Entimemas

En toda clase de filosofía que se precie se ha tratado el tema de los entimemas o silogismos. El más famoso es; “Todos los hombres son mortales, Sócrates es hombre, por lo tanto, Sócrates es mortal”. Es de una simplicidad insultante, tanto que podemos creer que es una curiosidad histórica apta para los estudiantes de filosofía pero que no tiene aplicación en la vida actual. Craso error. Vemos algunos ejemplos relacionados con la actualidad:

“Rajoy está en contra de los referéndums, Escocia ha celebrado un referéndum, por tanto, Rajoy está en contra del referéndum de Escocia”. Eso sería lo que nos dice la lógica pero si repasamos las declaraciones de Rajoy, ciertamente, se ha posicionado en contra del referéndum de Escocia pero, una vez celebrado, ha felicitado a los escoceses por la madurez que han demostrado al decidir continuar dentro del Gran Bretaña. Por tanto, podemos deducir que lo que a Rajoy le preocupa no es que se celebre un referéndum en Cataluña, es que pueda ganara la opción independentista. Lo que no puede decir Rajoy es que los escoceses han demostrado su madurez y a la vez impedir que los catalanes demuestren la suya. El problema de todo esto es que el elogio viene por el resultado, que es favorable a sus pensamientos, y no por el hecho en sí, ya que de ganar la opción independista podemos pensar que Rajoy hubiese llamado inmaduros a los escoceses y el acto democrático hubiese sido el mismo. Desde Cataluña vemos con envidia como Escocia ha podido celebrar legalmente una consulta a su población y como, una vez perdida por parte de los independentistas, el gobierno inglés les ha reiterado que recibirán más poderes para potenciar su autonomía.

Una más complicada; “Jordi Pujol es político, todos los políticos roban, por tanto, Jordi Pujol es un corrupto”. Lo de que todos los políticos roban es un pensamiento generalizado en la población y la culpa es de los propios políticos. Estoy convencido que hay muchos cargos públicos que se desviven por dar el mejor servicio a sus ciudadanos y que no han cogido ni un euro que no les correspondiese pero, lamentablemente, la actualidad juega en contra de esas personas al destapar un caso de corrupción tras otro. Centrándonos en el caso Pujol, la decepción es enorme y, si bien tendremos que esperar a la sentencia para poder afirmarlo, todo parece indicar que el President se ha enriquecido de forma ilícita.

La decepción no es tanto porque haya robado, cosa a la que tristemente estamos bastante acostumbrados, si no por el hecho de que Pujol se vanagloriaba de sus principios y se permitía dar clases de política y de “seny” al resto de los mortales. La última explicación que circula para esos actos es que Pujol acumulaba ese dinero para la causa independentista. Que se lo crea quién lo quiera creer. Sólo un ejemplo; si a mí o a cualquier ciudadano de a píe nos descubren un patrimonio no declarado en un paraíso fiscal podemos argumentar que es para obras benéficas pero nadie nos creería. Si ha hecho lo que se dice, está mal y no existen paliativos. Pero siguiendo con los entimemas, desde ciertos medios de comunicación se han lanzado mensajes en este sentido; “Pujol es independentista y ha quedado desacreditado, por tanto, la independencia ha quedado desacreditada”. No se ha dicho con estas palabras pero he oído a periodistas afirmar que el proceso soberanista perdía toda su legitimidad por el caso Pujol. Es de elogiar la capacidad de algunos medios para simplificar conceptos complejos. Que Pujol sea independentista daría para una larga discusión, pero no viene al caso, lo cierto es que por mucho que lo sea y que presuntamente haya cometido los delitos que se le achacan, no guarda ninguna relación con el proceso y con el sentimiento que existe en Cataluña. Por esa regla de tres podríamos afirmar que la idea del nacionalismo español no es legítima ya que tanto el PSOE como el PP acumulan casos de corrupción es sus filas y son los partidos que han gobernado España desde la transición, defendiendo ambos la unidad territorial y el nacionalismo. Por no remontarnos a un pasado más lejano donde un dictador que gobernó con mano de hierro durante cuarenta años se convirtió en máximo defensor de la unidad de España. Los sentimientos de las personas y de los pueblos deberían estar por encima de los delitos y miserias de sus diligentes.

La realidad es que, como ciudadano, estoy harto de escuchar a los nacionalistas, catalanes y españoles, llenarse la boca afirmando que el pueblo catalán quiere esto o aquello. Precisamente, para evitar que sigan jugando una partida de ajedrez político infinita apoderándose del sentimiento de los pueblos, sería conveniente que se celebrase un referéndum como el de Escocia. Así al día siguiente podríamos afirmar con rotundidad que es lo que desea Cataluña. Después ya veríamos la forma de llevar a cabo los deseos pero al menos tendríamos una base sólida para empezar a trabajar por ellos.

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