¿Por qué en España reporteros y periodistas no tienen ni nociones de inglés?

El nivel de inglés de nuestros reporteros y periodistas de información de televisión es francamente vergonzante. Parecería sensato entender que, por la imposición de la cualificación profesional requerida en el actual mercado de trabajo, los profesionales que trabajan en la actualidad en los medios de comunicación tendrían al menos que tener un mínimo nivel de inglés que pasara un corte razonablemente exigible por la cadena que les contrata para mantener, por ejemplo, una entrevista donde se requiriera, —que en los tiempos que corren, sería hasta en un mercado de abastos de cualquier pueblecito costero que venda turismo al por menor, o en el Camino de Santiago, como he comprobado recientemente en una producción de TV—, para poder entenderse con un angloparlante, pero que nuestros “profesionales de la comunicación” sólo pueden hacerlo con lugareños o visitantes hispano-parlantes, fundamentalmente, porque la mayoría de ellos no tienen la más mínima noción del idioma inglés. Habida cuenta de que en muchos casos les encargan trabajos en países extranjeros, el contraste se hace insufrible entonces.


Se impone el nepotismo de las TV´s a la profesionalidad del periodista o reportero.


Parece de rigor que quien tiene que mostrar un mínimo nivel de inglés, y ser poco concebible que a estas alturas haya cientos de periodistas que trabajan en un mundo globalizado para los tres grandes “Media” en España, no reúnan los mínimos requisitos de fluidez y solvencia en el idioma internacional por excelencia, y que a pesar de ello, sean los más ineptos en la materia los que más trabajen sin que nadie se extrañe de semejante gazapo. El “cuñadísmo” y la falta de profesionalidad son insultantes.

Se impone el nepotismo de las TV´s a la profesionalidad del periodista o reportero. Presentadores de noticias, de programas de entretenimiento, directores de debate político, enviados especiales ¡en Inglaterra!, con apenas nociones de inglés, obligados a limitar su ejercicio por la imposibilidad de recabar información de un nativo con una mínima capacidad de comunicación. Y en el caso de los tan populares programas de reporteros viajeros, de plantear en inglés algo diferente a: “Nice to meet you!” o “what´s the price?”, por otra parte, muy propio de este formato: Preguntar sin pudor por el precio de todo en el país visitado.


Hay cientos de profesionales sin acceso a la actividad por no dominar la lengua de Shakespeare, mientras que unos cuantos privilegiados sin los requisitos necesarios para interactuar, pero con conexiones con el canal de televisión, no se sabe de qué tipo, trabajen admitiendo: ¡Esto de no saber idiomas…!


Se deduce con facilidad que los métodos de contratación no responden a un criterio ecuánime y equilibrado de demanda de currículum del trabajador, sino más bien a cercanías de parentesco o amistad con quien decide, con patente de corso, que un “reportero viajero” no pueda cruzar una palabra con alguien que no hable castellano, y a pesar de ello, se le envíe a un país angloparlante sin que nadie se sorprenda de tamaña incongruencia. Programas que podríamos hacer cualquiera con una cámara profesional, si no mejor, al menos de similar interés sociológico y cultural, auténtico propósito de los programas de esta índole.

Hay cientos de profesionales sin acceso a la actividad por no dominar la lengua de Shakespeare, mientras que unos cuantos privilegiados sin los requisitos necesarios para interactuar, pero con conexiones con el canal de televisión, no se sabe de qué tipo, trabajen admitiendo: ¡Esto de no saber idiomas…! El porqué un reportero no cualificado es mandado a un país que requiere al menos tener nociones, si no del idioma local, sí del único idioma que puedes utilizar en Marruecos, en Japón o en Rusia sin que nadie se extrañe de tus dotes para comunicarte es un oxímoron de difícil comprensión.

Mala praxis pagada por todos, en el caso de las TV´s públicas y, consentida por quien adjudica fondos públicos para el buen hacer mediático de quienes sólo responden a intereses espurios y que nunca son objeto de una auditoria que desvelaría sin ambages su gran incompetencia, profesional y humana.


Las TV´s ni se molestan en decir con corrección incluso títulos de películas que ellos mismos emiten ni de comprobar cómo se pronuncia tal o cual palabra


El descaro es demencial: Recientemente, una reportera de una televisión privada llega a la puerta del embajador de Corea del Norte en Madrid. Le abre la puerta el propio embajador al que le solicita una entrevista. El embajador asiente y le pregunta si habla inglés y ella le contesta que sí, pero que tiene que ser en español ¡porque están en España! La razón era bien diferente, pero resulta duro que un reportero tenga que reconocer que no puede hacer una entrevista en inglés porque no sabe. Se aprecia con facilidad que la periodista no ha conseguido su objetivo por no tener los conocimientos requeridos y que pasa desapercibido, entre otras razones, por el empecinamiento de las cadenas en mantener a sus protegidos en nómina en una especie de conciliábulo perverso entre el poder político, el fáctico, la dirección “mass media” y el de satélites acogidos a un nepotismo que no se esconde y que utiliza sin control y al antojo fondos públicos directos o indirectos.

Las TV´s ni se molestan en decir con corrección incluso títulos de películas que ellos mismos emiten ni de comprobar cómo se pronuncia tal o cual palabra, primero, ignorando al espectador, obviando que, aunque haya una gran parte de la sociedad que le da exactamente igual cómo se pronuncie el título de una película, tal y como a ellos, parece ser, hay otra que requiere del estímulo incondicionado de quien debería respetar con fidelidad infinidad de anglicismos que impone, no solo el espectáculo mediático, coadyuvado por la tendencia en España de dar nombre a todo programa en inglés sino de un mundo globalizado que ha determinado que el inglés es la lengua común, utilizando sin pudor y escasa ética lingüística el idioma, —faltando intencionadamente al respeto debido a una lengua que se utiliza hasta en la sopa— para, en apariencia, ni siquiera escamotear su falta de preparación académica. Vergüenza.

Como vergonzante es el modo en que la TV pública utiliza, imponiendo con desidia y total ausencia de profesionalidad —como si sus cuentas fueran exclusivamente de carácter privado—, el dinero de todos en un país que destaca en Europa por tener un nivel de inglés muy por debajo de la media, a lo que contribuye de forma importante las cadenas de televisión. Que un presidente de gobierno no sepa inglés sólo ocurre en España. Portugal, bien cerca, por ejemplo, tiene un nivel de inglés muy por encima del español, en todo ámbito, simplemente porque se toman la molestia de que un periodista tenga al menos inglés intermedio, y no se consiente, como ocurre en España, que una presentadora de noticias, no solo a duras penas lo chapurree sino que se permita pronunciar mal todo anglicismo que aparezca en su guión. Bochorno.

Fernando Bureba es master en literatura inglesa antigua.

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