendrán a sumar a los casi ya 3 millones de sirios asentados en Turquía huídos de la guerra civil.

Asimismo el país de la media luna se compromete a cambiar las leyes para llegar a obtener el título de país seguro, y también a adoptar todas las medidas necesarias para que las mafias no abran otras rutas de acceso. Todo esto a cambio de sustanciosos beneficios para Turquía como son 6.000 millones de euros para proyectos de atención a refugiados o liberalización de visados para la libre circulación de turcos por Europa. El presidente turco Erdogan exhibía en la fotografía mostrada al mundo, una sonrisa de satisfacción con la que pretende convencer a Europa de su capacidad de realizar la lista de cosas que ha prometido, un inventario plagado de buenos propósitos o despropósitos según la fe de cada uno. Los más destacables son convertirse en un país seguro cambiando leyes, acabar con las mafias, frenar el flujo de migrantes desde Turquía, y  evitar abertura de nuevas rutas de acceso a Europa. Parece ser que este presidente se erige  como el nuevo salvador  de la falta consenso entre  los países miembros de una Unión Europea que el septiembre de este año acordó ubicar a 160.000 refugiados en dos años, sin contar con el voto favorable de los países balcánicos y con la abstención de Finlandia. La desunión europea en materia de migración ha estallado como una bomba a raíz de la migración masiva de sirios. Así, el pacto de Dublín firmado por los países miembros sobre la libre circulación de personas por Europa se disuelve en el olvido y queda como un buen propósito en la línea del pensamiento liberal y humanitario europeo. En cualquier caso y retomando el acuerdo con Turquía, el futuro demostrará si esta medida, lejos de solventar esta crisis humanitaria, la agrava aún más.

Muchas voces críticas con Europa, EEUU se han dejado oír por dar la espalda a los refugiados sirios por no darles asilo político. A esas voces de indignadas  hay que recordarles que a fecha de diciembre de 2015 alrededor de 900.000 personas, procedentes de Siria, Sudán, Líbano y otros países, pedían asilo político en Europa tras una odisea dramática al cruzar el Mediterráneo. Y es que si en Europa nos quejamos de una crisis económica que no acaba de remitir, en otros países la crisis es humanitaria. Como es el ejemplo de los sirios, a los que no les ha quedado otra opción para sobrevivir que mirar a Europa, puesto que los países vecinos árabes, o bien carecen de más capacidad para la acogida como Jordania o están en situación de conflicto como Irak. Mientras la crisis de migración más dura que ha sufrido europa prosigue, cabe destacar y alabar la labor  de las organizaciones no gubernamentales  como ACNUR, Cruz Roja, UNICEF y a voluntarios procedentes de diferentes países trasladados a las islas griegas de Lesbos y Lam Perusa para dar un primer refugio de medidas de emergencia a una población intergeneracional destruida por el hambre, el miedo, el cansancio y la desesperación.

En los próximos días veremos si Turquía, la nueva socia europea a costa de los refugiados, cumple sus compromisos contraídos con Europa, e invierte el dineral que recibirá de la UE  para ayudar a los sirios huidos de la guerra. También seguiremos los pasos de los acordado por los 28, y si cumplen con su parte de asentar a un refugiado sirio en Europa a cambio de la devolución a Turquía de los nuevos refugiados procedentes  a través de la ruta turca llegados a nuestro continente a partir de 4 de abril.

Algunos observadores han advertido que el cierre de la ruta de entrada por Turquía supondrá la aparición de nuevas rutas de acceso al viejo continente, entre las cuales no se descarta España. Esto es fácil de preveer puesto que la supervivencia es más poderosa que cualquier ley, acuerdo o pacto. De la misma manera que no se puede detener el viento, la vida siempre se abre camino y ha sido siempre así desde que el mundo es mundo. Estamos ante una crisis a nivel mundial porque la vida de mucha gente está en peligro y a esa gente que quiere vivir nada ni nadie la va a detener para sobrevivir.

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