La lección de humildad y señorío de Pablo Iglesias

En la noche de ayer, 4 de Octubre de 2014, Sábado, viví uno de los momentos más emocionantes en política en mis 32 años de vida con Pablo Iglesias.

Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que ha sido de los pocos días, sino el único, que un político me ha tentado a levantarme del sofá para aplaudirlo y vitorearlo como si fuera mi equipo de fútbol favorito.


hay que reconocer que el debate fue de un contenido intelectual abrumador


Es de las pocas veces, sino la única, que después de trabajar todo el día, un debate político, y en concreto el protagonista del mismo, evita que adopte una postura de decúbito supino en el sofá, y mantenga la concentración, la tensión y la atención en el mismo hasta su finalización, escuchando cada argumento y cada respuesta a preguntas con punta y afiladas, las cuales en muchas ocasiones no buscaban información, sino desestabilización hacia el entrevistado con la intención de dejarlo en evidencia.

A pesar de todo, hay que reconocer que el debate fue de un contenido intelectual abrumador, excepto por una persona presente que parece ser que no tiene sentido del ridículo, y que fue el hazmereir tanto en casa de todas las personas que lo presenciaron, como en el mismo plató de un programa, La sexta noche, que se caracteriza por tener un público que atiende a todos los argumentos sin mostrar en la mayoría de sus ocasiones la aprobación o disconformidad con el argumento planteado, y que aún así no pudo evitar dejar escapar más de una carcajada o risotada ante un personaje, que lejos de aportar algo al debate, lo manchó con sus bravuconadas y sus chorradas que poco tenían que ver con la realidad profesional e intelectual que se estaba viviendo en esos momentos.


Francisco Marhuenda hizo un acopio de “profesionalidad” y supo aportar su grano de arena a un debate electrizante.


Pero antes de hablar de este señor, quiero realizar un reconocimiento hacia otro personaje que no es santo de mi devoción, pero que ayer supo diferenciar entre lo que es un debate/entrevista serios y en condiciones, de lo que es el típico debate de comentaristas en el que cada uno suelta la suya, como si estuviéramos en el bar de debajo de casa con una caña en la mano.

Ayer, a pesar, repito, de no compartir ninguna de sus ideas ni mucho menos su frecuente tono de víctima e incomprendido por el mundo, ya que él dispone de la verdad absoluta, Francisco Marhuenda hizo un acopio de “profesionalidad” y supo aportar su grano de arena a un debate electrizante.

Supo mantener el tono, respetando al entrevistado a pesar de no compartir ninguno de sus ideales, y supo aportar preguntas importantes para que el evento que se estaba viviendo en esos momentos fuera del máximo interés para todos, y dando a Pablo Iglesias la oportunidad de explicar puntos e ideas de su programa que se podrían considerar polémicos, o como definen algunos círculos imposibles de realizar.

Desde que veo a este señor en televisión, ha sido la aparición más “objetiva”, profesional y pulcra que le conozco, debatiendo incluso en tono neutro y sin recurrir al argumento de padecimiento de enfermedad mental cuando las opiniones difieren de su verdad absoluta.


Lo del señor (por llamarlo de alguna manera) Inda, es algo que no supera ni una película de Berlanga o Almodóvar.


Por primera vez, y pensando que jamás lo haría (y sin que sirva de precedente), felicidades Francisco Marhuenda por su comportamiento de ayer.

Felicitar también a las dos periodistas que compartieron entrevista o debate con Francisco, a pesar de que no pudieran intervenir en exceso, debido a la pesadez del otro personaje que conformó este cuarteto, y que quizá habría aprovechado más el tiempo y conservado su dignidad si se hubiera ido a la cama. Lo del señor (por llamarlo de alguna manera) Inda, es algo que no supera ni una película de Berlanga o Almodovar.


El señor Inda pretendía ir de cazador, de león, intentar morder al señor Pablo Iglesias en la yugular, y fue mordido, cazado, y destrozado elegantemente por el señor Iglesias.


Lo que más me duele, es pensar la cantidad de buenos periodistas que hay, que escriben en esta página y que te dejan patidifusos con su dialéctica y su capacidad de escritura y redacción, y que no tienen trabajo, mientras este auténtico esperpento está donde está y cobra lo que cobra.

El señor Inda pretendía ir de cazador, de león, intentar morder al señor Pablo Iglesias en la yugular, y fue mordido, cazado, y destrozado elegantemente por el señor Iglesias. Sus insistentes argumentos obsoletos, el tema del terrorismo, el tema de la tuerka (mire, yo se lo explico, es un programa en el que la gente colabora de manera altruísta, ya que hay mucho buen periodista que quiere hacer cosas por ética y por moral, cosas de las que usted carece, y porque les gusta su profesión, la aman, y se dedican a ello) y las constantes tergiversaciones de la realidad, de las frases del señor Iglesias, manipulaciones en vivo y en directo, son una muestra más de la clase de persona que es este señor, y de la clase de periodismo que realiza.

Oiga, que no somos idiotas, y los que estábamos viendo ayer La sexta noche, presenciamos como manipulaba absolutamente todo, incluso pataleando como un niño pequeño con su ridícula sonrisa cuando ya no sabía como salir del fango en el que se iba metiendo.

Sus constantes juicios de valor, son lamentables, y lo que no se da cuenta es que la gente sí se da cuenta de hasta que punto es capaz de llegar usted.


Una persona, que es tan simple, que hizo reír al público en diversas ocasiones. Planteéselo, sr Inda cuando el momento es tan importante, tan vital y tan intelectual por parte de todos los que allí estaban presentes.


Toda acusación fue refutada con DATOS por parte de Pablo Iglesias, algo de lo que usted carece fuera de su imaginación, y los argumentos repetitivos y cansinos no le aportan más credibilidad, sino que son una muestra más de su incompetencia y simpleza.

Fue rebatido, puesto en evidencia, humillado a nivel intelectual, porque usted no llega a la suela de los zapatos de nadie que esté mínimamente preparado, y su credibilidad, una vez más, fue borrada de un plumazo.

Una persona, que es tan simple, que hizo reír al público en diversas ocasiones. Planteéselo, sr Inda cuando el momento es tan importante, tan vital y tan intelectual por parte de todos los que allí estaban presentes.

Es más, le diré, aprenda de los estudiantes de periodismo que le presentaron sus dudas y preguntas al señor Pablo Iglesias, porque tiene mucho que aprender. Entre otras cosas, respeto a sus compañeros y al moderador del programa, que ni le hacía caso con sus pataletas infantiles, ni pudieron intervenir más por sus absurdas pérdidas de tiempo y sus ridículas frases que ya a nadie le hacían gracia.

Por lo demás, felicitar y mostrar toda mi admiración al señor Pablo Iglesias.


Ahora Inda, repite conmigo: “Cuanto tengo que aprender de la humildad, el respeto y la elegancia del señor Pablo Iglesias”.


Nos volvió a dar una lección como orador, aún sabiendo que es una de sus especialidades, y volvió a explicar su programa de manera clara, para el ciudadano, concisa, que es como hay que hacerlo para la gente humilde a la que se nos escapan muchos conceptos del mundo político actual.

Felicitarlo por su paciencia, su saber estar y por su aguante con semejante hazmereír como Inda, y por su demostración una vez más de como dejar en ridículo a una persona de una manera elegante, sin moverse del sofá y con la única arma del conocimiento y la paciencia.

Y felicitarlo por su señorío, su capacidad de reconocer un error (cuando habló de Pedro Sánchez) y su humildad para poner de manifiesto que su única misión y labor es trabajar para y con el ciudadano, respetando a cada uno de los que integramos este país, independientemente de su ideología política o su condición social.

Ahora Inda, repite conmigo: “Cuanto tengo que aprender de la humildad, el respeto y la elegancia del señor Pablo Iglesias”.

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