Las peras del olmo Disparen al pianista. David Goodis

David  Goodis fue periodista, escritor, agente de publicidad, guionista para aventuras de radio ( Superman entre ellas), y guionista de cine (su principal hito fue quizá Dark PassageLa senda tenebrosa en español- del director Delmer Daves , con Humphrey Bogart y Lauren Bacall como actores principales, actualmente considerada uno de los clásicos en el género del cine negro).

Goodis fue un artesano de la palabra que llegó  a escupir  hasta 10.000 palabras diarias. De hecho, cuenta la leyenda, en cinco años y medio llegó a los cinco millones de palabras para las revistas pulp. Vamos, que hoy se dedicaría a escribir artículos a destajo a 50 centavos, en el mejor de los casos, cada 300 palabras para páginas de Internet y pago por Pay pal.

Su novela Down There (1956) fue rebautizada con título Disparen sobre el pianista(1960).y François Truffaut la trasladó al cine. En 1963, el canal de televisión ABC empezó a emitir el programa de televisión The Fugitive, la historia de Richard Kimble, aquel doctor  injustamente juzgado de asesinar a su esposa que se pasa la vida huyendo mientras en sus escasos ratos libres buscaba al “hombre de un brazo”, tipo que él creía verdadero asesino de su cónyuge.

Goodis indicó que The Fugitive estaba basado en su novela Dark Passage. En 1965, demandó a United Artists-TV y a ABC por 500.000 dólares, alegando haber infringido el copyright. En 1972, la defensa de Goodis acordó que el caso ya sólo era una molestia, y aceptaron 12.000 dólares para cerrar el caso. El pobre Goodis había muerto en  1967, la noche después de Reyes, de un infarto  cerebral probablemente producido por las secuelas de una paliza que recibió unos días antes al resistirse mientras era robado…

 En fin, que como dicen los gitanos que tengas pleitos y que lo ganes. A pesar de la diferencia significativa entre la primera reclamación y el acuerdo final, el caso marcó un hito los en derechos de propiedad intelectual y  derechos de autor.

Disparen sobre el pianista es la historia de antihéroes sin estridencias, luchadores silenciosos a los que se le acumulan las desgracias propias y ajenas. Personajes anclados en el pasado, que en el mejor de los casos aspiran al alivio y ni se plantean ser felices.

Eddie llegó a tocar en el Carnegie Hall, pero el destino se le torció para acabar tocando en tugurios de mala muerte. Pero Eddie no es de los que se quejan. Con su ropa de aspecto impreciso, soltero, sin coche, ni deudas ni obligaciones sólo aspira, y no es poco, a no tener complicaciones.

Aunque se le acumulen demasiadas desgracias juntas, el pasado siempre vuelva, no se sepa quién gana en una pelea entre perdedores, o su lema sea: Yo nací, eso es todo… Eddie es un luchador sabe que asume que hay  que levantarse y seguir corriendo. Parece, y puede que sea cierto, que no le importa lo que sucede alrededor, pero su antena, quizá mal sintonizada, funciona perfectamente. Tampoco deberíamos juzgar cuando vivimos en una época, en la que la mayoría nos limitamos a  sintonizar música y deportes porque sólo podemos soportar lo sencillo y tolerar comentarios suaves que nos hacen sonreír y tomarnos la vida a la ligera.

Goodis es un tipo sin hogar para quien su hogar es un escondrijo. Sabe que lo se hizo ayer sigue formando parte de lo que se hace luego. Sus hermanos le preguntaron un día: ¿Qué recompensa tuviste por jugar limpio, cuánto te pagaron en la ventanilla del cajero? Pero incluso cuando a su alrededor no hay más que niebla roja y parece que todo se ha acabado le quedan fuerzas para aguzar el oído y distinguir las notas de ese tipo que toca tan bien, ese que cuando abre los ojos le sorprende tocando con sus manos.

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