Tierra de viudos

Hace 10 años ya del tsunami que arrasó  la tierra de países lejanos y segó las vidas de miles de personas.

El temblor que lo provocó también nos hizo tambalear los cimientos de nuestra entrañas y nos tocó con el dolor de otros  hasta el fondo de nuestras almas.

Soy observadora en el pasado y así es como buscando, encuentro las respuestas a preguntas que me surgen.

Las noticias encontradas sobre esa tierra en la lejana Indonesia y concretamente  Aceh, región que fue terriblemente mermada con la tragedia,  abren de  nuevo la puerta de mi curiosidad, y aunque parece que veo conspiración en todo lo que averiguo, no es menos cierto de que este tsunami fue muy oportuno para empresas petrolíferas como Mobil que tenía grandes problemas en esa zona del planeta para poder llenar sus barriles de crudo y la explotación  de sus bolsas de gas.

Esa zona del continente de Indonesia, es rica en estos recursos explotados por empresas con sedes en poderosos estados y han sido deseadas y conquistadas por medios no muy  ortodoxos, pero sí eficaces.

Con un gobierno en aquel momento, con problemas de guerrillas incontroladas, su día a día de saqueo de recursos era complicado. Creo más en las causalidades que las casualidades, por ello veo en noticias en el tiempo, que con este horror se beneficiaron grandes compañías petrolíferas que querían establecerse en la zona.

Y sigo. Digo saqueo, ya que el tanto por ciento de beneficios sobre la explotación del petróleo y gas de la zona, que debía ser repercutida entre mejoras para los habitantes , era ridícula, y los habitantes oriundos de esa zona seguían con sus trabajo heredados de sus antepasados, la agricultura y la pesca.

Por  eso ese día, como todos los del año, los hombres surcaron los mares en busca de su pesca, alejándose de las costas. Y también  se alejaron los cultivadores territorio adentro.

Ellos fueron testigos, sintiendo el temblor en la tierra y el mar. Ellos vieron en la distancia como una masa líquida de horror se llevaba lo único que les importaba. Ellos ese día perdieron el  futuro de sus genes en los niños de las chozas a las que regresaban después de las jornadas largas de duro trabajo, y ellos se quedaron sin sus compañeras, madres y esposas con las que abrazarse en las noches húmedas en sus camastros humildes.

En este hoy, después del tiempo, leo la noticia de que estos hombres buscan a través de anuncios nuevas esposas para llevarlas a sus pueblos recuperados y para volverlos a llenar de risas de niños. Ofrecen sus pequeños ahorros o sus bienes más preciados para seducirlas. Es evidente que pocas armas y ocasiones tienen para conquistarlas ya que han de buscarlas en otras regiones o países vecinos.

Pero me emociona saber que su espíritu de superación a la tragedia les lleva a un mismo fin, a la recuperación de su lugar de nacimiento, a volverlo a convertir en ese pueblo de su infancia, a tener el derecho de encontrarse de nuevo en las noches húmedas con ese abrazo femenino que les hace levantar por las mañanas hacia un duro trabajo, pero con la ilusión de un nuevo futuro.

Viudos, huérfanos,  pero con todo el derecho sobre sus vidas,  y con un fin común  ya que ellos sí valoran las tierras legadas.

Y  los recursos. ¿Qué más da que se los queden esos, de otro color de piel y sus máquinas sofisticadas? Pero sobretodo que no les quiten su  día a día con los suyos,  su amor verdadero a esas tierras, que no asusten la pesca de sus costas con los yacimientos que crean y sobretodo que les dejen vivir en el lugar que por derecho natural les pertenece.

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