La estrategia de Cameron

Desde el punto de vista de alguien que lleva años sin mirar un telediario y lee los periódicos por Internet una vez al mes, la estrategia del primer ministro del Reino Unido, David Cameron, para acabar con el independentismo escocés me resulta artera y sibilina, aunque muy eficaz, pues ha conseguido lo que se pretendía sin que apenas nadie se lo reproche.

En el mundo de la política se sabe que nadie convoca un referéndum que va a perder. Así sucedió en España con el de la OTAN, cuando Felipe González enredó a la ciudadanía con una propaganda rebuscada, con aquello de

“OTAN

de entrada

NO”

Que podía leerse como: “OTAN, de entrada no”, es decir que no queremos entrar en la OTAN; o “OTAN, de entrada, no”, es decir, que así, de sopetón, no queremos entrar en la OTAN, pero sí con algunas condiciones. Felipe ganó, los ciudadanos se quedaron algo boquiabiertos pero callaron y hoy en día, estamos en la OTAN incondicionalmente, con los americanos en Rota como si nada, cuando se nos había prometido que las bases estadounidenses serían desmanteladas.

David Cameron supo desde un principio que ganaría el no. Los videos en Youtube, mostrando el fraude en algunos colegios electorales, corroboran que el primer ministro no iba a arriesgar nada. Quisieran o no quisieran los escoceses, seguirían en el Reino Unido. Pero eso no era todo. Convenía dividir al pueblo escocés para eliminar la peligrosa amenaza de secesión. En primer lugar, el referéndum fue convocado mucho antes de que la sociedad hubiera podido reflexionar colectivamente y sopesar con madurez de argumentos las ventajas de una opción u otra. Antes de que el miedo inspirado por la reacción inesperada e inteligente de Downing Street diera paso al valor, los escoceses fueron convocados a las urnas, y se fueron dividiendo y enfrentando, incluso físicamente, obnubilados por el alcohol al caer la noche.

Parece que Cameron tuvo miedo de perder, llegando al día D, como muestran sus palabras de que “Si os vais, será para siempre”, como si alguien pudiera saber qué será para siempre en este mundo cambiante. No obstante, el cinismo de algunos gobernantes es infinito y no me extrañaría que se estuviera mofando de todos los votantes.

Escoceses son todos, los que han votado sí como los que han votado no. Todos forman un pueblo, con opiniones diversas, aunque no necesariamente debieran formar un pueblo desunido. Pero, aparentemente, es lo que ha sucedido, gracias al gran estratega. Ahora quién sabe si no quedarán años de luchas internas y de rencor, antes de que el pueblo entienda que ha sido enredado una vez más y que, a lo mejor, debieran haber decidido realizar el referéndum cuando a ellos les convenía y no por mandato de un primer ministro nacido en Londres.

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