¿Miedo a los clásicos en el aula?

A muchos alumnos la mención del adjetivo “clásico” les cuasa un terror exacerbado y atroz. Parece que el mero sonido del vocablo en cuestión empieza a formar en sus mentes la imagen de un libro de un grosor inmenso, escrito en un castellano ilegible y lleno de frases alambicadas imposibles de descifrar.

¿Por qué ese miedo a los clásicos? ¿Por qué cuando alguien afirma que disfruta acercándose a las páginas del Quijote, las Metamorfosis de Ovidio o El Polifemo de Góngora en seguida se le cataloga como a un fósil cuaternario?… La respuesta quizá la encontremos en la nefasta educación literaria que hemos recibido durante años y en un sistema educativo que está más preocupado en enseñar fechas y nombres de autores, que de disfrutar de la propia lectura.

Recuerdo que en el Bachillerato teníamos que leer porque nos obligaban. Se abusaba de la enseñanza de la Historia de Literatura y se olvidaba la lectura de las obras. No crean que el paso del tiempo ha cambiado mucho las cosas. Se sigue haciendo lo mismo… muchas características de movimientos literarios pero muy poca lectura de obras completas.

El acercamiento a los clásicos por parte del alumnado debe ser gradual al igual que “adaptado”. Sería un error tratar que los alumnos leyeran El Quijote en su estado natural y los docentes no optásemos por las muy buenas adaptaciones que hay de la obra de Cervantes. No obstante, deberíamos reflexionar sobre el hecho en sí de la lectura en el ámbito de la enseñanza antes de llegar a una conclusión de porqué se les teme tanto a los clásicos.

Literatura y utilitarismo

Desde el propio sistema educativo estamos alentando la idea del utilitarismo de la literatura, es decir, buscar una finalidad en el acto de leer; poner una calificación a le lectura de un libro y no centrar el acto de leer en un puro acto de placer estético. Pero es difícil conciliar un sistema educativo, que sólo busca resultados académicos, con el placer de leer un clásico. Son dos cosas, que en la mayoría de los casos, no pueden ir unidas.

A veces con la lectura obligatoria de los clásicos alentamos a ciertos futuros buenos lectores a acercarse a obras más serias, eso no lo pongo en duda. Yo fui un claro ejemplo de ello, ya que como alumno me encantó leer La Odisea en 1º de BUP (hoy 3º de ESO). Pero, en general, la gran mayoría del alumnado a esta edad no está preparado para afrontar la lectura de un clásico. Así, desde el aula, los docentes debemos tratar de buscar los centros de interés en los que se focaliza la atención del alumno y focalizar este interés en la lectura que debemos recomendarle. Aunque el resultado óptimo de todo este proceso es que al final el alumno sea capaz de elegir la lectura con la que crea que va a disfrutar más. El docere et delectare de Horacio, que nuca pasó de moda.

La literatura y el placer

A veces tenemos la impresión de que el propio mundo en el que vivimos, el propio sistema, nos empuja a pensar que si hacemos algo por puro placer, es decir, sin buscar que nos reporte un beneficio, estamos perdiendo el tiempo. Pero no es así… la lectura debe ser un acto totalmente desinteresado.

Cuanta Ciorán que Sócrates, mientras le preparaban la cicuta, aprendía un aria para flauta; entonces alguien le preguntó: “pero… ¿De qué te va a servir aprenderla?”, la respuesta del folósofo griego fue tan contundente como genial: “Para saberla antes de morir”.

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