Reflexiones a la sombra del Islam

Da miedo observar hasta qué punto de barbarie puede llegar el ser humano. De hecho, si soy completamente sincero, conmigo en primer lugar y contigo en segundo, ahora mismo siento bastante respeto por escribir estas líneas. No puedo evitar pensar en todos esos locos, del Islam o cualquier otra religión o con un motivo más o menos absurdo, que serían capaces de matarme por no claudicar o estar en desacuerdo con sus ideas y creencias.

Pero yo soy así. Me cuesta horrores callarme y resulta muy complejo dentro de mi mente y corazón no echarle un par de bemoles y decir las cosas como las pienso. Por eso escribo estas líneas. Supero mi miedo a estos seres irracionales porque es lo que siento. Es más, creo que todos deberíamos hacer lo mismo. Ante una muchedumbre enfurecida por la pérdida de la razón, otra más poderosa si cabe enriquecida por el conocimiento, la libertad y la cultura. Así me gustaría que fuese, pero no lo es.

Es más, en estas horas he leído cientos de noticias y comentarios a respecto. Algunos incluso claman en pro de los Reyes Católicos, cuando, en su obsesión por “limpiar” sus reinos, echaron a todos los que no claudicaban con su religión. Solemne barbaridad que muchos apoyan. Combatir fuego con fuego. Una idiotez supina que resume la falta de cultura y conocimiento del mundo que nos rodea… y de uno mismo.

Tampoco quiero decir con esto que debamos dorar la píldora a nadie. Pero está claro que algo hay que hacer. Ya lo avisaba Pérez – Reverte, a su estilo salvaje y desenfadado, pero claro y meridiano, que esto se nos acabaría yendo de las manos. Así parece estar sucediendo. La impudicia por el dinero de nuestros grandes empresarios y políticos nos lleva a crear una sociedad “borrica” y sin cultura, incapaz de hacer autocrítica, débil y maleducada. Simples borregos que se creen en libertad porque vociferan estupideces sin que les pase nada, pensando que con tener un trabajo y votar cada cuatro años ya lo tiene todo hecho en la vida.

Mientras tanto, un peligro acecha muy cerca, un poquito más allá de nuestras fronteras. Como el Mordor que creó Tolkien para “el Señor de los Anillos”, así tenemos el ojo de Sauron puesto en nuestras tierras. Lo tienen claro. Somos infieles y merecemos morir. Y nosotros no hacemos nada más que vociferar en las redes y en el bar y pelearnos entre nosotros.

Una turba sin cultura ni formación, sin dinero ni esperanza, pero con hambre y fe en una religión que les promete cientos de vírgenes al morir por su dios innombrable. Enfrente, lo mismo, pero sin ganas de gritar, de luchar o de informarse. Gentes que desean hacer dinero fácil y estar de charla en la taberna. Su única creencia, más allá de curas y sacerdotes, es la “pasta”.

Me gustaría tener soluciones. Poder aportar algo positivo, pero me resulta imposible. Veo un panorama muy negro. Dos culturas incapaces de entenderse. Una diferencia de 200 años. El tiempo que hace que Occidente, no si gran esfuerzo y muertes, consiguió sacar a malas penas a la Iglesia de las instituciones políticas y de gobierno a cambio de privilegios y buen estatus.

Pero el Islam no desea eso. Están enfadados. No tienen nada que perder. Pero sí mucha hambre de gargantas capitalistas. La masacre de “Charlie Hebdo” ha sido su última barbaridad. Pero no puedo evitar pensar que nuestro destino es quedarnos sentados esperando a ver cuál será la próxima. No se si prefiero acertar o equivocarme. Cualquier de las dos opciones me parece terrible. La desazón me come por dentro…

 

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