Tengo 10 minutos

Lleno mis oídos con la aterciopelada voz de Sade con sus blues, ese Jazz  que no envejece y que te lleva por una montaña rusa de sensaciones acústicas.

Pequeños soplos de tiempo donde escuchar mis pensamientos y archivar o eliminar como si mi cerebro se tratara de un “PC”. Llenar este texto con trocitos de mis reflexiones y escuchar el silencio, solo mi música lo atraviesa, solo el ruido del teclado es un tenue tecleo que no lo corrompe.

Hoy ha sido una mañana frenética en la oficina, y estos minutos son el bálsamo que necesito para alimentar mi mente, apaciguar mi acelerado ritmo y llenarme de lo que sacia mi íntimo deseo, a través de mis oídos en el rinconcito del recuerdo.

Una vez, una profesora en un cursillo que hice hace dos años, nos aconsejo que debíamos hacer unas 10 cosas al día que nos gustaran, otras 2 durante el mes y 1 una vez al año, que lo detalláramos en una lista para tenerla presente en nuestra vida diaria.

De esa lista conservo algunos hábitos que son pequeños momentos de placer diario

. desayunar con calma

. escuchar música que me llene

. escribir

. caminar (aunque últimamente poco lo hago , hace frio)

. meditar

. hablar con amigos

No pongo nada más de momento, esto me vale por ahora.

Y olvidarme del mundo mediático de Montoros, Bárcenas, Rodrigo Rato, Blesa , y todo esos que componen una banda de ladrones que en su cueva rodeados de lujos nos desprecian día a día con sus tejemanejes de corrupción y puertas giratorias.  Marhuendas insolentes que me hacen saltar del apacible y cómodo sofá acabando  por cerrar el televisor.

Y perderme con mi portátil en webs y ver reportajes, imágenes donde el tiempo se detuvo en una  naturaleza todavía salvaje como rincones de los petuy en Venezuela donde la majestuosa Roraima nos desafía desde su altura y nos regala el salto del ángel, la catarata más alta del mundo.

Llenarme de su belleza, allí esta imperdurable, ajena a esa vorágine creada por el hombre, de interés de poder y locura, donde se desprecia al más desfavorecido y se ayuda al que forma parte de su club de élite de amiguetes donde lo común es lo mismo, la avaricia, y el resultado para los demás la precariedad en las ayudas sociales en nuestros organismos que deben velar por nosotros.

Y ahí está ella lejos, salvaje y por suerte para ella no deseada por ese mundo de poder corrupto, por desgracia establecido en todo el planeta.

Estos minutos de paz mental y donde a través de mis sentidos lleno de lo que calma mi indignidad, viajo visualmente ya que personalmente no puedo económicamente, pero sueño que tal vez algún día de mi vida pueda realizar alguno de estos viajes a lugares donde el tiempo se detuvo .

Y como coloquialmente decimos “cargando pilas” para ese día a día donde a diario nos patea con sus casos de delincuencia organizada como las más clásicas mafias desde sus alturas elitistas y llevando a cabo sus más bajos instintos.

Sí, diez minutos donde no entran a taladrarme con sus mentiras ni a despreciarme por ser una persona decente, humilde trabajadora y con principios todavía de lo que está bien y lo que no debería estar implantado y respetado por los que nos dirigen.

 

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