En la política de pactos el mapa no es el territorio
Fuente: http://www.europapress.es/

El lingüista Alfred Korzybski, fue quién primero en utilizar esta frase. Este término se le ocurrió durante la Primera Guerra Mundial al caer él, y el pelotón al que lideraba, en una fosa que no aparecía en los mapas. De aquella experiencia formuló la idea de que “el Mapa no es el Territorio en sí mismo”. Más tarde, Gregory Bateson completo esta proposición al añadirle “y el nombre no es la cosa nombrada”.

La gente toma las decisiones que cree convenientes según su forma de ver el mundo, según su mapa, según sus creencias y respectivos filtros. La formulación de propuestas utilizando ciertas palabras, puede suponer la creación de percepciones en las diferentes audiencias según las intenciones del mensaje. Lo qué diferirá según las convicciones ideológicas e intereses socioeconómicos de quién las escuche. Así, todas las declaraciones de los representantes de las formaciones políticas con representación parlamentaria, han hecho un despliegue de este concepto. Varios de ellos, aún sin proponérselo.

De este modo, el desconcierto cunde entre los analistas y tertulianos mediáticos. A su vez, alzan sus voces y afinan sus escritos, con el fin de influir también en la creación de esa “situación deseada” por cada uno, según sus convicciones o sus clientes. Todo, aunque no coincida con el desenlace de este proceso de formación de gobierno. La “literalidad” es una condición ausente en esta visión del lenguaje. Dejemos claro que una palabra no es el objeto que representa.

Por ejemplo, hablar de “regeneración”, de “libertad”, de “democracia”, de “igualdad”, de “justicia”, de “transparencia”, no necesariamente suponen una materialización en la construcción de un mundo en el que efectivamente se aprecien esos conceptos. Así, tenemos partidos comprometidos con la corrupción o con grupos económicos que disfrutan de privilegios, hablar de esos términos. Contradicciones que nos hacen repensar que ciertamente “el mapa no es el territorio”.

La conjunción de fenómenos políticos, sociales y económicos, confiere al escenario presente una complejidad extrema. Cualquier perturbación que se produzca en los diversos frentes que se están desarrollando, afectarán de modo notable al escenario futuro. Esto también incluye al campo de los procesos judiciales, en dónde, por obra de la previsible taumaturgia de los poderes en conflicto, desde el conjunto de procesos que implican al PP, hasta el caso de la Formación o de los ERES, que complican al PSOE, se reactivarán.

En tanto, las necesidades de los ciudadanos están sin atender. Eso supone un agravamiento para ellos. Este gobierno en funciones, lo cual es para revisar, sigue tomando decisiones que pueden afectar, o beneficiar, a colectivos en concreto.

Las obligaciones de participación de España en las cumbres europeas harán que la figura de nuestro jefe de gobierno en funciones, hoy por hoy, pueda ser vista como una sombra irrelevante, sin representatividad. Ello, no lo duden, puede afectar los intereses de nuestro país, por si ya no lo estaban poco. El equipo en funciones de la Moncloa publicita el proyecto de inversiones iraníes en España. Confirmación de que el mapa no es el territorio, ¿no?

Crear nuevas frustraciones, si los dichos no concuerdan con las expectativas, será incrementar la corriente de la indignación colectiva. Esta fuerza, se canalizó hacia opciones que ofrecieron nuevas formas de hacer y entender la política como instrumento de resolución de las necesidades colectivas. De aquí, si bien en el proceso de los pactos, los actores son histriónicos y formulan sus expresiones como modo de “macar territorios”, deberán ser prudentes como consecuencia de las expectativas despertadas.

Esa energía está latente a la espera de ser canalizada de modo funcional en la construcción de una España capaz de afrontar sus particulares desafíos. Si no ocurre, mucho me temo que viviremos momentos extremadamente difíciles.

En conclusión, antes que nuevas frustraciones, personalmente prefiero una nueva convocatoria electoral. No creo que la distribución parlamentaria se mantenga inamovible.

Lo opuesto puede ser una degradación generalizada de las condiciones de vida de los españoles. No creo equivocarme.

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