Más por menos

Hoy voy a intentar  hablar sosegadamente acerca de un tema que nos atañe a todos los españoles y es posible que a todos los trabajadores del mundo que pretendan no dedicarse en cuerpo y alma a un trabajo durante el resto de sus vidas. Voy a intentar hablar del mercado laboral de hoy día.

Para empezar, creo que lo mejor es dejar de lado las ofertas de trabajo que son publicadas mediante periódicos, ya que si te pasas solo un fin de semana leyéndolas, comprobarás que entre el detritus producido por cualquier animal de granja y dichas ofertas, apenas hay diferencia. Por ello, voy a centrarme en el panorama laboral que emerge de internet.

Todos conocemos diferentes páginas web que se dedican a aglutinar ofertas de trabajo de diversa índole y seccionadas por diferentes puntos de vista. Geografía, experiencia, rama universitaria… Más o menos, hay un cierto orden en las pautas obligadas a seguir para dar con una oferta de trabajo en la que puedas decir nada más leerla, “me siento capaz de hacerlo”. Pero que nadie se emocione, ahora es cuando vienen las líneas del artículo que harán que se os ericen los pelos de la nuca y de cualquier otra parte de vuestros cuerpos.

En primera instancia, y tras buscar en diferentes páginas web, he llegado a la terrible conclusión de que la oferta más común en dichas páginas, es la de comercial. << ¡Oye! Que necesito alguien encargado para vender mis patatas. >> Don comercial al rescate. Lo mismo pasa con electrodomésticos, vehículos, ropa, ocio, seguros del hogar, comerciales de alarmas… un sindiós de ofertas relacionadas con la venta. Pero, y el gran pero es muy grande, nos topamos con un común denominador en todas esas ofertas. Me veo obligado a ponerlo en letras grandes, así que no os asustéis:

REQUISITO: AUTÓNOMO

Si, damas y caballeros. En un país con una tasa de paro juvenil superior al 52%, el trabajo más simple a realizar, (con todos mis respetos para aquellos que suden sangre en puestos similares) y que puede dar cabida y dinero a esa ingente cantidad de parados menores de treinta años, exige como condición sine qua non, que el futuro esclavo comercial, tenga que pagar la cuota de autónomos y en el noventa por ciento de los casos, dicha oferta de trabajo, no te asegura un salario mínimo que logre por lo menos, amortizar ese desembolso obligado de la cuota de autónomo.

Así pues, nos encontramos con jóvenes de entre dieciocho y treinta años de edad, los cuales llegaron a esas edades en plena crisis, sin un duro en el bolsillo y con la obligatoriedad de tener que pagar la cuota de autónomos, tener vehículo propio y si ya miramos el resto de requisitos de las ofertas nos topamos con perlas del siguiente calibre:

-Experiencia demostrable en puesto similar de mínimo dos años.

-Alto nivel de inglés y nivel medio de alemán.

-Vehículo propio.

-Disponibilidad a jornada completa de lunes a sábado.

-Titulación técnica en ventas.

En resumidas cuentas, tenemos que ser trabajadores con una titulación universitaria en ventas, experiencia mínima, vehículo… ¿Nadie se ha planteado que todo eso tiene un costo? ¿No cuestan dinero las carreras universitarias? ¿No cuesta dinero el vehículo y todo su mantenimiento adicional? ¿No cuesta dinero el haber logrado unos niveles lingüísticos?

Y cuando por fin vamos a la entrevista, nos encontramos con un grupo reducido de lechuguinos embutidos en trajes baratos con sonrisa fácil y aire displicente que nos dan la estocada mortal diciéndonos que no sólo tendremos que patearnos el mundo por las calles (lo que se conoce como puerta fría o sucedáneo de testigo de Jehová) pagándonos nosotros mismos el gasto del vehículo, sino que además nos topamos con que tendremos que hacer las veces de gerentes, asesores, contables y en determinadas ocasiones incluso tendremos que hacer secretarios para el jefe o la jefa de turno. ¿En qué cabeza cabe que unos chavales de menos de veinticinco años de edad, se hayan empobrecido al realizar una carrera, comprarse un vehículo de vigésima mano (o un coche Frankenstein, surgido de la unión de diversas piezas de coches que pasaron a mejor vida), se pague la gasolina, no perciba un sueldo mínimo con el que seguir pagando esos costes y encima tenga que tributar a la RETA mes a mes con un tipo medio de casi trescientos euros? ¿Cómo esos jóvenes algún día podrán mantener el sistema de pensiones con un salario bruto que no llega a mil euros si todo el dinero que ganan mientras el tiempo les permite ser jóvenes, solo les da para pagar la cuota de autónomos?

¿Cómo espera nuestro gobierno que esos jóvenes dejen de ser vistos como sanguijuelas en sus casas al no poder emanciparse por no tener dónde caerse muertos? ¿Cómo, cómo?

En fin… ésta, es la cruda realidad de nuestro país. Y dicha situación, consiste en que si tienes un trabajo a media jornada mal pagado, o a jornada completa en el que te explotan y logran concentrar cuatro puestos de trabajo en uno solo; amigo o amiga, solo puedes sonreír y decirte a ti mismo: “… al menos tengo trabajo…”.

Nos encontramos en un país en el que los empresarios más pícaros, (por no decir otro término) se aprovechan de la necesidad de la gente. Total, si uno de nosotros se hace el digno y decide ignorar una de esas ofertas de empleo en las que serías poco más que un esclavo, los empresarios saben que ya vendrá otro aspirante a esclavo que tragará y se arrodillará ante su señor mientras balbucea un “gracias mi señor” al más puro estilo del Medievo.

¿De quién es la culpa? Bueno, es un tema áspero de tratar. Soy de los que piensan que todos los puntos de vista son correctos y defendibles si logras empatizar con cualquiera que tenga oídos para escucharte. Pero mi postura, es que parte de la culpa es de aquellos trabajadores que apremiados por la necesidad, son capaces de arrastrarse por el fango y hacer de ese lugar, su hábitat natural. Nos topamos así con un modo de vida, en el que más que vivir, se sobrevive.

Hasta cuándo, me pregunto, seremos capaces de aguantar este atropello incentivado por nuestro des-gobierno. ¿Hasta cuándo consentiremos, el más, por menos?

1 Comentario

  1. De acuerdo contigo en la precarización del mercado de trabajo: el insólito porcentaje de paro que tenemos causa que muchos pícaros se aprovechen de la miseria ajena falsificando trabajadores propios como autónomos. De acuerdo, entonces. Sólo quiesiera señalarte que esos “nos encontramos con un grupo reducido de lechuguinos
    embutidos en trajes baratos con sonrisa fácil y aire displicente” que mencionas, seguramente sufren también la explotación del momento (no te dejes engañar por esos trajes baratos. son baratos porque no les da para comprarlos mejores y mantener a una familia al mismo tiempo). Y te lo cuenta alguien que ha sido autónomo casi toda su vida (uf, una cruz, oyes; ahora y siempre)

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