Se cumplen hoy 16 años del asesinato de un hombre bueno, Ernest Lluch.
Fuente: http://www.eldiariomontanes.es/

Recuerdo con un escalofrío la que posiblemente fue su última intervención en un medio de comunicación nacional. Y lo recuerdo porque sus últimas palabras en La Ventana de la Cadena Ser, entonces dirigido por Gemma Nierga fueron, una vez más, un llamamiento al diálogo en un momento en el que la banda asesina ETA seguía segando la vida de tantos hombres buenos. Nierga le preguntó si no temía por su vida, y Lluch, que era miembro del colectivo Elkarri, contó que no quería vivir sintiéndose amenazado y que por eso había renunciado a llevar escolta. Al escuchar esas palabras tuve la impresión de que no debía haberlas pronunciado. Solo cuatro días después fue cobardemente asesinado.

Como bien recoge la biografía que difunde la Fundación que lleva su nombre, Ernest Lluch era un intelectual valorado, un político respetado y un comunicador enormemente popular, cuando fue asesinado por ETA el 21 de noviembre de 2000. Investigador, escritor, profesor, parlamentario, ministro, rector de Universidad, articulista, tertuliano y, sobre todo, un hombre de diálogo. Por ello se le recuerda, reconoce y estima.

Su vida comprometida en la defensa de las libertades fue precoz. Cuando era un joven estudiante se sumó a la oposición democrática al franquismo convirtiéndose en el representante democrático de los alumnos de la Facultad de Económicas. Ya como ayudante del catedrático Fabián Estapé, fue expulsado de la Universidad de Barcelona por su significación política. Durante la dictadura fue detenido varias veces por participar en movimientos sociales y políticos contra el régimen.Su activismo continuó en Valencia, donde fue vice decano de la Facultad de Económicas y fundador del Partido Socialista del País Valenciano. Muerto Franco continuó con su compromiso militante y volvió a Cataluña en 1977 donde fue elegido diputado por Girona con la coalición “Socialistas de Cataluña”, de la que en 1980 fue portavoz en el Congreso de los Diputados. En 1982 formó parte del gobierno socialista como Ministro de Sanidad y Consumo, desde el cual y hasta 1986, enfrentado a los sectores más conservadores del mundo sanitario, generalizó la cobertura sanitaria estatal y creó el departamento de los derechos del consumidor, por primera vez en España.

Dejando la política profesional concentró su actividad principal en la Universidad, la docencia y la investigación. En 1986 ganó la cátedra de Doctrinas Económicas de la Universidad de Barcelona y entre 1989 y 1995 fue rector de la Universidad Menéndez y Pelayo, que relanzó a una nueva etapa de actividad y presencia.Paralelamente a una permanente acción pública como articulista, tertuliano y comentarista político, continuó con sus trabajos minuciosos y eruditos especialmente de historia y pensamiento económico. Fruto de estas investigaciones nos dejó justo terminadas dos obras sobre el siglo XVIII, que siendo históricas tenían una conexión directa sobre los problemas de nuestros días. Era un conocedor profundo de la cuestión nacional catalana y por eso se interesó tanto por el País Valenciano y, los últimos años por Euskadi. Se enamoró mentalmente del País Vasco, donde llegó a tener su segunda residencia y pasaba temporadas. Estudió a fondo el problema vasco y se comprometió una y otra vez a favor de Euskadi, su identidad y su cultura, contra los violentos y a favor del diálogo, buscando caminos constitucionales para resolver los problemas. Y fue por estas ideas que lo mataron.  En la lectura del Manifiesto al día siguiente de ser asesinado, la periodista Gemma Nierga, encargada de hacerlo, añadió: “Señores políticos, ustedes que puede dialoguen”. Fue el mejor homenaje que pudo hacerse a un hombre que murió asesinado precisamente por los mismos a los que una y otra vez quiso escuchar.

Sigue siendo uno de los referentes sin los que sería difícil entender el legado de los gobiernos socialistas y el compromiso del PSOE en la lucha por los derechos y libertades de todos los ciudadanos.

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