Qué absurdo

Soy habitante de este país, uno de los que, según las encuestas, es de los más solidarios de Europa,  y observo, como muchos otros habitantes, el comportamiento de una sociedad que premia a los que están vinculados a  actividades que  tienen que ver con el ocio.

Ellas son las que mueven millones de euros o dólares u otras monedas según  donde estén, pero que de hecho , aunque son admirados sus protagonistas como si fueran héroes, realmente para mí no lo son. Creo que son un producto de consumo muy lucrativo para grandes industrias dedicadas al entretenimiento.

Deportista de elite, actores de éxito con premios dorados o cantantes con videoclips con millones de visitas en youtube.

Y una se pregunta si soy un bicho raro.

Yo sí soy consciente, ya que para mí los héroes y los que tendrían que ser admirados y por consiguiente bien pagados, los vemos en países llamados del tercer mundo, exponiendo sus vidas, no solo al contagio de enfermedades en esos lugares, sino también teniendo que lidiar con gobiernos donde las guerrillas y la inseguridad están a la orden del día.

Además de tener que mediar, discutir a veces, y prácticamente mendigar ayudas para esas personas.

También están esos otros héroes que a través de labores humanitarias de voluntariados deciden pasar sus tiempos vacacionales ayudando en países donde en zonas desprotegidas no disfrutan de las ayudas necesarias para llevar una vida digna.

Ayer vi en un programa de tv a  pilotos que a través de una ONG, dedican su tiempo libre a trasladar a los más necesitados de país a país sin infraestructuras hospitalarias, y coordinar la asistencia a sus patologías, traslado y acompañamiento.

Muchas son las asociaciones que su principal activo es la cantidad y calidad en su personal humano, y que nos hacen sentir pequeñitos frente a ellos pero orgullosos de sus logros.

Entonces es cuando analizo está loca sociedad en la que nos movemos y me doy cuenta del paradigma absurdo de sus acciones.

¿Hasta dónde se premian las acciones que salvan vidas? ¿Se les dan suculentas cifras millonarias?

Todos sabemos las respuestas, todos conocemos los que se consideran héroes admirados mundialmente y mediáticamente, pero hay que pararse un momento y reflexionar nuestros criterios de valores y donde colocamos la importancia en los actos.

Sí, me gusta el buen cine y también disfruto de la música, pero no por ello me dejo cegar y dirijo mi mirada hacia otras acciones.

Enseñamos a nuestros hijos a respetar, a ser educados, y les inculcamos valores éticos, pero ¿quién se cuida de seguir educando a los adultos en esas mismas prioridades que nos hacen humanos?.

Muchos de ellos llegarán a mandar naciones, dirigir empresas y tener el poder de decisión de repartir riqueza, pero ¿en qué momento dejan de ver a los demás como seres humanos desvalidos y dejan a los que sí los ven en la gestión de protegerlos y ampararlos?

En fechas como estas en que son propicias para hacer balance sobre lo vivido en los últimos meses, nos pasan imágenes de logros deportivos, pero también de desgracias arrastrando a miles de personas a un presente dramático.

Y me digo una vez más, que absurda es esta sociedad mal llamada civilizada, que mentira se encuentran los jóvenes ya formados con ideales llenos de solidaridad, que vergüenza comprobar que los que pueden no quieren y que los que quieren no pueden llegar a todas partes.

Pero por lo menos lo intentan, y dedican parte de los días que forman la trayectoria de sus vidas a darnos lecciones de moralidad, empatía, solidaridad, y sobre todo amor hacia su semejante.

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