En esta batalla mediática, aculturiza que algo queda

Este país conoce perfectamente el efecto que tiene la desmemoria. Es como cuando una comunidad sufre los efectos de la aculturización. Este concepto implica lo que a una persona puede ocurrirle si se le escamotea la memoria. Si no sabemos de dónde venimos, mal podemos valorar hacia dónde vamos. Si la mentira prevalece, estamos en esa vía. Si la solidaridad deja paso a la inequidad, ya nos han cambiado los valores. Ya nos “aculturizan”.

Los procesos de aculturizar a una comunidad, es decir, producir una desmemoria programada, es condición para imponer verdades inconsistentes. Vivimos en épocas de verdades proferidas desde el púlpito de los medios de comunicación y los foros del poder. Si los indicadores de pobreza son alarmantes. Si Caritas España nos informa acerca de la gravedad de las condiciones de vida de vastos sectores de la población. Si el gobierno incumple el objetivo de déficit. Si la sanidad se desmantela y privatiza. Si la educación sólo responde para nutrir un ejército de mano de obra barata a empresarios escasamente escrupulosos. Si se procura la privatización del sistema de pensiones. Si se responde a cumplir la instrucción para desmantelar los proyectos de I+D+i en nuevas tecnologías.

Si eso ocurre, no importa. El coro mediático estará dispuesto a publicar que eso no es así. Que España es la locomotora de Europa. Como no hay memoria, no será posible reconocer si venimos de un pasado mejor, o si estamos en una etapa de penas y lágrimas. Sin memoria, todo es posible. En los últimos años de un modo cada vez más notable me transmiten que España huele a pobreza y corrupción. A cirios y culpas. A decepción y desesperanza. A informes elaborados por unidades de organismos en la sombra. Medias verdades y mucha mentira.

Siempre procuro caminar las calles y plazas que habitan las personas. Los individuos que constituyen la realidad de lo cotidiano. Hablo con muchas de esas gentes. Veo pobreza de muchos tipos. Gente que se da por vencida. Esta resulta ser una pobreza de súbditos y mediocres. Es una forma que se adentra en las raíces de nuestra historia. En el caso de la corrupción. Se trata de comportamientos integrados al ADN de los pícaros hispanos. Lamentable percepción. Resistirse a aceptarlo no supone más que postergar las posibilidades de operar en las posibles correcciones. Será necesaria una suerte de manipulación en la genética política que desencadena estos comportamientos. La desmemoria programada ayuda.

España se encuentra bajo el efecto del estruendo de los medios distrayendo a las gentes con cuestiones menores. Alentando el odio. Es el ruido mediático que procura ensordecer y hacer inaudibles los lamentos que se elevan desde las salas de urgencias. El sonido a crujir de maderas y metales cuando derriban las puertas de los desahucios. De llanto de los niños con hambre y las casas en sombras. ¿El PP es una ONG? La exclusión tiene muchos sonidos que es necesario acallar con otros ruidos. Los de las innumerables inauguraciones. Muchas sin el menor sentido. Costosos proyectos para beneficio de grupos. La dudosa utilidad pública que les atribuyen es un eco de los años del despilfarro. Estas obras son merecedoras de ser auditadas con detenimiento. La mayoría, con efectos en los juzgados. Más corrupción.

España es el país de la UE que más ha desertado de gestionar adecuadamente la reserva del sistema de pensiones. Con ello libera de obligaciones a empresarios “competitivos”. También desarbola el sistema para ofrecerlo a la banca que siempre deseó tal negocio. Recordemos el objetivo ya cumplido de cargarse a las cajas de ahorros. Entidades que se dedicaban al crédito para la producción y el consumo. Lo que nos dejan es un sistema que se ha apropiado de una parte significativa de la renta de la mayoría de españoles. Mientras una ministra de Trabajo aún sigue sonriendo a las cámaras de los medios afines. Más del 50% de los jóvenes ya no lo hacen. Entre mentiras y desmemoria nos están sustrayendo lo que nos pertenecía. ¿Tiene lógica no?

¿De qué hablamos cuándo decimos corrupción? Seguramente de esta España entre cutre y mediocre. De “emprendedores”. De maletines. De sobres que nadie niega por cierto. De inversiones en acciones de formación. En ERES. En proyectos que no se hicieron. De rescates a Bankia y similares. Del FROB en defensa de una posible defraudación. De indemnizaciones a empresarios curiosamente donantes. En casos archivados y vueltos a reabrir por obra de suplicatorios internacionales. Podríamos decir que es la España de los indultos no sólo arcaicos. También cuestionables. De magistrados “comprensivos”. Con archivo inexplicable de  causas. De prescripciones calculadas. De órganos de contralor “diseñados”. La división de poderes diluida. La privatización como negocio y el concepto de prevaricación revisando su significado. Tal vez por ello estamos donde estamos.

Sólo les importa retener el poder. Para seguir con el negocio. Para evitar la aplicación de la Justicia. Nos han ofrecido como dieta al desaliento y la decepción es la única meta que nos reservan. Antesala de la sumisión. Porque quieren siervos sumisos con las libertades desnutridas. En principio han hecho que regresemos a la España en blanco y negro. La han empobrecido. No desean la inteligencia. Nos desean inermes. Que lo consigan, depende exclusivamente de lo que hagamos cada uno de nosotros.

De nuestra voluntad de expresar que nos ofenden. Depende de nuestra capacidad de participar y movilizarnos.

O lo asumimos… o estamos perdidos.

Imagen: Idealista

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