El toro de la Vega

Hoy, quince de septiembre, se ha llevado a cabo una de las fiestas más sangrientas de este país: “El Toro de la Vega”; una tradición medieval que consiste en que decenas de personas a pie o a caballo, lancean a un toro hasta su muerte en el pueblo de Tordesillas (Valladolid).

Sí, han leído bien, en pleno Siglo XXI la sociedad se divierte mediante el sufrimiento de un ser inocente e indefenso. Lo llaman arte, lo llaman cultura, y acusan a todo aquel que esté en contra y luche por su abolición, de ser personas violentas, e incluso les definen, nos definen, como terroristas.

Es bastante irónico que aquellos que se divierten con lanzas,  derramando la sangre de un toro por el simple hecho de que es una tradición, puedan acusar a los demás de salvajes, salvajes por luchar por la justicia (que a veces es abandonada por lo legal), y por proteger a los más débiles de forma pacífica.

Hace tres días hubo dos manifestaciones en España. Una de ellas a favor de la tauromaquia en Valladolid, a la que asistieron entre 5000 y 9000 personas. Otra en Madrid, en contra de cualquier “festejo” que utilice el sufrimiento animal para divertirse (entre ellos cualquier corrida de toros y El Toro de la Vega), en la que se concentraron entre 90000 y 100000 personas. Hace faltan muchos cambios para acabar con el maltrato animal gratuito (aquel que solo se ejecuta con el fin de divertirse), sobre todo cambio en las leyes y en la mentalidad de aquellos que nos gobiernan, o quizá no en la mentalidad, si no en el valor de enfrentarse a aquellos que quieren mantener  tradiciones que se realizaban varios siglos atrás. Recordemos que hay políticos que se posicionan en contra de este tipo de celebraciones, pero no son capaces de dar un paso adelante. Las cifras lo dicen todo, la sociedad evoluciona, pero hay quienes no se dan cuenta y otros que no quieren hacerlo.

Fue en diciembre de 1963 cuando el gobierno de Franco, a través de una Circular del Ministerio de Gobernación, prohibió la crueldad con los animales en los festejos populares durante tres años y, por tanto, la muerte del Toro de la Vega. Es curioso, como en medio de una dictadura se dieran cuenta de la barbaridad que se celebraba cada mes de septiembre en Tordesillas, y que tras 35 años de democracia, seamos incapaces de verlo, ¿qué dice todo esto de los valores y de la ética actual en España?

Ellos mismos deben darse cuenta de la gravedad de la situación cuando muchos de los periodistas que quieren cubrir la noticia del festejo, son agredidos por algunos tordesillanos, argumentando que no informan, sino que manipulan los datos y las imágenes. ¿Acaso la sangre no es real? ¿El sufrimiento del animal no es real? ¿El orgullo de un pueblo por maltratar a un animal no es real? Es evidente que necesitan mentir para proteger sus actividades “culturales”.

Se quedan solos. El año pasado Leo Harlem decidió no dar el pregón del pueblo porque no quería ser cómplice de unas fiestas representadas por el dolor. Este año, el grupo de música “La Unión” que comenzaba su gira en este pueblo, decidió cancelar el evento por estar totalmente en contra del maltrato animal.

Tengo la esperanza de que Rompesuelas, el toro alanceado este año, sea el último toro asesinado en este festejo. De no ser así, la lucha de muchos continuará hacia adelante, porque existe gente con la sensibilidad y el razonamiento suficiente como para luchar hasta el final por algo que creen justo, y la abolición del maltrato animal lo es.

No hay comentarios

Dejar respuesta