La información y la opinión en periodismo

En la lista de grandes problemas que vive el periodismo actual no se menciona el de la confusión entre información y opinión. La más grave de ellas, pues si no podemos distinguir entre los hechos relatados y cómo lo ven los que muestran su parecer, lo que se causa es un grave daño a la profesión por falta de credibilidad.

Pero, y si lo que se pretende es eso, precisamente, que los medios no sean creíbles, sino productores de confusión en un enredo general para ocultar la verdad, entonces lo están logrando. Incluso puede que se intente devaluar lo que antes merecía la pena a los ojos de personas creyentes en determinados postulados: la moral y la ética, el valor de la paz frente a la guerra, la solidaridad, la igualdad y la fraternidad, por poner algunos ejemplos.

Pero la credibilidad no parece importar a los medios de comunicación, como vamos a ver.

Ocurre también que los seguidores quieren escuchar, leer y ver las noticias de determinado sesgo aun sabiendo que van a ser decepcionados en sus expectativas. Lo toman con deportividad, como si fueran socios de un club de fútbol y su equipo pierde. Ya ganará en la siguiente ocasión.

Se dice en un estudio de la Universidad Complutense del año 2013 que el periodismo pasó por cinco crisis a lo largo del siglo XX y lo que llevamos de este. Si en los años veinte fue una crisis moral y ética, en los años sesenta fue de tipo socio-profesional; en los años ochenta, política; en la primera década de este siglo, tecnológica y en esta década en la que estamos  se dice que es de carácter financiero.

Por tanto, las nuevas tecnologías y el control de los medios son los que dominan la situación y no se ruborizan cuando se les achaca la culpa. Ellos provocan la crisis y ofrecen la solución. Por tanto, mientras estemos mirando para los bancos y los fabricantes de teléfonos móviles, nadie se acuerda de separar el grano de la paja, la opinión de la información.

Para poder achacar un problema concreto hay que señalar casos, pero son tantos en los que cada día, de forma rutinaria, suceden los ejemplos, que parece algo normal, lo que se ha considerado siempre una anomalía periodística. La confusión entre información y opinión es sistemática y va contra la deontología profesional.

Se les llama crisis pero es posible que no sean crisis, sino cambios históricos en los que  la función del periodismo va adaptándose a los tiempos. Parece que ya no sea el relato más o menos aproximado a los hechos lo que importa, sino la utilización de estos hechos con el fin de reforzar una posición política y económica determinada. Por eso interesa incorporar la opinión al relato desde el mismo momento en que se produce para amoldarlo a los fines previamente marcados. En algunos casos que ocurrieron en España salieron a la palestra portavoces para desmentir posiciones mal interpretadas, pero en muchos otros no hubo aclaración de ningún tipo. La sesgada interpretación se tomó como buena, cuando no lo era.

Los descontentos de la situación económica de Estados Unidos votaron por una opción que ya les había castigado porque la otra les parecía blanda y conocida. La protesta surgió del mismo lado donde se alzó la tormenta de la crisis económica. Algo perverso, y los medios no encuentran explicación para el fallo en las previsiones de los electores. Quizá el fallo esté en ellos mismos y en la labor que están haciendo. Esta vez sí tienen que mirarse el ombligo.

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