Sombra aquí, sombra allá

“No me mires, no me mires (…) porque te vas a horrorizar”. Algunas palabras podemos rescatar de la archiconocida canción de Mecano y establecer un paralelismo con la regeneración impuesta a los partidos políticos actuales que hoy se materializan en una serie de medidas de Rajoy y su equipo. Y digo impuesta porque no es endógena, cae como un meteorito en el seno de los partidos, especialmente del PP, para dinamitar las viejas prácticas, que no por viejas tuvieron que ser aceptadas, y no por haber sido aceptadas deben escribirse en piedra.

La regeneración debe proceder de nuevas generaciones, y no quiero hacer mención a las canas, sino a la ola de aspiraciones democráticas que reclaman las sociedades supuestamente borrachas de horizontalidad. Eso debe ser la regeneración. Pero no, ni nunca se emborracharon, ni se van a emborrachar correctamente si el esquema de Alain Minc –me refiero al ensayo La borrachera democrática– no se desvanece para dar paso a un liderazgo especialmente horizontal, limitado con mecanismos efectivos de revocación y rendición de cuentas. Es curioso –y tristemente relevante– que todos los partidos alardean de estar en la cresta de esa ola, pero no nos engañemos: los que se actualizan tarde y mal no podrán liderar el cambio. Tampoco significa que los nuevos lo tengan hecho, pero sin duda merecerán más votos de confianza que los que arruinaron nuestra confianza en la política.

Sombras aquí y sombras allá, pero verdadera sombra, literal, la siguen teniendo las personas de siempre. La ilusión ha podido crecer, pero el bienestar social no. El maquillaje no sirve para tapar los agujeros que las taladradoras políticas y económicas crearon durante tanto tiempo. Ahora llega la ciudadanía, como si fuera el casero –y de hecho lo somos–, a revisar que la casa se encuentra en buen estado. Y lo sentimos: el maquillaje se vuela al primer soplido. Agradecemos su intento, pero somos mayores de edad. Queremos realizar el cambio desde abajo, y si nos lideran el proceso, que ese líder pueda irse a la primera decepción. No queremos polvos mágicos, y menos pre-fabricados. La sombra se la merecen algunos banqueros, o los que malversan fondos para dar casa a aviones que son desahuciados antes de entrar a vivir a su aeropuerto. No es tan fácil, no somos tan incrédulos. Echaos maquillaje, lo necesitaréis. Nosotros/as, mientras tanto, seguiremos cantando: sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate.

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