España: el discurso navideño del Rey y la realidad que se avecina
Fuente: http://lavozpopular.com/

En diciembre de 2012, en ocasión de aquel discurso de Juan Carlos I, escribí para un medio digital iberoamericano:

“Las verdaderas bases que han venido sosteniendo la institución monárquica española, desde su designación sucesoria por parte de Francisco Franco, se han venido fundando en dos fuentes principales. Una, como presunta garantía de protector en el proceso de la transición. Otra, como resguardo ético de una continuidad democrática que fue endeble en sus comienzos a la muerte del dictador. La autoridad de la Corona del Reino de España, sistema que paradójicamente no es sentido por un cada vez más amplio sector de la población peninsular, ha entrado en una etapa de marcado desencuentro con su encaje dentro del proceso de deterioro de la mayoría de las variables socioeconómicas. Fueron estas las que le brindaron unas décadas de tranquila permanencia. La España de hoy poco tiene que ver con la de los setenta. Excepto, claro, en el retroceso actual. Fueron esos avances, de los que los españoles han hecho gala en todos estos años a lo largo y ancho del mundo, honesto es mencionarlo, no de la mejor manera. Los peores vicios hispanos, arrogancia incluida, fueron esparcidos generosamente allí donde se asentaron legaciones y empresas subsidiarias. La Corona también fue beneficiaria de esa expansión. Curiosamente, una frase desafortunada del monarca español, en la anterior cumbre iberoamericana, fue el punto de partida que llamó la atención acerca de su verdadera autoridad para ejercer lideratos o, al menos, para lograr tal pretensión. Aquel “… y por qué no te callas?!”, dirigido al extravagante mandatario venezolano Hugo Chaves, fue manifiestamente inoportuno. Recordemos al principio que sostiene que: si tienes Poder, no necesitas demostrarlo.”

“Los desaciertos propios, encadenados desde la manifiesta crisis exhibida en la imagen pública de su relación con la figura de la Reina Sofía, actualmente sólo coinciden en raras ocasiones, hicieron eclosión en el accidente durante su cuestionable cacería en pleno estallido de la crisis, en la compañía de una atractiva alemana. Las públicas disculpas, penosas en el tono y la forma, que formuló Juan Carlos I desde el sanatorio, recién operado de su percance africano, están muy cercanas a esta tradicional alocución navideña. Recuérdese que, en la entrega de los Príncipes de Asturias de 2012, los Príncipes y la Reina comprobaron en primera persona el malestar de la población. A su llegada al Teatro Campoamor, hablamos de Asturias no del País Vasco o Cataluña, fueron recibidos con abucheos y pitos. Esto contrasta con la imagen de otros años en los que todo eran alabanzas y aplausos de la ciudadanía en las calles. A esto, se le suman los escándalos de corrupción en el seno de su propio círculo familiar más íntimo. El denominado caso Undargarín, calificado así por prensa y analistas, tiene en los próximos meses sus etapas más explosivas. La gestión judicial está siendo observada con sumo detenimiento por las audiencias y lectores españoles, máxime cuando en todo el territorio español se está extendiendo la sensación de que la justicia como institución no es igualitaria. El número de casos judiciales de víctimas de la crisis va en aumento. Este hecho, por ingenuo que resulte tal consideración, puede sumar una losa más a la menguada solidez de la autoridad del monarca. La indignación sigue incrementándose. Artur Mas aceptó cubrir el retrato del Rey, en el Salón de San Jordi del Palau, donde asumió estos días su mandato como presidente de Cataluña. Todo un símbolo que escenifica el desencuentro. En esta ocasión, el monarca ha planteado algunos aspectos que más que extender un mensaje de relajación de los discursos, parece anunciar una imposible vuelta de página. Aquí, parece hacerse presente la mano del gabinete Rajoy. Lo cierto es, que la figura del Rey de España, no dispone ya del crédito de garante de la ética democrática que exigen los tiempos que se avecinan.”

“Continuando con lo relativo a la presente salutación navideña (2012), la más corta que se recuerda, algunos han visto que el rey vació, en su discurso, el contenido político de todas las manifestaciones de reivindicación social. En el texto que le elaboraron desde el gabinete de la Casa Real, todas las canalizaciones de la discrepancia de la ciudadanía se podrían resumir en que no son los síntomas de un cambio. Para ello, solo les concedió la calificación de “desapego” a la política o de solo “pesimismo”. Se puede concluir de sus palabras que, a estas expresiones de malestar colectivo, podríamos entenderlas como inútiles a “la política grande”. Para ello, alude a generar acuerdos. La pregunta que surge es, ¿entre quienes? ¿Los partidos políticos? En tal caso Juan Carlos I comete un gravísimo error, se aleja de su pueblo, aquél que le da la legitimidad que la Historia, su propia historia, así, con minúsculas, le ha ido sustrayendo. Por otra parte, se aferra a la clase política, cuya imagen está bajo mínimos. Definitivamente, no lo han asesorado adecuadamente. El Rey está sólo. Hasta se podría aventurar que está mostrando síntomas de “ausencia”. Para demostración, su frase de que “…no todo es economía”. La Casa Real ha perdido la ocasión de hacer una propuesta emocional, que aludiese a la esperanza que podría suponer la recuperación de aquella figura, a la que se le atribuye la función de haber desactivado el intento de golpe del 23F. No entremos en detalles. En aquel entonces se puso, como ahora lo debió, ponerse al frente de la tarea que pudo comenzar por la crítica a los responsables de lograr estos acuerdos. Eso sería un primer paso para recuperar los valores. Insistir en la repetición del polisémico término “crisis” en sus palabras, obviamente no fue acertado para insuflar ánimos a los españoles. Al contrario, su explícita defensa del mapa político partidario que fue, pero que previsiblemente ya se está trocando en otro novedoso, confirma que el monarca parece no entrever el nuevo escenario de expresiones políticas que se avecinan. Minimizar la indignación puede no ser bien digerido por los españoles“. “La fractura del Estado Español, fruto de las tensiones mal gestionadas durante estos años de bonanza, aunque adormecidas por esa exuberancia de recursos dilapidados, ha vuelto a hacerse tangible en toda su realidad. La denominada solidaridad entre Comunidades Autonómicas se ha esfumado, al tiempo que lo han hecho aquellos recursos pésimamente gestionados por unos y otros. En esto le cupe tanta responsabilidad al PP cuanto al PSOE, por ser mayoritarios. Tampoco se libran de esa mácula los partidos regionales, como CIU o en PNV. En sus feudos tradicionales se encuentran pruebas notorias de tales desmanes presupuestarios. Ya se aprecia el surgimiento de movimientos políticos territoriales, alternativos a los actuales, que darán gobernabilidades futuras. Esta será la posible circunstancia, para el nuevo mapa político que permite el sistema parlamentario español.” “La BBC ha emitido estos últimos días de diciembre (2012) el programa “The great spanish crash”. Emitieron un documental que muestra, entre otras cosas, aeropuertos sin aviones, monumentales centros de cultura sin actividad suficiente para justificar o, al menos, generar recursos que permitan el retorno de los fondos aplicados a tales dislates. En una franja horaria de máxima audiencia, el periodista Paul Mason muestra desde la Ciudad de las Artes y las Ciencias o la dársena del Puerto de la ciudad de Valencia, al Aeropuerto de Castellón, como verdaderos ejemplos de una desastrosa gestión”.

Desde entonces, diciembre de 2012, confirmando lo que expuse entonces, Felipe VI no solo no ha logrado mejorar el deterioro que produjo la decadencia de su padre frente a la simple medida de la audiencia que le dispensaron los españoles. Juan Carlos I sumó en 2013, y en el conjunto de todas las cadenas, un 60,4% de cuota de pantalla y 6.921.000 espectadores. Lo cierto es, que Felipe de Borbón no despertó interés. Marcó su mínimo histórico, con una media de 5.822.000 espectadores. De hecho, lo ha empeorado en relación a la de 2013, que mencionamos de su padre, lo que lo convierte en el discurso menos visto de los últimos 18 años. Cualquier producción con esa audiencia la bajan de cartel sin miramientos.

España: el discurso navideño del Rey y la realidad que se avecina
Fuente: http://www.elconfidencial.com/

En mi caso, luego de aquello que escribí, creo firmemente que la Corona se encuentra en una situación delicada. Más de lo que suponen y por sus propios errores. Este Monarca pidió respeto hacia los mayores en su discurso. Baste el dato de que se ha incrementado los emolumentos reales tres veces porcentuales más que el que recibirán los jubilados. Sólo le restaría decir que “si no tienen pan… buenas son tortas…”. Hay quien vincula el origen de la frase con María Antonieta (1755-1793), reina de Francia durante el siglo XVIII. La soberana, cuando buena parte del pueblo vivía en la miseria, habría preguntado asombrada: “Si no tiene pan… ¿por qué la gente no come tortas?”. Esta situación puso de manifiesto la indiferencia y la insensibilidad con la que la nobleza de la época gobernaba. Otros creen que la frase ya se usaba antes. Por entonces las “tortas” eran una especie de bizcocho, cuya masa era más duradera que la del pan. Con el paso del tiempo, la frase tomó la forma actual e indica que uno debe encontrar alternativas a los problemas, aunque con cierto grado de conformidad. Cosa que no parece que resuelvan nada a los españoles.

A más de lo mismo, tan sólo respondo: más democracia y movilización, porque las personas de este país estamos solas. Nuestro futuro depende esa convicción. Es hora de que lo comprendamos.

1 Comentario

  1. No, no merecemos esta esta todavía no democracia, lo que no nos merecemos son estos políticos, que lo primero que miran es lo que van a cobrar por uno o por otro lado, es eso lo que no nos merecemos, el abuso tremendo en sus sueldos y la miseria que cobra, si es que la cobra, el pueblo y por supuesto poniendo muchas trabas y dificultades amén de cuestionarlo, que cobren 300 o 426 euros de paro 350 euros por trabajar 8 horas- En fin El Rey que se presente a las urnas, porque si no no está legitimado, o podemos aceptar una herencia del Franquismo

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