No vivimos lo que estamos viviendo

Unos amigos y amigas están en un bar tomando un café. En las mesas están las tazas, un cenicero y poemas bajo un cristal. La camarera les trae una carta de tartas de chocolate. No la miran. Fuman y se preguntan qué tal les va la vida y en cosa de dos a tres minutos se produce una conducta muy “moderna”: Sacar el móvil y empezar a mirar o escribir o enviar mensajes en lugar de entablar conversación con los compañer@s de mesa y disfrutar del momento para el cual han quedado previamente. Cuando alguien se dispone a mirar su adorado smartphone es probable que tenga WatsApps que están sin mirar, llamadas perdidas, notificaciones del facebook sin leer, nuevos seguidores de su cuenta de twitter, algún correo electrónico… toda una serie de  información por la que sentimos gran curiosidad.

Lo que sucede es que no vivimos la situación que estamos viviendo en ese momento. Quedamos con amigos para tomar café y no lo hacemos. No sabemos en qué momento saboreamos el café, porque no pusimos atención. Ni nos enteramos cuando la camarera trajo la carta de tartas, porque no pusimos atención. Ni hablamos de nuestra vida con nuestros amigos, ni disfrutamos de su compañía, ni escuchamos sus problemas o sus alegrías. Nada. Porque directamente los ignoramos, priorizamos atender el teléfono a mirarlos a la cara y hablar.

¿Qué nos pasa? ¿Es poco interesante lo que nos cuentan? ¿Somos poco interesantes nosotros? ¿Nos sentimos tan solos que necesitamos algún feedback aunque sea tonto y de mentira? ¿No estamos conectados con los demás? ¿Ni con nosotros? ¿Es con el teléfono con quien mejor conectamos? ¿Qué es eso tan importante que consultamos mientras tomamos café con nuestros amigos? ¿Videos de navidad que alguien comparte en sus grupos de WatsApp?  ¿una risa escrita (jajaja) por tonterías diversas? ¿o cosas de vital importancia que solo podemos atender en ese momento? ¿Nos estamos volviendo gilipollas con la tecnología?

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