Memocracia

Hace un tiempo ya escribí en este medio sobre el proceso soberanista de Catalunya. Desde que lo hice hasta ahora han cambiado muchas cosas. Demasiadas. El fanatismo ha crecido estrepitosamente. La multitud se está revelando en sus vaivenes de poder incierto, que no lleva a ninguna parte. Lo peor, es que la gente está cada vez más equivocada y se está creando una situación de locura colectiva impresionante, hasta el punto en que la democracia (o memocracia) se tambalea en la cuerda floja, dejando entrever la malvada coalición política que se esconde detrás de la cortina del falso bienestar.

Una vez más los fieles a el proceso se manifiestan multitudinariamente en su día preferido. Un día que, por cierto, data una guerra muy sangrienta de sus compatriotas. Me parece una barbaridad que eso pueda ser un orgullo nacional, al igual que la hispanidad del 12 de octubre que celebra la masacre indígena. El caso es que miles de catalanes salieron a la Meridiana de Barcelona con sus banderas estrelladas y sus cánticos patrióticos a reivindicar un año más su independencia. Su falso mesías, el Sr. Mas, se refregaba las manos y acudía a la cita orgulloso de ser el responsable de tanto alboroto. Lo que no saben es que su Mesías se lucra de ellos y que en realidad la independencia no le importa tanto.

Luego está lo del 27S, unas elecciones que no fueron elecciones, sino otra muestra más de la inocencia de los ciudadanos que acuden a las urnas como borregos, con la ilusión del campo verde y libre. Ya ni siquiera servía para cambiar el parlamento. Esta vez serían unas elecciones plebiscitarias para demostrarle a su enemigo España que la mayoría apoyaba el soberanismo. Y todavía hoy están dando que hablar. Unos dicen que el soberanismo ha salido triunfante, porque los partidos que se presentaban por el sí eran mayoría. Los otros, por su parte, lo veían como un auténtico fracaso. Yo simplemente pienso lo de siempre. Otra vez una falsa fiesta de la democracia inútil. Memocracia en estado puro.

Los  jinetes del apocalipsis (Junts pel Si) apoyan hasta la saciedad a su Mesías por encima de todo. Claro, él ha sido el propulsor de toda la movida, él se merece estar al frente de la caballería, en un intento de borrar las miserias que apestan detrás de su partido. Por otro lado, los sensatos de la CUP, un partido que yo creo como es debido, se han aferrado a sus ideales y han seguido en su línea. Al principio pensé que iban a corromperse, ya que me pareció ver a su líder vistiendo corbata, “otro corbata más” me dije. Se tambalearon un poco con la idea independentista, instando a apoyar esta causa junto a los tres jinetes del apocalipsis. Pero se han reafirmado en su posición de que Mas no sea el cabecilla, y parece que están manteniendo firme su decisión, contra toda utopía. Yo, que soy apolítico y anarquista, pienso que ese partido tiene ideales que vale la pena detrás de su interés por el poder,  ya que apuestan por la justicia social entre otros muchos ideales que se alejan de la política clásica y corrompida. Me hacen pensar que igual la democracia si existe y hay un partido coherente e irrompible, aunque no estoy seguro del todo. Espero que sigan en esa línea, aunque me temo que su estrategia será volver a convocar elecciones y bla bla bla.

La grandes masas afectadas por la ilusión frenética y obsesiva de salir de España, hoy los critican y los califican de traidores. Es como el beso de Judas. Un beso que no es falso, sino necesario para cambiar la historia.

Yo, por el contrario, admiro su posición y apoyo a que sigan en esa línea, porque creo que esa es la forma más sensata de hacer las cosas. La multitud debería pensar lo mismo.

Me gustaría que pudiera tocarse la verdadera democracia, aunque solo sea con la punta de los dedos, y entonces, los votantes serían verdaderos, y yo, por primera vez en mi vida, acudiría a las urnas.

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