El pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla una y otra vez

Es curioso, pero si estudiamos la historia de la humanidad, vemos que hay constantes que se repiten una y otra vez. Hagamos un pequeño análisis de ciertos hechos. Vamos a centrarnos en ciertos hechos del inicio del siglo pasado.

A finales del siglo XIX, se produce en Europa y Estados Unidos una revolución industrial que enriquece a un número considerable de personas. La parte negativa es que con la llegada de la máquina y las grandes factorías, el ser humano es esclavizado en largas jornadas de trabajo indignas y mal pagadas, los niños se ven obligados desde muy pequeños a producir y el dinero y la avaricia fluye como nunca.

Por otra parte, la inestabilidad  política en el centro de Europa acaba cristalizando en una guerra que se llevaría muchas vidas por delante durante sus más de cuatro años de duración. Fue de 1914 hasta 1918.

El bando vencedor, formado por Francia y Gran Bretaña entre otros, pidió responsabilidades al vencido, Alemania, que en aquel momento era un país derruido, en quiebra, asolado y sin dignidad. En el Tratado de Versalles, se le impusieron unas condiciones leoninas e imposibles de cumplir para hacer frente a la deuda contraída. Incluso en contra de las teorías del famoso economista Keynes, que avisó que el país germano jamás podría hacer frente a sus compromisos. La avaricia ganó la batalla.

Tanto creció la economía mundial que en 1929 se colapsó más de medio planeta con el famoso “crack”. Una burbuja colosal, con precios inflados hasta la médula y productos inexistentes muy por encima de su valor, que en ocasiones era nulo.

Una crisis mundial que fue un caldo de cultivo excelente para el nacimiento de movimientos como el nacionalsocialismo. En un país deprimido como Alemania, Hitler tuvo suficiente habilidad para ganarse a su pueblo. ¿Cómo lo hizo, si al inicio de su andadura era más bien visto como una especie de “freak” con poco más del 2% de apoyo electoral? Sencillo, ante la continua crisis del país y el constante empobrecimiento, las clases bajas y obreras, cada día más deprimidas, necesitaban algo en qué creer. Así fue como este hombre fue consiguiendo más poder hasta dar el golpe y llegar a dirigir la nación.

Una vez a la cabeza del estado, el pueblo no tomó en serio su antisemitismo. Así pues, decidió comenzar cimentando una nación poderosa. Creó trabajo, sanidad, educación, industrialización y un fuerte patriotismo. Algo en qué creer. Su potente maquinaria propagandística y su habilidad para crear empleo le granjeó la simpatía de su país. Una vez la población estaba en el bolsillo, no le fue difícil convencerlos del odio a los judíos y la necesidad de llevar el nazismo por toda Europa.

Sufrimos una enorme guerra que duró más de seis años, implicó a medio mundo y dejó decenas de millones de muertos.

Pero esta vez, el bando aliado estuvo más avispado. Era imposible que un país devastado pudiese devolver la enorme deuda contraída. Así pues, se le concedió una quita de más del 60%. Y a pesar de todo, Alemania ha tardado más de cincuenta años en poder hacer frente a ella. Apenas hace unos meses que terminó de pagarla.

Resulta curioso que hoy en día, sea precisamente el país germano el que se comporta de forma inflexible con Grecia o España. Máxime en el caso heleno, cuando han logrado con sus políticas de austeridad durante 6 años que su deuda pase de un 115% del PIB a un 177%. Un debe al que jamás podrán hacer frente, que ha empobrecido a la población y que ha provocado incluso el nacimiento de un movimiento nazi que tiene patrullas por las ciudades y barrios y cada día mayor representación parlamentaria. ¿Les suena de algo?

Es obvio que si escarbamos en la historia de la humanidad, hay gran cantidad de casos así. Cuando quitas todo al pueblo, su dinero, sus esperanzas, su dignidad, su trabajo, su sustento y hasta su amor propio, nada tienen que perder. Tenemos ejemplos como la Revolución Francesa, los procesos de independencia de de toda América, tanto Latina como la del Norte, o el reciente caso del Estado Islámico extendiéndose por las desoladas Irak y Siria. Cuando un rico y poderoso oprime hasta la saciedad a cien pobres, el resultado, si nos atenemos a la historia del mundo, es siempre el mismo, revolución, violencia, odio, guerras…

Hace ya siete años que comenzó la crisis. La II Guerra Mundial llegó diez después del crack del 29. El pueblo se siente cada día más oprimido y abandonado. La corrupción campa a sus anchas sin que nadie de la cara. Ha habido movimientos populares de todo tipo en Francia, Grecia o España, como el 15-M, que han sido avisos de que la cuerda se está tensando. Los ánimos están caldeados y cualquier chispa puede hacerlos prender. La aparición y llegada al poder de Syriza o la probable de Podemos son consecuencias de todo esto. Esperemos que sea para bien, porque las alternativas no suenan bien.

Concluyo con una última reflexión. Hay cantidad de cualidades que nos diferencian de los animales. La inteligencia, la conciencia, el conocimiento… Pero hay algo que ellos no tienen y nosotros sí. Algo que me preocupa y mucho. Es la necedad. Somos tan necios que tras miles de años poblando la Tierra repetimos una y otra vez nuestra historia. No somos capaces de aprender de ella. De corazón espero estar equivocado esta vez.

 

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