Simbiosis parasitaria

Internet, internet… que gran fuente de información. No conocimientos ni saberes que perduran hasta el fin de los tiempos, simplemente, información. Pues todos sabemos que las toneladas de información que surcan el indomable mundo de internet, pueden ser veraces en la misma proporción que una infamia de lo más burdo.

Pero, ¿a qué tipo de información me puedo llegar a referir hoy día? Desde datos referidos al cambio climático, a datos que hacen referencia a la situación genérica de un país entero. Pero ciñéndome al planning que tengo hoy preparado, creo que la información que más me interesa, es la relativa a lo que comúnmente conocemos como: “puertas giratorias”.

Si, damas y caballeros. Ese extraño fenómeno que parece darse a nivel mundial y que se acentúa en países como el nuestro de manera extrema.

¿En qué consiste? Creo que todos lo sabemos, pero aún así, vamos a recabar más datos.

De manera estricta, viene a significar que un alto cargo de un ente público, deja su puesto de trabajo en dicho ente para engrosar las filas del sector privado, llevándose consigo todos los datos, contactos, formas y un largo etcétera, provenientes, o que son inherentes, al trato que se generaba en dicho ente público con los consumidores finales de esa empresa, es decir, el pueblo llano.

En definitiva, esa persona, ese alto cargo público, aprovecha su información recabada a lo largo de los años en las entidades públicas en las que trabajaba, para así, potenciar las relaciones comerciales y de lobby, de las empresas privadas para las que trabaja actualmente. De esta forma, la empresa privada cuenta con dos cosas a su favor: a) No estar en el ojo del huracán social constantemente pues su cabeza visible, al no estar en un ente público, se convierte en un horizonte poco definido y b) Usar en su favor todos los saberes, datos, conocimientos, técnicas y mecanismos, que el ex trabajador público, ha traído a sus dominios, desde los entes públicos.

Eso, señoras y señores, es a grandes rasgos el término de “puerta giratoria”. A groso modo, se trata de un enclave del sector privado, que se inmiscuye por activa y por pasiva en el territorio de lo público para hacer uso de la burocracia de tal forma que nunca pague más de lo que está dispuesto a pagar.

Así es como nos topamos con la realidad de sectores como el eléctrico en nuestro país, en el cual los consejos de administración de las grandes distribuidoras de electricidad, están copados por ex ministros o ex políticos a secas, de varios gobiernos tanto nacional, como autonómico.

Dar nombres y apellidos de esa gente, no es algo necesario, pues como ya he recalcado anteriormente, internet, es una gran fuente de información, al alcance de cualquier persona, al menos en nuestro país. Aunque quién sabe, con la ley mordaza activada, quizás estemos ante el preludio gubernamental, de “capar” la libertad en internet.

Pero ese es otro asunto, del cual aún no vemos ni un ápice del mismo.

A raíz del título de este artículo, quizás alguno de ustedes, capte la esencia y la triste realidad que se esconde tras el mismo.

Algunos pensarán que el caso de las “puertas giratorias” sea algo que solo ocurra en el mundo de los hombres civilizados. Pues no. Si prestamos atención a otros países de los teóricamente pertenecientes al tercer mundo, nos toparemos con casos  que guardan similitudes ofensivas, más dignas del guión de un escritor de novela negra.

Pero ya no solo es cuestión de nuestra especie.

Si miramos en el mundo animal, nos encontramos con aves que desparasitan a animales, que están varios peldaños por arriba en la cadena alimenticia.

Y el caso que a mí me interesa, está en el reino subacuático.

Ahí y no solo ahí, nos encontramos con una situación cuando menos curiosa.

Imaginemos por un momento el mundo de los tiburones. Quizás el más grande de estos, sea el tiburón ballena. Un animal teóricamente inofensivo que alcanza más de doce metros y que se alimenta de algas, krill, plancton… El típico chaval grandote de tu colegio que es manso y bonachón, pero que con su tamaño, creemos que podría aplastarnos la cabeza como si fuese una mandarina.

Ahora, hemos de bajar al escalón más sonado y temido. El tiburón blanco. Un curioso “pececito” que alcanza los casi siete metros de longitud y que tan mala fama ha alcanzado entre los seres humanos a través de documentales y películas en las que la sangre brotaba por doquier.

Pero lo verdaderamente interesante de estos animales, son su compañía o aseo personalizado.

Rémoras, pez ventosa o incluso los peces piloto.

Unos animalitos encargados, algunos de ellos, no todos, de desparasitar al gran blanco.

Aquí es donde nos encontramos con esa gran situación de simbiosis parasitaria en la cual el gran blanco, consigue estar limpio y aseado, cual diva de la televisión tras una sesión de chapa y pintura entre bastidores y la rémora o animal desparasitador, consigue un sustento alimenticio y protección, pues, pese a que el océano es grande y esconde muchas incertidumbres, hasta el pez más estúpido, sabe que no es plato de buen gusto entrometerse en el camino del gran blanco.

Por ello, os dejo una cuestión en el aire, queridos lectores: ¿quién es el gran blanco y quién es el desparasitador en nuestra sociedad?

¿Gobierno y sus distintos engranajes en forma de personas o grandes multinacionales? ¿Quién sale más beneficiado en esta relación de simbiosis parasitaria? ¿Los altos cargos al conseguir protección económica de las grandes multinacionales? ¿O dichas empresas al saberse seguros a nivel jurídico por la intervención divina de esos altos cargos que hacen las veces de mediadores con el Gobierno de turno a través de canales que nunca se han cerrado?

Juguemos pues al, ¿quién es quién?

Un saludo, pececillos del océano.

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