Legado

Herencia de los que se han ido.

Instrucciones de vida para los que continuamos.

¿Qué te dejaron tus padres?

Una casa, unas tierras, una cuenta bancaria nada despreciable.

Pero, de verdad que recuerdas ¿qué te dejaron?

Hace tanto que no oyes el sonido de su voz que olvidaste sus palabras.

Hace tanto que el roce de sus mejillas no toca tus labios y que ni siquiera percibes su olor.

Y vuelvo a preguntar ¿qué te dejaron?

Queda en ti su huella en tu genética, pero también está en tu recuerdo.

Ella me dio la vida y  guió en la adolescencia hacia el camino de la madurez. Y cuando me equivoque estuvo allí, para reprimirme, para aconsejarme.

Parecen palabras repetidas por otros antes, pero son tan reales y se refieren a hechos tan comunes de las madres, que damos por hecho que es su obligación.

En la niñez, son tu mundo, y necesarias como el oxígeno que respiramos,  y nos ayudan aunque alcancemos la madurez, hasta convertirnos en otras madres y empezar un nuevo ciclo.

Sufren cuando tú lo haces, y en los desacuerdos  sus reproches que aparentemente te apartan de ellas, pero con el tiempo reconocemos que sus leyes tú también las aplicarás a tus hijos, por lo que siempre sabemos que su razón es la verdad y que el cariño  y el respeto el camino.

Y pasa el tiempo y el rol de cuidadora se convierte en el de ser cuidada, y descubres en su vulnerabilidad  tu ternura, y en su mirada su aprobación, y en esa etapa te vuelve a dar una gran lección que te hace enriquecerte como persona. Mueven de nuevo tu mundo. Que grandes momentos nos enseñan.

Por eso, después de su último suspiro de vida  en tu presencia y verla marchar en paz, te das cuenta al cabo del tiempo qué grandeza hubo en todo lo que de ella recibiste.

Y a él le toco ser padre en una época donde se necesitaban dos trabajos para poder mantener a su familia, donde las esposas se quedaban en casa  cuidando a los hijos y ellos, cansados en la noche, poco disfrutaban de sus juegos y sus preguntas. Ellas eran las que los mantenían al día de sus vivencias.

Por eso fue un excelente abuelo, donde volcó todos sus abrazos ahorrados y sus juegos no olvidados. Él, que marcho poco antes en el tiempo y que fue el “Belu” amado por  sus nietas, compañero  de juegos y cómplice de secretos.

No tuvo oportunidad de grandes estudios pero tenía lo más vital y necesario , esa grandeza que tienen las personas auténticas integras. Enseñanzas  con actos llenos de una sabiduría innata y desbordantes de cariño.

Jamás humilló, maltrató o insultó a nadie, ni a sus seres queridos, y nos enseñó la moralidad, empatía y solidaridad que los que le seguimos en el tiempo hemos aprendido.

Lo necesario para ser una persona íntegra con valores no lo aprendes en universidades ni másters en países al otro lado del gran charco, ni siquiera en puestos de trabajo en instituciones gubernamentales,  ni empresas multinacionales. Valores que nos acercan a las demás personas y nos hacen respetarlas a un mismo nivel sin olvidarlas y poder así poner en práctica esas enseñanzas cuando algunos consiguen estar en lugares de poder sobre los demás, y donde de ellos depende la seguridad, la sanidad, el trabajo para su manutención, la jubilación, etc. etc.

También él me enseño y me inició en lo que sería más tarde mi ideología política, la que adquieres conforme vas formando parte de esta sociedad que nos envuelve.

Grandeza  de las que dejan una marcada huella, heredada de padres que tuvieron que lidiar con las carencias de una guerra que separó este país y lo llenó de horror.

Sus ojos azul grisáceo, su mirada perdida en su última etapa, sólo son el envoltorio de lo que perdura en el recuerdo de lo que jamás se va, del legado heredado por el que te amamos todavía, para siempre.

Por eso, observando la foto de ambos que tiene un lugar especial en mi casa, percibo a través de sus miradas su mensaje hoy todavía actual, y que espero merecer para trasladar a los que han nacido después y que también les inculco como una frase que no me canso de repetirles (no hagas a otra persona lo que no te gustaría que te hicieran a ti).

No hace mucho me dijeron que esta es una de las  enseñanzas para no tener un mal karma, yo lo único que sé es que mi herencia es su guía de comportamiento, de lo que ellos me inculcaron, desde su humildad, desde su gran humanidad, desde el legado heredado de los que vivieron antes que ellos.

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