Participa, que se oiga tu voz

Escribía yo hace unas semanas en esta misma plataforma un artículo tildando la tan valorada Transición como una mera “transacción” hacia el poder económico. Pues bien, esta vez vengo a defenderlo, a mostrar la falta de democracia real del proceso que trajo, o al menos así se predica, la democracia a España.

Empecemos con el símbolo principal de todo esto, la Constitución Española de 1978, aún en vigor, aunque a veces parezca papel mojado. En ella, en el proceso constituyente, hubo de todo menos una verdadera democracia, el pueblo únicamente votó a los partidos que la elaboraron, esos mismos que ahora andan por el fango de la corrupción. Solo con este apunte ya debería quedar en entredicho la mencionada labor, pero es que realmente hay más, mucho más. Como dos ejemplos claros de esto tenemos la forma de estado monárquica, que se impuso si tan siquiera preguntar al pueblo si la quería, o el hecho de que se niegue en la Constitución a la ciudadanía la iniciativa legislativa en rango de Ley Orgánica, esas leyes verdaderamente importantes, que regulan materias como el aborto, la educación o el reparto de escaños. Es cierto que se convocó un referéndum para aprobar la Constitución, pero viniendo de una dictadura y con un grupo amenazando con volver a ella y otro con romper España por la fuerza, cómo negarse.

Considero ahora, y como yo muchísimas personas de este país, si se debiera abrir un nuevo proceso constituyente verdaderamente democrático. Uno en el que, una vez elegidos los representantes que elaboraran la nueva Constitución, hicieran una consulta a modo de referéndum con preguntas como: “¿Prefiere usted la forma de Estado Monárquica o Republicana?”, “¿Considera que la Ley D’Hont es la mejor forma de elección de nuestros y nuestras representantes o debería modificarse por la circunscripción única?”, “¿Se muestra usted a favor o en contra del aborto?”, o “¿Considera que el Estado debería ser laico, aconfesional o confesional?”. De entre todas estas preguntas, que no supongo fueran más de diez, de verdad se conocería la voluntad de la ciudadanía española, mandato sobre el cual trabajar para que años después no hubiera tantos frentes diferentes para la modificación de la Constitución. Además, así, se obligaría a mucha gente a consultar ciertos términos o elementos de la política que se vulneran enormemente en la actualidad.

Por eso ahora, desde mi más humilde posición, te pido a ti, a la persona que está leyendo esto, que reflexiones sobre este asunto, que de verdad te indignes si te indigna y muestres tu desacuerdo conmigo si así lo consideras. Como siempre, el debate está abierto y es la mejor solución para las diferencias.

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