Respira

El leve eco del sonido de una palabra, comenzó a golpear con fuerza las paredes de su mente, llamando como lo haría un desconocido ante nuestra puerta una noche de madrugada buscando cobijo.

Aquella palabra comenzó a inundar todo su pensamiento, buscando ser liberada por sus labios.

Era como caminar en el interior de una espesa niebla hacia una pizarra que contiene escrita una palabra que permanece borrosa pero que con cada paso que damos hacia ella, se aclara más y más….hasta que, finalmente, es revelada para alivio de la mente.

En el medio de la pizarra pudo leer claramente: “Respira”.

Era lo único que debía hacer para poder regresar del sueño en el que se había perdido.

“Respira”, de forma profunda y calmada…tú sólo “respira” y acaba con la niebla que trata de asfixiarte.

Y así lo hizo.

De nuevo sus pulmones saborearon el oxígeno que le rodeaba trayéndolo, de ese modo, de vuelta a la tierra de los despiertos.

Sus ojos se abrieron para comprobar que la oscuridad lo dominaba todo.

Desorientado, trató de buscar a su alrededor algo que le resultara familiar, pero, de momento, lo único familiar que tenía era un fuerte dolor de cabeza y una extraña sensación de calor en la frente.

Sin aún incorporarse, llevó su mano hacia su cara y se dio cuenta de que ese calor era sangre que manaba de una cruel herida en la sien.

En ese momento recordó haberse caído por las escaleras antes de que todo se volviera confuso.

Y lo recordó a él.

Su pulso de aceleró de pronto.

Respira” se dijo una vez más, “tú sólo respira y mantén la calma”.

Pero sabía que eso era imposible.

Un grito sordo de dolor fue la respuesta que obtuvo a su intento de incorporarse. La rodilla izquierda, al igual que su cadera, habían salido muy mal parados de su viaje por las escaleras.

Caminar no era una opción, así que lenta y dolorosamente se giró hasta estar boca abajo para tratar de moverse reptando.

Un rayo de esperanza en forma de destello producido por su teléfono, marcó cuál sería el rumbo a seguir.

Hasta el final del pasillo había llegado su teléfono. Apenas unos ocho pasos, pero en esas condiciones, era como si se encontrase a kilómetros.

Comenzó a dirigirse hacia él, soportando el dolor como buenamente podía. A cada brazada que recorría, las imágenes de lo sucedido antes de su caída comenzaron a llover sobre su memoria como esa fina lluvia de verano que irrumpe por sorpresa.

Con cada recuerdo, su corazón se aceleraba al mismo tiempo que se llenaba de miedo, ya que nada bueno venia de ese pasado reciente.

Un ruido metálico, cruel y amargo comenzó a sonar detrás de él. Aun estaba lejos de su posición, pero no tardaría en alcanzarlo si no se escondía pronto.

Como si de una procesión se tratase, aquel sonido metálico no viajaba solo, ya que le acompañaban el pesado y parsimonioso caminar del terror.

Un poco más y al fin alcanzó el teléfono entre sus manos.

La sombra de la amenaza pronto lo descubriría, así que agarró con fuerza el móvil, y continuó un poco más hasta doblar el pasillo.

Y allí, protegido por la esquina del pasillo, se sintió seguro por primera vez desde que había salido del sueño.

Se giró y colocó su espalda contra la pared, oculto a la vista de su perseguidor.

Recordó entonces como una ventana se había roto en el piso de arriba. Recordó haber dejado a sus amigos en la sala y haber subido a comprobar qué sucedía.

Recordó haber intentado huir de aquel hombre y del filo de su hacha.

Y recordó un traidor golpe en la cabeza que lo precipitó por las escaleras.

Abrió los ojos, regresando a la realidad.

Si quería salir vivo de aquella situación debía darse prisa, así que desbloqueó el teléfono al tiempo que el ruido del hacha deslizándose por el suelo se acercaba más y más.

Estaba ya demasiado cerca de su posición.

El miedo se apoderó de sus manos, que comenzaron a temblarle, pero debía aguantar apenas unos segundos más y podría llamar a la policía.

Contuvo la respiración para evitar ser descubierto.

Los pasos que acompañaban al ruido del hacha no detenían su marcha. Pronto estarían en su misma posición…pronto estaría a su merced.

El corazón latía tan fuerte que parecía que cada pulsación sería la última.

Otro paso más.

Cerró los ojos y apretó con fuerza el móvil.

Era el fin.

Pero de pronto el sonido cesó. Algo había conseguido detener a su agresor.

Abrió los ojos y trató de escuchar qué sucedía.

Podía sentir la respiración de aquel hombre, calmada y serena, a escasos centímetros de él.

Pasados unos instantes, el hombre produjo un sonido con el hacha de forma que parecía como si, harto de arrastrarla, decidiera cargarla un rato.

Y comenzó a girarse.

Un paso, dos pasos…la amenaza, lentamente, se alejaba de él al mismo tiempo que su corazón aflojaba un poco el ritmo.

Un alegre y divertido ruidito de moneda de videojuegos llenó el tenso y espeso silencio.
Los pasos se detuvieron.

Miró el teléfono aterrado para comprobar que le había llegado un mensaje de texto de aquella chica que tan poquito caso le llevaba haciendo toda la última semana.

Sonrió y pensó en voz alta “Va y me contesta ahora…

El brillo del teléfono se reflejó en el filo del hacha, iluminando su rostro por última vez antes de sumergirse, sin remedio, en el sueño profundo del que no se puede volver.

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