Lentamente nos besábamos, sin preocuparnos de que el elevador se encontraba dañado.

Sus besos dominaban mi mente y simplemente me dejaba llevar por mis instintos de macho.

En varias ocasiones intentaba separarme de ella, pero era imposible. El placer dominaba mi cuerpo. Al terminar nuestro apasionado encuentro, escuchamos que nuevamente el elevador comenzó a funcionar. Mientras el elevador subía pisos, nosotros nos sonreíamos y nos vestíamos nuevamente.

El elevador se abrió y se acercó el dueño de la compañía en la cual laboro.

– Que bueno que llegaron. Que casualidad que llegaran en el mismo elevador. Orlando, ella es mi hija, la Dra. Mónica Villanueva, tu nueva supervisora y jefa.

–  Un placer, Mónica.

– Igualmente, recuerde Oliver…

– Orlando. Mi nombre es Orlando.

– Sí, Orlando, que para usted soy la Dra. Mónica Villanueva.

Ella se  marchó con su padre hacia el lugar que iba ser su nueva oficina.

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