Si está indignado ¿Qué tal si hablemos de corrupción?
Fuente: http://www.diariocordoba.com/ Foto:EFE / BALLESTEROS

Los corruptos son traidores a España. A los valores en los que creímos que se podría construir un Estado que equilibrase las tensiones históricas con el necesario requisito de demostrar decencia en todos los estamentos de ese Estado. Pero, al día de hoy eso no es así. En este mes de mayo que transcurrimos, y lo que viviremos hasta el 26J, nada es lo que parece y lo que debería ser garantía puede convierte en alarma social.

La indignación se origina en la observación atónita de los comportamientos que han distorsionado el fundamento sobre el que se asienta este país. Por diferentes canales y a través de diversas modalidades nos hemos despertado del suelo aletargado en el que nos habían metido. Su avaricia no tuvo límites y lleno de suciedad las relaciones institucionales, económicas, políticas y sociales. Ningún ámbito se libró de la incursión de las tramas que evadieron impuestos, distrajeron fondos públicos, ahorros financieros o llevaron a cabo una gestión de los presupuestos del estado de manera francamente temeraria. El nivel de deuda pública es una prueba. Esta gente ha reinterpretado el sentido de la moral pública, ha redefinido el sentido de la responsabilidad de la función, ha borrado de un plumazo informándonos por el BOE acerca de unas convenientes normas que los eximen de rendir cuentas.

Esta gente no comprende que se trata de la dignidad de las personas. A quienes les han venido mintiendo sistemáticamente con la seguridad de disfrutar de la más absoluta impunidad. Les han robado la dignidad. Les han recortado derechos. Los han pretendido someter a las condiciones más oprobiosas de la inequidad laboral enarbolando una creación de empleo ficticio, frágil y sub remunerado. A esa gente que se encuentra en un estado de dignidad bajo mínimos, es decir, a esos indignados, le pretenden hacer creer otra vez más que piensan hacer cosas que no llevarán a cabo. Todo, por un puñado de votos. Pero la indignación se está expandiendo y abarca a segmentos de la sociedad civil inéditos. Las ideologías no son transversales, pese a los nuevos gurúes del sinsentido, la indignación sí. Dentro de lo que más despierta ese sentimiento se encuentra la corrupción.

Según el diccionario de la real academia española, corrupción es la acción y efecto de corromper. Es alterar escritos. Viciar costumbres. Corromper por tanto, es alterar algo. Echar a perder, pudrir. Sobornar. Seducir a una persona con propósitos perversos. La corrupción social es la que contempla el accionar irresponsable de quienes componen las camarillas que pervierten los sistemas sociales con sus actos, y sólo se preocupan egoístamente por sus intereses, sin importar que para sus beneficios personales, haya gente que resulte injustamente perjudicada. Ello supone que destrozan las bases de la convivencia entre los seres humanos. Ese tipo de comunidad está seriamente afectada también por los efectos de la perversión de valores.

Se puede entender a la corrupción como los comportamientos llevados a cabo por una persona o por un grupo de personas, que se consideran como transgresores de las normas sociales. El hecho de que exista variabilidad dentro de estas normas hace que la calificación de un concepto como corrupto dependa y esté ligada al momento histórico y social particular. Sin embargo, cuando los valores que distinguen a una sociedad se ven agredidos. Entonces estamos en presencia de la corrupción. El nivel de corrupción real de un país hace que las personas honestas se sientan agredidas. Cómo es un fenómeno que surge de actividades ilícitas, sólo se advierte cuando salen a la luz noticias de escándalos, investigaciones y procesos judiciales relacionadas con dichas prácticas. Todos los tipos de gobierno son susceptibles de corrupción política, pero no a estos niveles. Las formas de corrupción que hemos conocido varían, pero las más comunes son el uso ilegítimo de información privilegiada, el tráfico de influencias, el pucherazo, el patrocinio, y también los sobornos, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, la cooptación, el nepotismo, la impunidad, y el despotismo. La corrupción facilita a menudo otro tipo de hechos criminales como el tráfico de drogas, el lavado de dinero, y la prostitución. Aunque no se restringe a estos crímenes organizados. Parte de los cuales maquillarán las cifras oficiales del crecimiento. Da igual. Hay corrupciones más sutiles que degradan derechos que ha costado mucho conseguir.

La buena gente, aquella que respeta a los demás. La que cumple con sus obligaciones ciudadanas. Los que son solidarios con las penurias ajenas. Todas ellas deberían llamarse simplemente ciudadanos responsables. Son el pilar sobre el que se asienta la convivencia. La buena vecindad. La solidaridad. Estos están engrosando los movimientos sociales. Sostengo que son personas de esa categoría, aunque no lo adviertan, porque con su comportamiento sostienen la calidad de la libertad. En sus actos se preocupan por la fraternidad. En su trato con los demás siempre respetan a la igualdad.

Si está indignado ¿Qué tal si hablemos de corrupción?
Fuente: http://www.cuartopoder.es/

La ciudadanía responsable es Democracia. Es respeto a los demás, a sus discrepancias. A la diversidad de creencias. Al librepensamiento. Está en contra de los fanatismos. De las miserias de aquellos humanos que se han corrompido. Ellos sí cumplieron las leyes. Sin subterfugios ni elusiones. Sin normas confusas. Ellos han construido España con su trabajo. Desde siempre la ciudadanía responsable fue más temida por ser una reserva moral, que por avenirse a las corruptelas de los perversos. Pero, como toda institución humana, también se ve amenazada por los bajos instintos. El egoísmo. El propio interés. La ausencia de solidaridad. La difamación. El servilismo al poder. La pluma miserable que dibuja sólo mentiras en su afán de servir a los que los alimentan. Aún allí, en esos casos, la ciudadanía responsable resurge porque siempre hay personas de buenas costumbres que están dispuestas a dar su tiempo, sus esfuerzos y, en muchas ocasiones, su vida, para presentar batalla a las fuerzas que representan la corrupción y la tiranía. La Verdad es hija de la Historia. No necesita fueros especiales. Tiene el voto.

Esta ciudadanía está llamada a participar en las citas electorales que se avecinan y en convocatorias de elecciones en partidos que parecen esforzarse en dar la oportunidad a esos ciudadanos para que expresen su voluntad. Sería terrible que se traicionase la ilusión con la que miles de personas se sienten comprometidas con ese sufragio. Resultaría decepcionante que no se cumpliese, una vez más, con los compromisos por los que se los ha convocado. Apelar a la simple idea de que lo importante es hacerse con el poder para, luego, encontrar explicaciones o justificaciones insensatas para incumplir el contrato social pactado es no comprender cabalmente el alcance de la gravedad de la presente situación. Una España empobrecida. Sometida a la voluntad de unos pocos. Entregada sin rubores a los denominados “mercados”, me hace pensar en algunos pensamientos ilustrativos:

“La verdad, es el alma de los honestos, la mentira, la de los cobardes, la traición la de los miserables.” Expresión de un pensador Anónimo, seguramente también indignado.

 

1 Comentario

  1. Eso se llama la delincuencia organizada, corruptores y corruptos, que roban y se burlan de los pobres, dejándolos morir, con disimulo. Los integrantes del crimen organizado, los “patriotas” que todo lo hacen por España, son: Fachas, curas, reyes, banqueros, magnates, el ibex35, la CEOE, la AEB, la iglesia, el opus dei, las demás sectas, el PP, el PSOE, la oligarquía financiera, la aristocracia, el franquismo residual y sus vástagos, la plutocracia, las mafias, la jauría ultra, etc.. Todos ellos deben ingresar en prisión y devolver todo su botín, el producto de su saqueo sistemático, procediendo a su expropiación.

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