La tierra sin política
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Tal como nos recordara el antropólogo cultural Girala Yampey, los primeros habitantes de estas tierras las hicieron suyas en busca de su realización mística-religiosa, habiendo creído hallar la tierra sin mal. Los conquistadores, a su llegada, trajeron consigo también lo filosófico, tal como lo seguimos entendiendo, más allá o más acá de lo académico. Con esto queremos decir, que hubo de arribar también, entre tantas cosas, entre los barcos, Aristóteles, o su obra y pensamiento. El desembarco del concepto de lo Aristotélico, trajo consigo la política. Este concepto, se origina en un texto suyo con tal nombre, que al ser traducido del griego al latín, para luego ser extendido en las incipientes universidades del medioevo, construye en esa dinámica, el afamado término “democracia” que sería usado, cómo en nuestros días, para definir un modo político ante la comunidad, cuando en verdad fue usado por tal autor, para señalar el desvió o la corrupción de un modo de organizar a la comunidad (la política). Esta introducción es insorteable, sí es que queremos, hablar seriamente de los fenómenos políticos de la actualidad. Sea tanto de la constituyente venezolana o la elección municipal en el paraje menos habitado de cualquiera de nuestros países que se precian de democráticos.

Sí siguiésemos con los autores que edificaron las constituciones conceptuales de lo político, no podríamos dejar de mencionar a Locke, sobre todo, cuando establece que el poder legislativo es el poder político máximo o por excelencia, preanunciando lo que luego, fortalecería Madison, en razón de la lógica de la representatividad y su importancia capital en el devenir de lo político tal como lo entendemos en la actualidad.

De no haber existido los nombrados como tantos otros teóricos de lo político, no tendríamos por ejemplo, o no seguiríamos teniendo, Senadores, que independientemente de sus nombres y partidos, sabemos que no serán tan fácilmente recordados, como sí lo son quienes pensaron o piensan en sus funciones conceptuales o políticas.

No se trata de cuanto gastemos, del erario público, por sostener los servicios, políticos-representativos de un senador determinado. Que hace con la que le pertenece, sí es mucha o poca, o tal como circula desde hace tiempo, un proyecto, para que cobre como un docente. De lo que se trata, es que cuando nos refiramos a lo político o a la política, lo hagamos desde un lugar en donde seamos respetuosos, de quiénes se dedican a ella.

“El poder público no es, pues, sino la emanación activa, energética de la opinión pública, en la cual flotan todos los demás usos o vigencias que de ella se nutren. Y la forma, el más o el menos de  violencia con que el poder público actúa, depende de la mayor o menor importancia que la opinión pública atribuya a los abusos o desviaciones del uso. En buena porción de pueblos africanos actuales de lengua Bantú la palabra con que se dice “crimen” significa: cosas odiosas a la tribu, es decir contra la opinión pública”. (Ortega y Gasset, J. En tiempos de la sociedad de Masas. Taurus. 2014. Buenos Aires. Pág. 175).

El caso paradigmático es Venezuela, país al que todos miramos, y desde el que ya nadie pretende mostrar una suerte de proximidad con aquel oficialismo gobernante. En el tren de la conveniencia y por sobre los cadáveres de los venezolanos, se prenden discursos de toda índole que lo único que hacen es confundir a la política, de enredarla en un estado de desorganización en sentido contrario al sentido de su definición.

En Venezuela está ocurriendo algo muy distinto a lo que pudo leerse como la cuestión populista (y no haremos ningún juicio de valor de esta perspectiva política en este artículo) progresista o socialista del siglo XXI.

En Venezuela, desde hace varias elecciones a esta última planteada, lo que está ocurriendo, puede ser, incluso, mucho más digno a ser imitado, continuado o reescrito desde una perspectiva que vaya de lo práctico a lo teórico.

Venezuela, o mejor dicho, la oposición política, o quiénes no están de acuerdo con el oficialismo, vienen planteando, una clara, prístina y contundente, respuesta política; El rechazo, sistemático, explícito y determinado a las reglas de juego instauradas.

Es decir, no se trata que desde la política o los políticos, por más extraño que suene, se hable en contra de los partidos políticos, y por ello, a favor de los ciudadanos; esta burrada, sólo contribuye a mayor confusión, mayor quietismo, inercia y cuando no complicidad con el acabose de lo dado, mucho menos de declarar, hasta el hartazgo, emergencias vanas, mediante firmas o el regalo u otorgamiento de comida, con la excusa humanitaria de paliar el hambre, como sí el tiempo viviese una dinámica de lo electoral permanente, en donde la comida se entrega a cambio del voto.

Lo único que puede mejorar la política, es el camino que está tomando la oposición venezolana. Insistimos, independientemente de que les asista la razón o el favor político de las mayorías, en lo que estamos de acuerdo es en que sí algo va a cambiar en la política, es mediante el rechazo a las reglas de juego que siempre benefician a los mismos.

Imagine, por un instante, las tierras políticas de cualquier Senador (que forme parte del poder, es decir que sea oficialista u opositor) que está en el mismo por un período menor en tiempo que el chavismo en Venezuela, sí es que en tal lugar, en vez de que exista la oposición que existe, existiese una como la venezolana, las elecciones a lo que fuere, que tienen desde hace tiempo, sea un candidato oficial como obvio ganador, o en su defecto un opositor consensuado, que por supuesta sorpresa, se hiciese del poder, para en verdad no cambiar nada de las reglas de juego instituidas,  tuviera líderes opositores que declaren que no irán a la elección señalada ni a ninguna otra por considerarla nula, viciada de contaminante antidemocráticos (falta de democracia interna) denunciaran esto mismo a nivel internacional, con pruebas a raudales, sea denuncias de fraude, prácticas clientelares y demás aspectos obvios y abusivos que se dan en cualquier sitio tercermundista que se precie de democrático, los resultados serían obviamente distintos; básicamente porque no se perseguiría un resultado numérico, tal como tramposamente el sistema impone en una supuesta democracia que así sea (el que más vote tenga  o saque por sobre otros) sino algo mucho más importante, una victoria política y radical.

Venezuela queda muy lejos,  para el oficialismo que viene perdiendo el apoyo de sus más adictos, como de los opositores (o los que no están en el poder) que por estas razones de fuerza mayor nos están mostrando una salida a nuestras conflictividades democráticas.

Es más fácil señalar la distancia con el oficialismo Venezolano, hacer de ella un canto a la libertad y las buenas costumbres políticas, es más complejo, sin embargo, comprender  a los opositores, seguir sus pasos, por más que sean los correctos y adecuados, para que tengamos no sólo una Venezuela mejor, sino un mundo donde quepan la mayor cantidad de mundos posibles.

“Los Ciudadanos votan, nombran a los magistrados con mando supremo, participan en las elecciones y en la votación de las leyes, pero dan lo que ha de darse aunque no quieran, y dan a quien se lo pide lo que ellos mismos no tienen; porque están apartados del mando, del gobierno público, del juicio y de poder ser elegidos, pues esto depende del abolengo y de las fortunas de las familias” (Cicerón, M.C. Sobre la República. Madrid. Gredos. 1991. I 54).

https://filopolitica.wordpress.com/2017/07/29/la-tierra-sin-politica/

Francisco Tomás González Cabañas

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