La subjetividad del arte

Hoy voy a tocar un tema que me asusta solo de las posibles consecuencias de compartir mi opinión con el gran público. Pero qué queréis que os diga… lo considero necesario.

Voy a hablar con pinceladas y pequeños matices, acerca de ese sentimiento, de ese método de expresión, de esa vía para que nuestros sentimientos fluyan desde el mundo de lo intangible y tomen aspecto corpóreo. Os estoy hablando del arte de la pintura. A lo largo de la historia, el arte de la pintura ha sido la forma más usual por parte del ser humano de dejar grabada su huella para la posteridad. Desde los grabados de animales en las cuevas hasta inmensos museos plagados de cuadros, esculturas, exposiciones interactivas y demás lindezas artísticas.

En la variedad está el gusto, eso es innegable. Así es como a lo largo de la historia, el ser humano ha cultivado diversos movimientos artísticos relacionados con el mundo de los pintores que han marcado épocas y estilos que con el paso de los años, han sido y siguen siendo objeto de estudio por las generaciones venideras de artistas en potencia e historiadores de arte. Pero no busco escribir sobre algo que podéis consultar en cualquier biblioteca o en internet mismo. No. Yo quiero hablaros sobre mi punto de vista acerca del constante desvío a la deriva de los artistas de hoy día.

Recientemente, en el museo Guggenheim de Bilbao, el afamado Jeff Koons, creador del conocido Puppy, se dejó caer por la capital bizkaína y realizar una de sus múltiples exposiciones. Quizás alguno de vosotros, al igual que yo, se sintió insultado visualmente hablando al comprobar que este buen señor, al que la ciudad de Bilbao tanto le debe por su gran perro de flores; llenó el museo con una serie de… de… “cosas”, no me atrevo a llamarlas esculturas, de gran tamaño y materiales brillantes. La originalidad es una cualidad que se desgasta con facilidad. Ya existe y sigue existiendo un perro de siete metros de alto hecho de flores como tarjeta de visita del museo en sí… ¿era necesario llenarlo por dentro de esas “cosas” brillantes sin sentido alguno?

Sé de buena mano que me llevaré muchos palos en las costillas por esta crítica a los artistas de hoy día.

En una zona cercana a la que vivo, puedes encontrar la playa de Ereaga en Getxo y junto a esta, se halla una edificación majestuosa llamada Galería de Punta Begoña. Un lugar asombroso por su tamaño y las finas líneas de sus arquitectura… un edificio que se ha convertido en santo y seña de la zona en cuestión y que atrae a propios y extraños. Más aún con la reciente, y tardía, rehabilitación del edificio que el ayuntamiento de Getxo ha autorizado. El caso, que me voy por las ramas, es que recuerdo con claridad que de niño, varios artistas, estudiantes de bellas artes… se instalaban en las cercanías a dicho edificio con sus cuadernos de DinA3 o similares y a pulso, dibujaban la fachada de ese pintoresco edificio y los que menos, le daban colores que lograban captar la esencia y cautivar las mentes y corazones de los viandantes curiosos, que se detenían alrededor de los artistas. Artistas que levantaban aplausos, comentarios positivos acerca de su talento… para mí, en esa época y hoy día, eso, era arte.

¿Y qué tenemos hoy día? Pues Jeff Koons, Yoko-Ono, Andy Warhol… y un largo etcétera de “artistas” que copan las planas de aquí y de allá por lo, para mi gusto, aberrante de sus obras. Obras que son aclamadas por doquier… pero, ¿bajo qué criterio? ¿El talento? ¿La expectación que levanta? ¿El ego del autor? ¿O es más bien que el amplio elenco de fraudulentos artistas modernistas se auto protegen como en la ley de la mafia siciliana, omertá, para que así el boca a boca conspire en nuestras mentes durante nuestras etapas de receso en brazos de Morfeo y así lograr cautivarnos, sin saber muy bien por qué?

Me gustaría que el gran público, me sacase de dudas.

¿Dónde está el talento en lienzos de cuatro por cuatro completamente en blanco? ¿O en construcciones de más de seis metros (realizadas en un taller por una tropa de groupies artísticos que envalentonados por la presencia de ese ídolo que tienen en común, sienten que aquello que hacen vale realmente algo) hechas de chatarra (sí, sí… pura y dura chatarra) sin forma ni sentido alguno? ¿Dónde está el talento en desbrozar hectáreas de árboles para construir seres abstractos de madera que posteriormente son bautizados con nombres estrambóticos y sacados de la terminología de Friederich Nietzsche o similares?

¿Soy al único al que se le atraganta una “obra maestra” de la “eminencia artística” tal o cuál? Yo diría que no. Pero, como en todo, hay diversidad de opiniones. Pero dentro del escueto grupo social que tengo, no conozco a nadie que se sienta mínimamente atraído por las faraónicas obras de arte de los grandes artistas y visionarios que padecen un síndrome creativo de Dalí, y sin embargo, más de uno (me incluyo en este grupo) nos hemos detenido más de de una vez a apreciar el talento y buen hacer de artistas callejeros. Desde dibujantes, a mano alzada, hasta grafiteros, que son catalogados como vándalos y anarquistas por unos cuantos y que sin embargo, logran generar auténticas bellezas.

Con esto, solo logro sacar una enseñanza. El arte, (no es morirse de frío, ateneos de realizar chistes fáciles) es una visión muy personal y subjetiva que aunque sea patrimonio de todos, ya que los expones al escrutinio público; siempre se queda un pedacito de esa obra comunitaria en nuestro interior y que nos hace juzgar positivamente y reconocer el talento de la mano creadora. Pero, matiz muy importante, no podemos tener como base a tener en cuenta; la opinión del círculo vicioso de aquellos que de antemano y sin meditarlo mínimamente, apoyan al artista de manera incondicional. Para una madre, su hijo, siempre va a ser el más guapo del mundo.

Aquí es lo mismo, para los groupies de turno, el artista X, siempre va a ser el mejor aunque su obra tienda a ser catalogada, de manera escatológica, como una auténtica mierda. Tengamos pues, la conciencia tranquila y las ideas claras a la hora juzgar una obra de arte tal como un cuadro o una escultura, pero no nos dejemos influenciar por aquellos que viven de ello. Reconocer por vosotros mismos el talento… es casi como el amor a primera vista; si lo encuentras en plena calle, quedarás prendado de él/ella sin importar quién sea, de dónde venga o qué haya hecho en su pasado.

Aprendamos pues, a ver con los ojos de ver y a oír con las orejas de oír para así apreciar de manera objetiva, lo que los artistas de medio mundo, nos quieren mostrar.

1 Comentario

  1. Desgraciadamente el arte junto a otras artes como la literatura, cine o la musica se ha convertdio en un producto de consumo y valorado segun el criterio de quién ha invertido en encunbrante al éxito. Invertir en un producto para generar beneficios, más de lo mismo en esta sociedad con valores éticos distorsionados

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