¿Qué pasaría si mañana se apagara facebook?

El término fin del mundo desdibuja su sentido si entendemos que nuestra realidad dispone, hoy en día, de dos variantes a veces contrapuestas. La primera, en términos imprecisos, se podría definir como todo aquello que siempre estuvo ahí. Muchos pensadores y pensadoras intentaron dar puntadas a una grieta que, probablemente, nunca se cierre, sin embargo, en tiempos contemporáneos, podemos definir “lo real” de manera negativa, esto quiere decir,  precisando lo que no es. Tarea esta, seguramente, mucho más sencilla.

Lo que el mundo real no es, es, ciertamente, lo que aparece en el mundo virtual. Y lo que aparece en el mundo virtual, si bien tiene conexiones directas con la realidad más inmediata, no tiene las características propias que tuvo –o tiene– el mundo más “mundano”. En otras palabras, una foto de la catedral de Florencia no puede igualar a la experiencia de presenciar en directo esta obra arquitectónica. El mundo virtual pierde el amplio abanico de sensaciones –sensibles–, siendo estas, con más o menos certeza, uno de los principales canales de percepción de –hasta ahora– lo real. Más allá de qué es lo más real, lo cierto es que el mundo virtual adquiere, in creccendo, mayor importancia en las vidas cotidianas de las sociedades actuales (a excepción de aquellos países y regiones donde sus poblaciones no tienen acceso a internet, que ronda el 60% de la población mundial según la UIT). Esto significa que, paralelamente a la vida de a pie, se forja una nueva realidad con nuevos paradigmas de interacción donde los principios culturales básicos se rompen sin mirar hacia atrás. El peso sustancial que contiene esta nueva “vida” es tal por la influencia que tiene en la del resto y en la propia, esto es, la atención individual y la que el resto pone sobre nosotras/os es, en ocasiones, superior en las redes sociales que en la vida anterior a ellas. Sin embargo, no ha de sorprendernos esta afirmación si tenemos en cuenta las horas que alguien puede pasar conectado a la red en comparación con las horas reales que pasa con las personas de su alrededor. Es, por tanto, una consecuencia lógica que las imágenes y juicios de valores que formemos sobre alguien en concreto tengan directamente que ver con lo que percibimos en el mundo virtual, pues podría ser la única fuente de información de esa persona o, al menos, la mayoritaria.

No debemos –ni podemos–, no obstante, emitir una opinión moral al respecto. En primer lugar, es difícil establecer los límites de lo real, o lo más real. En segundo, ambas vidas son aceptables y funcionan en tanto en cuanto respetan los códigos mínimos de civismo, siempre que el anonimato desaparezca como barrera de protección ante cualquier salvajada. Me quiero referir, con la funcionabilidad de la vida virtual, a que las piezas del engranaje giran sin chirriar demasiado dentro del propio juego. El vacío se puede encontrar, tal vez, en la conexión entre una vida y la otra. ¿Qué canales se habilitan para unir ambas y coordinarlas? ¿Dónde y cómo aparecen los límites? ¿Qué tipo de legitimidad posee la virtual? ¿Cuánto depende una de la otra? ¿Viven, acaso, en simbiosis?

Son, precisamente, estas preguntas y la magnitud de sus respuestas, las que activan una posible nueva alerta: el fin del mundo. Esta vez no tendrá que ver con plagas bíblicas ni meteoritos que vengan a dar descanso a la Tierra. Esta vez, las responsabilidades pueden determinarse fácilmente y el proceso ser tan sencillo como apretar un botón. El mundo virtual es, así pues, dependiente de unos poderes económicos que tienen a su alcance la hecatombe más estúpida de la historia en un momento en el que los humanos alcanzamos, supuestamente, la fase más desarrollada intelectualmente de nuestra existencia. Es por ello, y a modo de conclusión, que se deben tomar en cuenta dos elementos: (1) si las redes sociales continúan ganando peso en la forma y contenido de nuestras vidas, estamos entregando, literalmente, nuestra vida a personas con las que poco o nada tenemos que ver. Por otro lado, (2) si continuamos bombardeando estas redes con contenidos de nuestra vida privada, su concepto –el de vida privada– habrá cambiado para limitarse a todo aquello que no se cuenta en Facebook. Dónde comemos y con quién, dónde estoy y qué paisaje estoy viendo, con quién tengo una relación y qué cena me ha preparado por nuestro aniversario, etc., no son más que ejemplos de información que en la era pre-facebook tan solo conocíamos de las personas más allegadas a nosotros/as. La vida privada, entonces, ha estrechado su esencia y se le ha puesto un límite que no tiene que ver con el mundo en el que ella existe, o mejor dicho, la vida virtual establece ahora dónde y cuándo empieza la privacidad de la vida mundana. No es esta una cuestión baladí, pues nuestra privacidad pudiera ser la esencia de la vida misma. Qué es la privacidad sino aquellos recuerdos que mantiene nuestra memoria, y no otras personas. Qué es la privacidad sino esa esfera inaccesible a la que solo el sujeto en cuestión puede acceder.

Habiendo reflexionado ya sobre algunos puntos que ayuden a dar forma o reforzar, incluso en un sentido contrario al expuesto, cualquier pensamiento propio al respecto, cabe ahora hacerse la pregunta: ¿qué pasaría si mañana se apagara Facebook? La respuesta debe ser respondida de manera individual. Habrá quien ni se dé cuenta, porque no tiene una cuenta abierta. Habrá quien pierda alguna foto sin importancia y un par de mensajes que se llenaron ya de polvo. Habrá quien se sienta molesto, o muy molesto, por no poder disfrutar más de esa vida virtual. Podría haber, incluso, quien sienta que parte de su vida se ha marchado con ese cierre, quizá por haber compartido demasiado su vida mundana en la virtual o quizá por haber dado más importancia a la virtual del resto. En cualquier caso, esta reflexión no pretende sino que, valga la redundancia, reflexionemos nuevamente, o por primera vez, sobre la pregunta y sobre qué y cómo mezclamos entre una vida y otra. No es una pregunta fácil, pero debe lanzarse al aire: ¿qué pasaría si mañana se apagara Facebook?

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