Libertad, decisión y soberanía

Las tres palabras del título de este artículo las estoy escuchando mucho en los últimos meses. Libertad, decisión y soberanía. Ahora bien, estos señores tan altisonantes que las pronuncian una y otra vez, ¿realmente saben lo que significan?

Llevamos ya mucho tiempo con el cacareado derecho a decidir de los catalanes. Unos porque los pueblos tienen que tener esa potestad y otros porque dicen que la Constitución Española no permite tal cosa. En definitiva, la casa sin barrer.

Al final, lo único cierto en el canal de comunicación entre Madrid y Barcelona es que se está creando un clima insostenible. Unos, desde la ciudad costera, por el órdago que han lanzado y del que ya no se pueden retractar. Han incendiado la calle y no hay vuelta atrás. Además, así tapan su falta de programa y su gobierno pírrico de gasto desenfrenado y bono basura. Los centristas no quieren escuchar y se amparan en una constitución obsoleta que sí son capaces de cambiar cuando lo pide Europa, pero no si lo hace Cataluña.

Mientras tanto, a todos se les llena la boca con palabras como la libertad de los pueblos, el derecho a decidir de la gente y la soberanía nacional.

Y yo me pregunto, ¿qué libertad? ¿La de permitir que te gobiernen gente ávida de poder? Personalmente, me da igual que lo hagan desde Madrid que desde Barcelona o Murcia. Si Cataluña se independiza, no obtendrá la libertad de un pueblo que se quita el yugo centralista del Gobierno español. Solo hará un cambio de cromos. Malos políticos españoles por malos políticos catalanes.

El derecho a decidir de los pueblos es otro aspecto que me hace llorar tanto como reír. ¿Qué derecho es ese? Decidir si quiero que me gobiernen desde Madrid o desde Barcelona. ¿Que va a cambiar? ¿De repente Mas y Junqueras van a ser buenos políticos y gobernantes? ¿Qué vamos a decidir exactamente? ¿Si queremos ser libres? ¿Libres de qué? ¿De una fiscalidad vergonzosa? ¿De un régimen que maltrata a los débiles? Si me dan ese derecho a decidir, que se cambie la Constitución YA. Si es para elegir si me gobiernan mal desde Madrid o Barcelona, personalmente me da igual. Que se vayan todos al carajo.

Otro aspecto vergonzante es el de la soberanía nacional. Usar la educación de los niños y tergiversar la historia para buscar la independencia de Cataluña o la unidad del estado español me parece bochornoso. En la Edad Media se tenía una concepción de los territorios totalmente patriarcales. Los señores feudales las partían y dejaban en herencia a sus hijos. Hoy en día, esta concepción ha cambiado, pero eso no da derecho a corromper la memoria histórica en pro de unas ideas políticas de señores con ambiciones desmedidas.

Aquí todo es arreglable. Nada inmutable. Fronteras incluídas. Al fin y al cabo, no les costó tanto repartirse África y dividirla en estados que no tienen ni pies ni cabeza sin hacer el más mínimo gesto a sus etnias, razas, tradiciones, costumbres y territorios. Tampoco será tan dificil que nos pongamos de acuerdo, pienso yo.

Así pues, creo que ya está bien de tanta estupidez. Voy a decir yo también una idiotez de despedida: Que “decidan” ya de una vez la “soberanía” que desean tener en “libertad” bajo fianza los pueblos de España, una grande y libre. ¿Veis? Si nos ponemos a decir palabras altisonantes que parece que tienen mucho contenido aunque estén vacías y esconden ambición desmedida, todos somos capaces. Pero por favor, que hagan ya lo que sea y que nos dejen en paz de una vez.

No hay comentarios

Dejar respuesta