El referendum escocés y la consulta catalana

Estamos con toda la resaca del referéndum escocés. Una resaca que para muchos ha sido muy triste, y para otros muy relajante. Y claro está, ahora viene la consulta catalana.

Es inevitable, después de todo lo que se ha vivido esta última semana, entrar en comparaciones y mirar hacia Catalunya, con el proceso que tiene ante si y la consulta catalana.


el objetivo de este artículo es hablar del derecho a votar y sobretodo de la magistral lección de madurez que nos ha dado Reino Unido y Escocia con el referéndum escocés y que se podrían aplicar a la consulta catalana.


Hoy, el objetivo de este artículo, no es entrar a debatir si la consulta catalana está bien hecha, si quien la hace es la persona más adecuada, si intenta tapar todo el desfalco, los recortes y la incompetencia de la persona que la plantea, ni tampoco cual sería el resultado ni la opción escogida a la hora de votar.

Hoy, el objetivo de este artículo es hablar del derecho a votar y sobretodo de la magistral lección de madurez que nos ha dado Reino Unido y Escocia con el referéndum escocés, desde el respeto a las libertades, a las personas, y lo que es más importante, a la democracia.

Es por ello, que primero de todo, empezaré hablando de toda esta pandilla de obsoletos, arcaicos y rencorosos políticos que gobiernan este país.

Para empezar, muchos son los que se llenan la boca con aquello de “formamos parte de Europa”, “estamos en cabeza de Europa de no se que, y de no se cuantos”, “Europa nos mira con buenos ojos, porque (supuestamente y para mi una patraña más de los sin argumentos) estamos recuperando nuestra economía”, etc… pero pocos son los que se fijan en el respeto que tienen los países a sus ciudadanos y a sus ideas.

Escocia y Reino Unido nos han dado una lección de inconmensurables proporciones. Una lección democrática e inteligente que ha conseguido varias cosas.

Primero, mostrar el compromiso de sus políticos con las promesas electorales realizadas.

Se decidió que si el bloque nacionalista que promulgaba la independencia de Escocia salía vencedor, se respetaría la voluntad del pueblo que lo había votado y se convocaría un referéndum escocés. Chapó. Eso aquí en España sería impensable. Ya no el hecho de convocar un referéndum, sino el hecho de respetar una promesa electoral. Y ese respeto, es un fundamento de la democracia.

Segundo, se ha respetado el voto y las ideas de sus ciudadanos.

Si una mayoría vota a un partido que propone la independencia, es porque una mayoría de gente quiere la independencia. Con lo cual, permitámosles votar.

Es curioso, porque se permitió un referéndum escocés, cuando el partido que lo promulgaba había conseguido el poder, es decir, que podría haber triunfado el sí tranquilamente.

Pero eso daba igual, porque lo importante es que el ciudadano pudiera mostrar su opinión democráticamente. Casi como aquí, que la opinión del pueblo solo sirve para… para que encima se rían de ti y te manipulen y ninguneen como en ningún otro lugar.

Tercero, la lección de humildad y el compromiso de los políticos con sus ideas, ha sido espectacular.

Cada uno ha defendido sus ideas, lógicamente a capa y espada, pero siempre desde el respeto al rival ideológico. En ningún momento he visto tácticas sucias, acusarse unos a otros de absurdeces, buscar la mancha en el expediente para escupir al contrincante. Nada. Respeto. Tú tus ideas y yo las mías. Incluso en a derrota han sido unos auténticos caballeros.

Cuarto, han resuelto un problema de un plumazo.

Se acabó el debate, se acabó la discusión. Sí o no, y punto.

Los derrotados lo han hecho con la cabeza bien alta, y los triunfadores lo han hecho con la humildad de saber que el que ha votado lo contrario es su paisano, su compañero, y que seguirá viviendo con él a su lado sin importar si venció o no.

Respeto, señores, respeto, y la inteligencia de haber acabado con un problema que dividía la sociedad de un plumazo. Incluso, aunque hubiera salido el sí en el referéndum escocés, lo habrían afrontado como elegantes señores, buscando la solución a la nueva situación planteada.

Pues sí, insulsos políticos españoles. Eso es Europa.

Y nosotros formamos parte de ella, pero nunca llegaremos a la suela de los zapatos de estos señores. Aprendan un poco.

El pueblo catalán quiere votar.

El pueblo catalán, nos guste más o menos, decidió que quería un gobernante (no voy a entrar a definirlo) que brindaba la oportunidad de votar que es lo que quería en una consulta catalana. Esa es la voluntad del pueblo catalán.


esto, señores, se enquista. Esto se pudre. Y la única solución que tiene es que se decida en el único sitio que se puede hacer, que es en las urnas.


Y eso es lo que quiere. Votar.

Sea cual sea la intención de su voto, la gran mayoría (me atrevería a afirmar que más del 80 %) quiere votar.

Quiere salir a la calle en una jornada festiva como la que se vivió en Escocia, y depositar su papeleta en una consulta catalana con garantías con la respuesta a si quiere una independencia o no. Y ustedes, incompetentes, lo que están haciendo es prohibir arbitrariamente un derecho ciudadano como es el de votar.

Lo que están haciendo es dividir, y generar odio, y perpetuar un problema que no se va a solucionar ni ahora, ni en muchísimos años, ya que ustedes están regando la semilla del odio entre ciudadanos, fomentando debates acalorados y sentimentales por parte de los que quieren un sí y por parte de los que quieren un no.

Porque esto, señores, se enquista. Esto se pudre. Y la única solución que tiene es que se decida en el único sitio que se puede hacer, que es en las urnas.


Apelemos a la responsabilidad. Estamos tratando con personas y con ideas.


Señores, piensen en el siguiente ejemplo. De nada sirve que dos aficionados de fútbol, discutan sobre quien va a ganar, saquen argumentos de mis jugadores son mejores, u os vamos a arrasar porque sois unos zoquetes. Esto, hasta que no se juegue el partido, no se resolverá. Y una vez que se juegue, los dos aficionados se irán a su casa con la resolución final, uno triste por perder, y otro alegre por ganar, pero los dos con un resultado y con un argumento sólido que nadie le podrá rebatir, como es el resultado. Podremos entrar después en si el árbitro benefició a uno o no, si el otro jugó mejor o no, pero el resultado es el que es, y al cabo de un mes, un año, el resultado es lo que quedará, y no la eterna discusión de si te voy a ganar o no.

Apelemos a la responsabilidad. Estamos tratando con personas y con ideas. Y si algo está claro, y si algo tiene en común un independentista y la mayoría de los que no lo son, es que quieren votar. Aprendan del referéndum escocés.

Seamos responsables, y aunque ya se que no les gusta bajarse del burro por su orgullo absurdo y castizo, piensen que lo que están haciendo es generar un problema muy grande, y cada vez más dividiendo a una sociedad, que luego será muy difícil volver a unir, y eso es precisamente lo que un político debería evitar, por su responsabilidad pública, aunque ya sabemos que ustedes sus responsabilidades se las pasan por ahí donde la rabadilla pierde su nombre. Y hagan de una vez una consulta catalana.

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