El tiempo del histrionismo

Vivimos tiempos interesantes. Tiempos histriónicos. Como sabemos, “histrión” es sinónimo de actor y de forma más específica de “actor de teatro”. Generado en las representaciones dramáticas en la Antigüedad clásica. Pero, también se lo ha asociado a los actores disfrazados del teatro popular, a los “saltadores”, o saltimbanquis toscanos. En ese dialecto, ”hister” significa “saltador”, “prestidigitador” o actor disfrazado.

En cualquier caso, en el uso lingüístico, “histrión” ha pasado a llamar así a todo aquel que se expresa con afectación o exageración propia de un actor teatral. En esta acepción lo que destaca es el tono despectivo.

Todos reconocen que la acción parlamentaria, a la fecha, está trabada. Aún así, los actores, se comportan como si ello no fuese así. Entonces, en este punto, no dejo de preguntarme en qué acepción debo designar a nuestros representantes.

Dejando de lado a Ciudadanos, que comienza a responder, previsiblemente, a las expectativas de la patronal empresaria, tanto el PSOE como Podemos han presentado iniciativas de contenido social, pero, con matices.

La diferencia entre una proposición de ley, como el caso de la denominada Ley 25 de Emergencia Social de Podemos, y una no de ley, como las iniciativas del PSOE, no es menor. Las primeras se convierten en leyes plenamente vigentes tras su aprobación, pero hay dos requisitos para que la oposición pueda sacarlas adelante. El primero, que el Gobierno tiene que pronunciarse antes de 30 días. En anteriores legislaturas siempre se aguardó hasta la asunción del nuevo Gobierno. También debe definirse si un Gobierno en funciones puede cumplir esos trámites. La segunda cuestión es la mayoría absoluta del PP en el Senado. Esta se convertirá en una barrera que retrasará la aprobación de las nuevas normas.

Frente a estas, las proposiciones no de ley, presentan menores requisitos para su aprobación, pues basta con ganar la votación en el Congreso de los Diputados. A cambio, no tienen un efecto inmediato, pues únicamente sirven para instar al Gobierno a actuar en una determinada dirección.

Volvamos a releer los conceptos de “histrionismo” y el de “hister”. Elijan.

El nuevo Parlamento es la expresión más clara de una ciudadanía, que se resiste a seguir sumisa a los que demostraron su ineptitud, cuando no su mediocridad, escudándose en las meras formas o presuntos privilegios, adquiridos durante años. Este conglomerado de representantes, es la réplica más fiel de las aspiraciones de la mayoría de españoles. Son personas que representan a la Sociedad Civil, que traerán a las sesiones sus inquietudes, más que la obediencia sumisa de las instrucciones partidarias. Es por ello que habrá discrepancias en los nuevos grupos de representantes. Tal dinámica atenderá a la negociación más que a la imposición. A la búsqueda de consensos, más que a la doctrina del “yo gano, tú pierdes”. Esta será la esencia de la nueva política. Frente a la del PP, del “yo gano, tú pierdes”.

En el antiguo escenario, las Cortes, eran más bien el reflejo de lealtades y solidaridades, de mediocres huestes criadas en las profundidades de las sedes partidarias. Cofradías de silencios, de soslayar el tratamiento de la degradación general en las que, la España de esa vieja política, se había acomodado.

Por ello, el histrionismo que exponen los perdedores, las minorías, sólo se explica desde la impotencia de tomar conciencia de su derrota. Obstaculizarán desde todas las instituciones ya cooptadas. No conciben la acción política desde otra posición. El consenso no está en su argumentario.

Mientras tanto, al parecer, España es un organismo que está al borde del colapso, en tanto el equipo médico que debe afrontar la terapia discute acerca del color de sus batas.

Si eso fuese así, la Sociedad Civil debería volver a movilizarse en la procura de su destino.

 

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