La responsabilidad indelegable por los actos de gobernar
Fuente: http://www.huffingtonpost.es/

El Parlamento es el foro en el que está representada la voluntad popular. No se llega a él con las cartas marcadas. Si se ha expuesto por todos los medios posibles que el PP ha “ganado las elecciones”, lo cual es una falacia en términos de una democracia parlamentaria, el presidente en funciones no se puede sentir libre de ir a esa institución a proponer un Plan de Gobierno, no sólo a los representantes ciudadanos, también al conjunto de españoles. Elude su responsabilidad. El plasma fue la metáfora de su gobierno.

La única respuesta es que no tiene un Plan, sólo desea retener el Poder. Además, su acto, deja en evidencia la posible inutilidad de la figura del Jefe del Estado, es decir el Rey. Su decisión es una falta de respeto a las normas, apelando a la justificación de los malos jugadores.

El mandato de formar gobierno no se delega. La ignorancia de la situación procesal de sus “investigados”, no exime al señor Mariano Rajoy de sus responsabilidades. Sus constantes justificaciones, ponen a España en el sitial internacional de la vergüenza.

El Principio de Responsabilidad enuncia que toda posición dentro de una organización, de cualquier tipo, lleva consigo un conjunto de obligaciones. La Responsabilidad no se delega. Las obligaciones propias no se delegan. Entre ellas, se encuentran la de formar gobierno, dejación expresa. Otra, la función de control, básica para verificar que no se produzcan desviaciones presupuestarias, notoriamente incumplida en casi todos los ejercicios de esta triste legislatura. La planificación es otra, si se diseña un tipo de plan denominado presupuesto, inadecuadamente a sabiendas, estaríamos en presencia de un acto reprobable. Mucho más grave sería comprobar que se carece de un Plan General de Gobierno, más allá de ese conjunto de medidas que satisfacen a la Troika.

La banalización del pretexto de “las armas de destrucción masiva”, no evita tampoco que el señor José María Aznar resuelva sus responsabilidades por las victimas ocasionadas por aquella infausta decisión. Tampoco la floreciente corrupción que siguió desarrollándose bajo su mandato como presidente del PP y del gobierno. Ni tampoco lo fue la miopía de Rodríguez Zapatero, al no actuar para amortiguar la llegada de la crisis.

La palabra responsabilidad tiene su origen en la latina “responsum”, es un sustantivo abstracto que deriva del verbo responder, en latín “respondere”, que implica hacerse cargo, contestar. Obviamente, en las entrevistas y en los juzgados, nadie “responde” por el despropósito de que se trate. No saben, no recuerdan…

Más exactamente, podemos determinar que una persona que se caracteriza por su responsabilidad, es aquella que tiene la virtud no sólo de tomar una serie de decisiones de manera consciente, sino también de asumir las consecuencias que tengan las citadas decisiones, y de responder de las mismas, ante quien corresponda. en cada momento.

Pero, resulta que no parece haberse informado adecuadamente a los cargos públicos, parapetados tras sus fueros y el pacto implícito de las estructuras partidarias. Sus retiros dorados y suculentas retribuciones parecieran no tener que ver con dichas funciones. Ni con la responsabilidad.

Los ciudadanos honestos reciben mensajes confusos que procuran explicar lo inexplicable. Que la incompetencia con resultados dolosos para los recursos públicos no tiene “responsables”, es la tónica.

Muchos de esos responsables han amasado enormes patrimonios que ahora parecen ser merito de una exitosa actividad profesional, o se diluyen en sociedades domiciliadas en paraísos fiscales, o en familiares con sorprendentes habilidades bursátiles. En tanto, otros pagamos por sus actuaciones en principio inapropiadas.

Solamente algún individuo aislado sirve de chivo expiatorio, para calmar las iras de la población. Así, se llenan las mediocres pseudotertulias, que repiten cansinamente programa tras programa, los mismos argumentos en pro o en contra de la cuestión tratada. En ellas, se expone de una manera vergonzosa, con un ausente rigor conceptual o veraz, una serie de falsos conceptos que justifican a unos y a otros.

Gobernar es un acto destinado a estadistas. A personas con valor y grandeza, que sepan asumir las obligaciones para las que fueron elegidos. Sólo así, estas gentes, podrán conducir los destinos de la comunidad de ciudadanos hacia el progreso. En él, no basta la cantidad, cuenta la calidad, de vida y condiciones de sus habitantes.

Sin embargo, lo habitual, lamentablemente, lo podemos apreciar por el estado de cosas en el que estamos. El acuerdo de Rivera con Rajoy es una parodia del marketing político. Procuran que la sesión de investidura se produzca antes de que se den a conocer las sentencias de la primera parte del Caso Gürtel. Un movimiento táctico. Como todos los que desean encubrir la corrupción estructural que pareciera apuntar al PP como organización. De allí la protección a Rita Barberá. Amnistías fiscales incluídas.

El conjunto social tiene ahora más conciencia de sus “responsabilidades”. Está sintiendo que sus libertades están en juego. Pero, como afirmaba George Bernard Shaw “La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto.”

Usted, que me lee, ¿teme asumir las suyas? Porque este gobierno en funciones pretende evitarlas a toda costa.

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