¿Por qué tendemos a mirar de reojo las vidas de los demás?

A todos nos ha pasado alguna vez estar viviendo un momento difícil y sentirnos un poco mejor cuando escuchamos que alguien de nuestro entorno solventó el problema sin dificultad. De igual forma, si escuchamos que otra persona no logró superar el problema, nos sentimos desamparados y alarmados por si a nosotros nos puede suceder lo mismo.

Parece que si tenemos un referente cercano en relación a algo que tenemos que vivir nos sentimos más apoyados, nos encanta disponer de un historial donde acudir para hacer más llevadera esa incertidumbre que nos machaca continuamente. Por ejemplo, si tenemos algún problema de salud, nos fijamos automáticamente en alguien conocido que ha pasado por algo parecido y enseguida nos animamos si le fue bien, o por el contrario, nos afligimos si no fue así. Como si lo que viven unos y otros tiene que ser necesariamente lo que vivamos nosotros.

Otras veces no somos nosotros los que buscamos esas historias y comentarios para sentirnos mejor. Aparecen sin nosotros pedirlas. Alguien está embarazada de seis meses y de repente empieza a escuchar historias de otras chicas que han muerto de repente, o que han perdido a su bebé en extrañas circunstancias, o que el bebé ha nacido con malformaciones o miles de historias rebuscadas (muchas de ellas sin ningún rigor) que cuenta gente del entorno, o incluso gente desconocida, para sembrar el pánico en la pobre mujer que ni siquiera se había planteado esas cosas. Quizá es el momento de ponerse el chubasquero para que todo lo que llegue a nuestros oídos resbale pausadamente por nuestros hombros hasta deshacernos de ello.

Cómo nos afectan los comentarios de los demás

Dependiendo si la persona es por naturaleza positiva y optimista, o negativa y pesimista, le afectará de una forma u otra todo el ruido que se genera a nuestro alrededor. Aquel dicho tan español de “Mal de mucho consuelo de tontos” tiene especial relevancia en las vivencias negativas. Si tenemos datos de varias personas que lo han pasado mal, aceptamos resignados que también nosotros tendremos que pasar por lo mismo, y aunque nos fastidie, al final haremos ese “esfuerzo” de pasarlo mal, porque al fin y al cabo lo han hecho todos los demás y nosotros no vamos a ser menos…

En el caso contrario, imaginemos que estamos inmersos en un proceso emocionalmente intenso como puede ser un divorcio, si la persona tiende al optimismo se agarrará rápidamente a historias positivas que conoce de su entorno para tratar de superar el trago lo mejor posible y tratará de mantenerse íntegro ante los relatos negativos que seguramente también escuchará.

¿Tan difícil es mantenerse neutro a la influencia de los demás ante una situación difícil que nos toca afrontar? Pues parece ser que sí. El ser humano por naturaleza tiende a mirar de reojo las vidas de la gente para valorar la suya y decidir si se acerca a la media de lo que están viviendo los demás, o se aleja de ella.

En mi opinión, y aunque no sea nada fácil, debemos mantenernos asépticos ante las opiniones, vivencias, comentarios e historias (verdaderas o falsas), que tenemos de los demás, porque en mayor o menor medida terminan afectándonos. Como hemos dicho, si la persona tiende a la negatividad y está atravesando un problema de salud, cualquier comentario o historia que le cuenten (y parece que cuando a alguien le pasa algo negativo, las historias maléficas se multiplican por arte de magia en nuestro entorno…), sin duda afectará negativamente a la persona y le creará una sensación de inseguridad y angustia difícil de controlar.

En el caso de las personas optimistas, solo se quedarán con las historias que le cuenten positivas (no suelen abundar, la verdad…), aunque también le acabarán afectando, porque en caso de que las cosas no terminen con un final feliz, se habrá impregnado tanto de esa positividad que será difícil luego cambiar el chip.

¿Cómo manejar el ruido externo?

Moraleja: mejor escuchar y pasar a la siguiente canción. Mejor ver la foto y pasarla rápidamente con el dedo, como hacemos con el móvil. Mejor no recrearnos con lo que nos cuentan, porque ningún caso es exactamente igual al de las historias que escuchamos, porque cada persona es diferente, porque ha vivido cosas diferentes, porque ve la vida de diferente manera y porque no podemos meter en el mismo saco a todo el mundo solo porque esté viviendo algo parecido a lo que han vivido miles de personas.

Cuanto menos nos dejemos influenciar por el ruido externo, menos nivel de ansiedad y más tranquilidad tendremos para afrontar lo que nos toque en cada momento. ¿No te sientes preparado para enfrentarte a algo sin escuchar cómo les fue a los demás? Bien, entonces lo mejor es que absorbas solo las historias buenas y te pongas tú en su lugar. Todo lo demás, a la papelera de reciclaje, sin olvidarnos de vaciarla, claro.

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