Olmos & Robles: la náusea cómica al servicio del ordeno y mando

RTVE ha estrenado la serie Olmos & Robles, una apuesta amable e intrascendente más salida de la fábrica ideológica del PP a mayor gloria de la Guardia Civil y el orden establecido. Una millonada que, al menos, ha dado empleo a varios trabajadores del sector.

Estamos ante la enésima fábula televisiva que solo pretende entretener y llenar un espacio de prime time para que la gente se vaya a la cama una hora después debidamente adormecida y fuera de la realidad social. Las carcajadas provocadas por Pepe Viyuela, lo único salvable del formato de ficción junto a algunos papeles secundarios, servirán para olvidar los rigores de la supervivencia cotidiana.

Los tópicos están a la orden del día: un guapo en el rol de guapo, una chica lista haciendo de clásica tonta, un paletismo patrio adaptado a la posmodernidad al uso y unos argumentos psicodélicos o esotéricos sin pies ni cabeza salpicados con lugares comunes de la actualidad mundial y nacional sacados de contexto y políticamente correctos.

Vean los ingredientes fuertes del primer capítulo: los malvados rusos que asesinan porque sí siguiendo un plan extraído de un texto antiguo de la literatura española (¡enorme creatividad de los guionistas asalariados!), una referencia sin ton ni son a Putin (el jefe avieso de todos ellos de alguna forma) y la presentación de un alcalde estúpido, amanerado y venal, independiente por supuesto, que con tal de mantenerse en el poder se alía con el PP, el PSOE e IU, según soplen los vientos de la conveniencia política. Y la Interpol pululando por allí con chicas forenses y expertas en nuevas tecnologías, esto es, una copia exacta de lo que nos muestran hasta la saciedad las series estadounidenses. Originalidad cero, pues.

Lo dicho, todo muy telefilme made in USA, con el glamour de entrevistas posteriores al director del engendro, productores varios y principales actores, donde unos y otros se explayan en las bondades de la serie. Incluso Viyuela deja una loa chirriante y desmesurada a la Benemérita. Estaba de más, pero en el fondo es el objetivo de la producción, mercadotecnia de libro al servicio de la imagen pública de la Guardia Civil. Seguro que el actor sufría un pasajero síndrome de Estocolmo tras haber compartido muchas horas de asesoramiento con guardiaciviles de carne y hueso. Resulta disculpable.

Aunque a buen seguro la pareja formada por Pepe Viyuela y su paternaire el teniente cañón vivirán peripecias internacionales, ambos no son más que dos números en el cuartel de Ezcaray, diminuta localidad rural de La Rioja. Dos polis militarizados de pueblo, próximos a las inquietudes diarias de la gente llana. De eso se trata, de humanizar el trabajo policial, de limar sus rasgos represivos de modo sencillo y directo, entre risas y bostezos antes de hacerse la rosca habitual con el inefable Morfeo.

Parecen asuntos baladíes, pero a través de las series televisivas se conforman muy sibilinamente las conciencias pasivas de nuestra sociedad de consumo. De modo silencioso, escondidas entre diálogos pueriles, se meten de rondón consignas políticas y prejuicios ideológicos que la mayoría de espectadores compran sin apercibirse de ello.

En este sentido, Olmos & Robles no es más nociva que el resto. Otra serie más del montón muy cercana, desde el punto de vista ideológico de sus argumentos, a la bazofia acostumbrada. Telebasura de ficción, realidad fuera de la realidad, un formato sin pretensiones de grandeza ni espíritu crítico. Los tiempos en RTVE no están para nada más: sobrevivir como se pueda a la náusea de la cultura cutre y retrógrada al servicio del ordeno y mando, es decir, del PP.

Los profesionales no tienen la culpa del nuevo bodrio de RTVE. En tiempos de crisis la necesidad laboral manda. Trabajo es trabajo. Y fútbol es fútbol, como dejara dicho el filósofo popular del banquillo Vujadin Boskov.

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