Los hijos de la comunidad
Fuente: http://cup.cat/

Los hijos no son de las madres que los engendran, los llevan durante nueve meses en su matriz y los paren, no, son de la comunidad, de la tribu.

Las declaraciones de la política catalana Anna Gabriel en las que manifestó preferir tener hijos “en común y en colectivo” para que “los eduque la tribu”, según se puede leer en La Vanguardia que cita al programa “El suplement” de Catalunya Ràdio, representan otra vuelta de tuerca del patriarcado o, como decimos en Galicia, “outra vaca no millo”.

Que las madres sean cabeza de familia se seguirá considerando un accidente o una excepción no deseada, a pesar de las reformas legislativas por la igualdad de género; que los hijos criados por sus madres en solitario se vean a sí mismos como dichosos, es una quimera, porque lo que de verdad promueve la comunidad es que los hijos tengan padre. La madre es solo un medio para conseguir el deseado hijo, a ser posible varón. Los hijos fueron el instrumento social que garantizó la continuidad del apellido y a través de los cuales se canalizó la herencia familiar. Esto está cambiando gracias a la asunción de los valores del feminismo de la igualdad por parte de las instituciones y de la sociedad.

Una corriente del feminismo de la diferencia exaltó la maternidad como un bien propio de las mujeres para envidia de los varones, y esto se consideró un retroceso para el avance social. Ese camino está tachado como equivocado, o que conduce a un lugar desdichado.

Lo que las leyes protegen es al hijo y sus derechos. Y eso está bien, pero en muchas ocasiones se olvidan de las madres, tan denostadas y olvidadas, y tan veneradas, por otra parte. Una contradicción de la tribu, dominada y controlada por el patriarcado.

En la comunidad tenemos dos modelos de padre que han sido noticia en las últimas semanas por el modo de afrontar su papel ante los hijos, queridos y no queridos. Por un lado está el modelo Manuel Benítez, que representó en el pasado el típico que no se hace cargo de su prole, pero el ADN vino a darles la razón a los nacidos fuera del matrimonio. La ley los considera por igual tanto a unos como a otros.

El otro modelo es el futbolista Ronaldo, padre orgulloso y atento con su hijo, que no tiene madre y parece que no la tendrá nunca ¿Alguien de la comunidad, de la tribu, levantó un dedo para protestar por los derechos de una paternidad y una maternidad responsables que le corresponden al hijo de Ronaldo? ¿Alguien ha dicho o hecho algo sobre el lugar en el que quedan las madres de Manuel Díaz, El Cordobés, y la madre desconocida del hijo del mejor futbolista del mundo? ¿Tienen derecho esas madres, una a ser indemnizada socialmente y la otra a ser visible, a estar presente en la vida de su hijo?

Los hijos no son de las madres, sino de la comunidad, de la tribu, sí. Véanse las sentencias sobre la disputa por la custodia. Los padres abandonados por sus parejas femeninas reclaman el derecho a estar presentes en la vida de sus hijos, especialmente cuando las madres, además de ser ellas las que deciden poner fin al matrimonio, cobran más que sus exmaridos. ¡Cuántas mujeres han perdido la custodia llevándose a sus hijos con ellas a otra ciudad creyendo que ningún juez se atrevería a contradecirlas! Han tenido que volver corriendo para estar cerca de ellos, al menos un fin de semana cada quince días, pues la prole vive en la casa del padre o donde este lo considere. A los tribunales no les importa las razones por las que esas madres huyeron, eso forma parte de juicios que no se van a celebrar porque no hay pruebas que demuestren tales extremos por violencias de género tan rebuscadas. Para eso no están los tribunales.

Los hijos no son de las madres, sino de la comunidad. Algunas madres perdieron la custodia después de pasar una noche en un psiquiátrico, a donde las enviaron equipos psicosociales o similares. Los tribunales de familia, la comunidad o la tribu no hacen  un seguimiento de la salud mental de esas madres y de la estabilidad mental de los hijos, que dependen de los padres en esas situaciones derivadas de sentencias por la custodia.

Los hijos no son de las  madres, sino de la comunidad. Cientos de madres no tienen la  custodia de sus hijos porque están muertas. Decenas de hijos no son de las madres porque sus padres los mataron en un proceso de divorcio.

Los hijos no son de las madres, ¡pero la comunidad puede hacer tantas cosas por las madres! No hay forma más eficaz si se quiere ayudar a un menor que haciéndole la vida más fácil a su madre.

Sí, podemos hacer mucho por las madres, desde bancos de tiempo, desde las asociaciones de ayuda establecidas, desde asociaciones que se pueden crear con determinado fin. Por ejemplo, reclamando el derecho a que las madres sean escuchadas en los tribunales de justicia sobre temas de la maternidad.

Como ocurre con el aborto, sobre la maternidad hablan los hombres, son escuchados ellos en los tribunales. Son atendidas con prioridad peticiones relativas a “derechos de los padres sobre sus hijos” en lugar de escuchar a las madres, que por descontado no reclaman derechos sobre ellos sino que relatarán la serie de obligaciones y responsabilidades que tienen contraídas con ellos.

Los hijos no son de las madres, sino de la comunidad. Y la comunidad tiene una deuda histórica con ellas. Abramos caminos para que en política esa deuda sea debidamente pagada.

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