Las relaciones sociales

Llevo dos semanas viajando en el tren: misma hora, mismas personas. A veces hago el esfuerzo de no saludar, no toca. Un espacio compartido en el que no existe ninguna interacción.


Existen espacios en los que saludar es casi una imposición: una sala de espera, el gimnasio


La sociedad tiene sus normas, cómo debemos comportarnos según la situación.

Existen espacios en los que saludar es casi una imposición: una sala de espera, el gimnasio… da igual si conoces a esas personas o no, puede que te resulten familiares o no, pero en cualquier caso hay que saludar, en las salas de espera médica es incluso aceptable iniciar una conversación con un desconocido, al fin y al cabo hay algo que os une: tenéis un problema médico, por tanto, al encontraros en una situación similar se genera cierta proximidad y reconocimiento del otro, hablar de hemorroides con un desconocido solo está socialmente aceptado en la consulta médica, sino dejadlo para los más íntimos o como ya avisaba el anuncio sufridlas en silencio.

Sin embargo, el tren, el autobús son distintos.

En el tren nadie se saluda, puedes llevar cinco años viendo a las mismas personas pero no es apropiado saludarlas, lo normal es evitar el contacto visual, en caso de estar de pie el truco es mirar con detenimiento la puerta o el cogote del vecino, pero no a la cara, al ser animales sociales el hecho de reconocer a alguien y no saludarlo nos crea disonancia y es por ello que no solemos mirar al rostro cuando viajamos en tren todos los días a la misma hora.


El tren es el preámbulo de lo que significa vivir o trabajar en una urbe


Por supuesto, queda descartada cualquier tipo de conversación que no sea pedir disculpas por un pisotón o un empujón propiciados por el hacinamiento o el frenazo brusco, no os atreváis a intentar algo más, las reacciones que os podríais encontrar probablemente irían desde: coger fuertemente el bolso, fingir una llamada inexistente en el móvil, parecer sordo o incluso en los casos más graves fingir un ictus, no lo intentéis, calladitos estáis más guapos.

El tren es el preámbulo de lo que significa vivir o trabajar en una urbe: la polaridad entre la masificación y la individualidad, la soledad comunitaria, soledad en compañía de otros, cada uno con la suya, sin compartirla, porque dejaría de ser soledad. Espacios donde las normas sociales nos dictan practicar el autismo social.


Los vagones de trenes se han convertido en un espacio en el que los que van sentados juguetean con su móvil o tablet, leen un libro, de los de papel, sí todavía existen, o escuchan música.


Trenes que nos conducen hacia lugares en los que sí será adecuado desplegar todos nuestros encantos de comunicación e interacción social: sí en el destino, no en el camino, recordadlo.

Los vagones de trenes se han convertido en un espacio en el que los que van sentados juguetean con su móvil o tablet, leen un libro, de los de papel, sí todavía existen, o escuchan música.

Algunas personas pierden dos horas diarias en sus viaje hacia el trabajo y el regreso, sería lógico y entretenido para muchos poder hablar con un compañero de viaje al que tiene visto hasta la saciedad, quizás incluso algunos llegarían de mejor humor a casa, una conversación amable y trivial después de un día duro puede servir para relajar tensiones ¿lógico?


ahora pensad en facebook, casi todos tenemos agregado a alguien que no conocemos, que nos suena, que es amigo de alguien, aun así colgamos fotos de fiestas, de vacaciones que probablemente terminarán siendo vistas por personas que no conocemos o que nos suenan de algo sin más.


Quizás un poco más que hablar con un completo desconocido de tus hemorroides, pero no es la norma. Los seres humanos no siempre, algunas veces, casi nunca, somos lógicos. Imaginaros esta situación: una desconocida se sienta al lado en el tren, la conocéis de vista, ella os saluda y seguidamente os enseña las fotos de la fiesta de cumpleaños de su prima la de Cuenca, que es sobrina de un señor que tampoco conocéis que se sienta en otro vagón y que a su primo lo operaron de varices, foto que os enseña también, ¿una locura verdad?

De acuerdo, ahora pensad en facebook, casi todos tenemos agregado a alguien que no conocemos, que nos suena, que es amigo de alguien, aun así colgamos fotos de fiestas, de vacaciones que probablemente terminarán siendo vistas por personas que no conocemos o que nos suenan de algo sin más.

Mostrarse abierto en las redes sociales incluso con extraños, sí, hacerlo en lugares como el metro, autobuses o trenes, no ¿por qué?


nos relacionamos cuando queremos, nos basta con dar un solo clic para interactuar con el otro sin el esfuerzo de una conversación, puede parecer extraño, lo sé, pero las redes nos permiten elegir el momento y la duración de la relación con el otro


Como socióloga podría atribuirlo al miedo al desconocido, a la importancia de mantener una zona de confort, a la necesidad de anonimato, etc, pero en realidad aunque no es más que una teoría creo que la razón está en la comodidad, a veces las relaciones con los de nuestra especie nos resultan agotadoras, incómodas, ahí reside el éxito de las redes sociales: nos relacionamos cuando queremos, nos basta con dar un solo clic para interactuar con el otro sin el esfuerzo de una conversación, puede parecer extraño, lo sé, pero las redes nos permiten elegir el momento y la duración de la relación con el otro, en la vida real no podemos levantar el pulgar a nuestro interlocutor y dar por acabada la conversación y a otra cosa.

Así somos nosotros los humanos, raros, alguno más, otros menos, pero raros e incoherentes.

No os quiero aburrir mis queridos extraterrestres con más información, en la próxima sesión hablaremos del fútbol.

Por favor, traed lápiz y papel, hay mucho que apuntar, y recordad no le busquéis la lógica, está sobrevalorada.

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