Empezar de nuevo

Frase muy usada y descripción fiel de situaciones vividas en algún tramo de la historia de cada uno.

Es más común, tal vez, en edades donde la fuerza física va acompañada de la vitalidad de la juventud, de la ilusión de realizar nuevos proyectos y sobre todo de la unión de dos que conjuntamente empiezan ese nuevo camino con una gran complicidad.

 También aquellos, que solos en nuevos lugares, donde todo es por primera vez y que el empuje hacia lo desconocido les da la fuerza para seguir.

Las circunstancias a veces te llevan a dar ese paso a una edad más avanzada, cuando en tu camino ya has desarrollado tu trayectoria profesional , ya has dejado tu huella y tu sabiduría en aquellos que criaste y has cuidado de tus padres en su última etapa antes del gran viaje.

Entonces es cuando analizas tu entorno, con quién compartes tu vida diaria y empiezas a plantearte resolver situaciones incomodas, infelices e incluso dolorosas desde hace años.

A hacer los cálculos de lo que te queda de vida vital. Es entonces cuando te contestas a preguntas que te formulas, como qué lugar ocupas en la fila de prioridades donde están todas tus obligaciones y personas a las que dedicas tu tiempo, y te das cuenta que en esa fila no sólo no tienes un puesto sino que ni siquiera estás.

Y te das cuenta de que si una no se respeta y aprecia, ¿cómo pretendes que lo hagan los otros?

Nadie cambia tu destino. Eres tú quién lo hace, y en el momento que tienes el valor de llevarlo a cabo, como  romper una relación de pareja de larga duración, es cuando empieza tu nuevo futuro.

En todo comienzo existen dudas, pero como una vez me dijo una persona más sabia que yo, hemos de darnos un plazo para acoplarnos a la nueva situación. En cada persona dependerá si el tiempo es mayor o menor.

Y empiezas a descubrirte y a recuperar los proyectos olvidados en largos años, los que estaban allí desde la niñez.

Esa niñez a la que prestamos poca mirada en el recuerdo y donde, en estado puro y sin convencionalismos exteriores, residen anhelos por realizar, los mismos que nos hicieron crecer  y nos empujaron a los sueños de futuro realizables como personas adultas, donde esta nuestra esencia y tal vez la respuesta de la razón por la que hemos venido a este maravilloso y loco mundo.

Hoy, después de un tiempo de haber empezado mi nuevo camino, reconozco que a pesar de las dificultades que en él han surgido, estoy más satisfecha con este ser que soy y fiel a sus principios ya que hace, piensa y realiza todo aquello que surge bajo su criterio sin opiniones externas.

Hoy veo que todo sucede  por alguna razón, y que el tiempo no debe condicionar nada ya que todo ocurre en el momento oportuno. Somos nosotros los que le ponemos la etiqueta de que es tarde o pronto, u otra excusa para no reconocer lo obvio.

Hoy me he dado también cuenta que he crecido y que nunca se acaba, aunque ayudemos a otros más jóvenes en su camino de aprendizaje.

También el miedo a nuevos retos se transforma en inquietud de ilusión, tu seguridad domina tu ser y tu mente empieza a obedecer tus emociones. Y empiezas a dar cabida a sueños que creías inviables.

 El miedo que aparece cuando empezamos a adquirir responsabilidades es el ancla que nos mantiene aferrados a un estado mental, donde nos domina y nos hace actuar pasando por encima de esas emociones que están envolviendo los sueños por cumplir.

Hace más de un año desde que me reconocí, mejor dicho, volví la vista desde mi emoción a este mi ser y empecé a seguir sus directrices.

Y ahora sé que los años que tengo de vida vital no he de medirlos como si fuera una cuenta atrás, es solamente un nuevo comienzo, o un punto y seguido de aquel momento donde todo se paró para tomar otro camino.

Hay retos a desarrollar, existen lugares que visitar y personas que conocer.

Muchas veces me digo que lo que nos importa y es el eje que nos impulsa, es aquello que no se puede comprar o ambicionar porque no está formado de materia. Por mucho dinero, posición u otra circunstancia que tengas, no podrás conseguirlo sino pones de tu parte para crearlo y que ello se haga real.

Llámalo amor, llámalo felicidad. Yo lo llamo ser auténtico consigo mismo y reconocer que no estamos aquí sólo para ambicionar y apilonar cosas. Sólo así bajo mi criterio encuentro respuestas y ellas me llevan a seguir en esta nueva etapa con seguridad y ganas, siempre a pesar de la locura de las adversidades que encontramos y que parece meternos en el túnel negro donde no hay salida a soluciones.

Y en esta, mi nueva línea a seguir, no permito que entren más los fantasmas que me llenan de ataduras de angustia, porque es desde mi libertad como individuo sin miedos donde se avanza, donde se respira, donde se para la mente, donde se vive.

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