Realidad... Demasiada Realidad

«Pero, señor, en este siglo que nos ha tocado vivir, que más próximo al XIX es que al XX, ¿quién querría estudiar a los Realistas, quién querría ser esclavo? Para ser experto en el Realismo, o esclavo, tan solo hay que escribir sobre lo que se ve a diario. Pero ¿de verdad cree usted que es necesario plasmar en un papel la realidad para que todos los demás la conozcan? No, señor. Todos sabemos que la realidad no es sino un gris vacío, donde no existen los sentimientos, donde ser humano no es la regla, sino la excepción. No, señor. Los Románticos alabamos el rechazo de la realidad, porque esta fría y absurda es. Los Románticos creemos que solo el “yo” importa; sin embargo, no nos llame usted egoístas, pues respetamos a todos los “yo” que en nuestras noches encontramos; porque nosotros no queremos abrazar sino el infinito, y la realidad jamás nos dará esa oportunidad, porque la realidad siempre moribunda ha sido, y nuestras alas siempre cortará.

El verdadero Romántico es capaz de percibir la magia que la retórica humana encierra; es más, creemos que el propio ser humano es retórica pura. Pero esto es algo que ustedes, los Realistas, son incapaces de comprender, pues su realidad solo les inspira una retórica artificial.

Sepan ustedes que todo, todo, es lícito cuando de buscar lo inefable se trata.

Un Romántico de verdad escucha esa rima —una de tantas hijas de la poesía— y cierra los ojos para desprenderse de las cadenas que a su gris realidad de ustedes lo atan: tras haber atravesado el horizonte, echa la vista hacia atrás, compadece a los que creen que el sol es el infinito…

Y un Romántico de verdad busca su propia rima, su propia poesía, su propia retórica…, y por ellas se guía. Que los Realistas intenten describir esa evolución: nosotros, los Románticos, esperaremos a los Realistas, en aquel lugar donde sus plumas jamás podrán llegar».

 

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