La política entre la regeneración y la degeneración
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Los ciudadanos votaron mayoritariamente a favor de un cambio en los modos de la política. Inclusive en los discursos de todos los candidatos la regeneración era un término más que frecuente para establecer los límites de cada alternativa partidaria. El PP tiene un historial más que probado de conocimiento de cómo manejarse en estos escenarios de moral floja y discurso ambiguo. El “Tamayazo” o la cuestión de la policía al servicio del ministerio del Interior, son casos a recordar. No cabe duda de que el ejercicio amoral y perverso de los propósitos políticos haga válido ese cambio reclamado.

La presencia de Ciudadanos en la mesa del Congreso de Diputados, que no le correspondía, es el regalo que esa formación recibe del PP aunque sea a un alto precio. De igual modo, las huestes de la vieja Convergencia, sin tener derecho, reciben los apoyos suficientes para formar su grupo. Lo que le reporta beneficios económicos y presencia parlamentaria individual. Además del archivo de las causas abiertas que afectan al señor Artur Mas. Las coincidencias no son casuales en política.

La política entre la regeneración y la degeneración
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Rita Barberá y Pío García Escudero, según las instrucciones en marcha, son exponentes de la dinámica de los sobres de Barcenas y de la financiación irregular proveniente de la corrupción. Los casos de Blesa, Rato, Bárcenas y demás nombres destacados en materia de procesos por corrupción, están en vías de terminar prescriptos o archivados. Añadamos la gestión de Aquamed, que deja en evidencia otra monumental gestión bajo investigación, que puede llegar a niveles de comisariados europeos. Los responsables del Ministerio de Fomento implicados deben ser sometidos a una auditoría en profundidad.

Lo cierto es que, todos los que dejan de lado las disputas territoriales por el poder y el dinero, están de acuerdo en que Podemos pudo revisar la fiscalidad. Como ejemplo, tenemos que en los años 2014 y 2015, la plena recuperación de España según el relato oficial, el IRPF regresó al nivel anterior a la crisis. La recaudación alcanzó  más de 72.000 millones de euros anuales. En el caso del Impuesto de Sociedades sólo se recaudaron 18.713 y 20.649 millones, en cada año. Es decir, un 55% por debajo de la cifra de 2007 y menos de la tercera parte de lo que aportó en esos años el IRPF. Revisar esto supondría regenerar la gestión política de los recursos de todos. Esa fue la llamada a la cohesión frente a los Podemitas.

Recibieron presiones para mantener el statu quo. El lobby del empresariado no sólo consiguió estos años que la reforma laboral hiciese que los salarios se devaluasen, y las condiciones fuesen dramáticamente precarias, también que su contribución fiscal se rebajase. En ese trabajo están estos representantes políticos que han pactado.

Esto no es regeneración política ni económica. En definitiva, eso es lo que han votado los ciudadanos españoles. Porque, votar o haberse abstenido en estas cruciales elecciones, se han revelado como de unas directas consecuencias para la calidad de vida individual de cada español como nunca lo fue. Habrá que hacerse cargo si elegimos regeneración o degeneración.

¿No les parece?

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