Relato de un paramédico en tiempos de resistencia

Por Martín Legonía.

Caracas, Venezuela. Ya son poco mas de las 11 de la noche, y el frío de la ciudad es opacado por la adrenalina que emiten el grupo de choque y escuderos de la resistencia del Campamento Libertad de Chacao. Solo oigo murmullos llenos de miedo y tensión, pues el grupo de avanzada ha informado de la existencia de 12 efectivos de la PNB, los cuales están replegados alrededor de la plaza haciendo que el ambiente se torne fuertemente hostil. Como siempre, estamos preparados para lo que se llegue a presentar. A veces me pregunto como es que llegué a parar aquí, un cocinero con nociones básicas en rescate y primeros auxilios en una contienda de esta magnitud. Divagaciones mías supongo, pero tan rápido como llegan, de la misma manera se van al escuchar la primera detonación efectuada a unos 100 metros del campamento.

El olor al gas lacrimógeno es inconfundible. Muchos de aquí ya tienen tiempo respirando tal basura. Yo apenas llevo unas pocas semanas. Otro impacto, esta vez más cerca. Un grupo de escuderos es enviado a la intersección que conecta con la entrada del campamento, mientras un grupo de choque los sigue de cerca. Llamo al grupo de paramédicos que me toca dirigir esta noche: “muy bien chicos, ojos abiertos, en grupos de dos, nadie se separa de su pareja, no vayan a la zona roja si no son llamados para allá y sin un escudero al lado, suerte y atentos a mi voz”; otra noche más, pienso mientras avanzo junto a los demás paramédicos. Poco a poco la adrenalina invade mi cuerpo al ver lo que sería una larga noche de encuentro.

Solo se oyen detonaciones, gritos de dolor y de furia. La visibilidad es pésima y el ácido del gas quema como el fuego. Se oyen las primeras palabras de auxilio, “Paramédico”, es hora de entrar en acción, me dirijo junto a mi pareja y un escudero a la zona del acontecimiento, “impacto de perdigón, posiblemente de una metra en la zona abdominal con posible hemorragia interna y daño a órganos”.

Es impresionante que el sujeto aún pueda estar en pie de lucha insultando de manera agresiva al funcionario que disparó en su dirección. El traslado siempre es lo más riesgoso, exponemos demasiado nuestro cuerpo al hacerlo debido al uso de la camilla. No importa, uno llega a acostumbrarse, además hasta ahora nadie ha sufrido en el traslado bajo mi guardia. La herida tiene una profundidad de unos 2 cm, extraer el objeto fue lo mas fácil de hacer, una pequeña sutura, unos antibióticos y un reposo es lo ideal para este valiente guerrero; “es un alivio que no haya tenido mayor daño” le comento a mi compañero mientras me dirijo de nuevo al punto de acción.

Somos pocos los paramédicos que estamos en zona roja, pero es mejor así, pues sólo necesito a los más experimentados en este punto. La idea de cargar con una vida ajena es suficiente para mi, por eso no me arriesgo con los inexpertos. Son poco más de las 2:00 am, pero el cansancio no se siente. Múltiples bajas por ambos lados, pero admiro a esos chicos, su espíritu de lucha es incansable, y yo tampoco pienso rendirme. Pronto llega otro llamado al cual acudir. Esta vez no es uno de los nuestros, sino un funcionario de la PNB. Es impactado por una piedra en la cabeza dejándole una herida abierta de 1cm, nada complicado; muchos me cuestionan porque doy tratamiento a los PNB, ellos no entienden que como paramédico debo atender a cada una de las personas que salgan heridas en esta contienda.

Finalmente cesan los disparos y el gas, poco a poco se disipa, hemos ganado una vez más, y el poder de la plaza sigue en nuestras manos. Felicito a mi grupo y doy un vistazo rápido al lugar de batalla; piedras, casquetes vacíos, escombros, escudos, mascarillas rotas, sangre y un par de zapatos son parte del paisaje que dejó tan campal lucha. Otro día concluido me digo, otro día. Dejo mi equipo al lado de mi bolsa de dormir, y me dispongo a descansar una hora, pues entro al trabajo a las 7 de la mañana. Sólo espero que todo este sacrificio valga la pena, y que nuestra lucha no sea en vano.

 

2 Comentarios

  1. Martín me gusto mucho tu anterior articulo, pero este me ha puesto el vello de punta y me has trasladado a ese lugar tan castigado , con una emoción que poca gente consigue con sus palabras.

  2. Estremecedor y sencillo a un tiempo. Bien relatado, nos metes en la situación y en tu personaje. ¡Cuántas veces las cosas sólo cambian al llegar al límite! Cuantas tristes veces…. un saludo, josep turu

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