La discriminación desde las cifras

Desde hace siglos, las empresas estadísticas como el propio Instituto Nacional de Estadística, al que en adelante consideraré como INE, han recogido datos demoscópicos, demográficos y económicos, entre otros, para organizar la clasificación de diferentes ámbitos de la sociedad que tienen especial interés para la clase estudiosa. Sin embargo, lo han hecho desde una perspectiva, sinceramente, machista.

Llevo tiempo dándole vueltas al hecho de que, si hasta bien entrado en Siglo XX en España, la mujer apenas tenía libertades ni autonomía privada, y además representando éstas más de la mitad de la población española, cómo podían haber datos tan pequeños, por ejemplo, en cuanto a desempleo.

Os pongo un ejemplo muy clarificador: En el año 1950, en España, apenas trabajaban el quince por ciento de las mujeres en edad para hacerlo. Sin embargo, la tasa de paro registrada ese año es menos al diez por ciento. ¿Qué pasa entonces con el ochenta y cinco restante? Si hacemos la media, presuponiendo que las mujeres fueran en ese entonces exactamente la mitad de la población, la tasa de paro tendría que ser no de un diez por ciento, sino de más de un cincuenta. ¿Por qué no se reflejan esos datos? ¿Por qué ese ninguneo a la mujer? Al fin y al cabo también se encontraban paradas, ¿no creéis? Y además sin ningún tipo de subsidio por desempleo.

Sin embargo, muy a mi pesar y al de millones de mujeres, este micro machismo en datos macroscópicos, no es el único. Se ha dado y, en muchos casos, como el de mujeres jugadoras, se sigue dando en la actualidad en muchos otros campos.

Queda mucho, muchísimo por hacer.

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