El pez grande se come al chico

La puesta ya en vigor de la ley de aumento de las rentas bajas en comercios, ha llevado consigo aumentos de un  1000% en locales donde se ejercía actividad comercial desde hace más de 50 años.

Ese es el caso de una juguetería en Madrid, donde un negocio familiar ha pasado de generación en generación  pagando una renta actual de 2.500€ mensuales (cantidad nada despreciable).

Esta, a pesar de la situación actual, seguía manteniendo sus puertas abiertas. Estamos hablando de una juguetería que no son productos de consumo diario y sí de venta puntual en estas fechas navideñas.

El nuevo alquiler que les anunciaron que debían pagar a partir del 2015, es de 25.000€ mensuales, cantidad exorbitante para poder seguir manteniendo su actividad en esas instalaciones.

Luego, escucho al presentador del programa donde se da la noticia, que en la calle donde se ubica esté comercio, es una calle muy comercial y donde el grupo Inditex ha ido abriendo comercios alrededor de donde está dicha juguetería.

No hay que hacer demasiadas averiguaciones para saber cómo se han movido los hilos para beneficiar a quien el poder del dinero y el amiguismo (seguramente), le hacen conseguir todo lo que ambicionan pisando al más débil y sin medir las consecuencias.

Claro que podría defenderse con una creación de puestos de trabajo, etc. etc., pero lo real desde que he oído la noticia es que desaparecen varios de los negocios en esa zona de Madrid, que eran emblemáticos de la ciudad como lugares típicos con antigüedad y solera.

Los grandes grupos, que lo que les sobran son recursos económicos de “cash” inmediato, sólo han de hacer una llamada para conseguir lo codiciado y establecerse donde quieran y acabar con la imagen de una ciudad y el trabajo de los pequeños comerciantes.

Y el grande se come al chico. Ocurre en muchos lugares y desde largo tiempo.

1 Comentario

  1. el otro que estará contento es el dueño del local.
    la verdad es que se trata de un asunto en el que se enfrentan intereses opuestos. Y del que unos se benefician y otros salen perjudicados inevitablemente. El dueño del local, el inquilino y los futuros inquilinos que pueden arrendarlo a esos precios (exhorbitantes para unos, pero asumibles para otros-los poderosos,claro).
    El tema gira en torno a la cuestión de los derechos adquiridos por el uso prolongado en el tiempo de algo que no es de uno sino en cuanto al arredamiento: es decir, no es totalmente propio pues hay un propietario. En estos caso -no el de este comercio, evidentemente. con 2.500 €mes, se puede vivir muy bien)- se da a veces la paradoja de que el inquilino gana mucho dinero con un negocio instalado en lugar excelente, por el que paga una renta angua exhigua, mientras el propietario precisa de los servicios sociales para subsistir (añadiendo que se da una situación de competencia desleal con otros comercios de la misma zona, que soportan esos arrendamientos actualizados y mucho más altos. La situación deja servida una injusticia, evidentemente. Una solución que respetase los derechos de esos inquilinos que mantienen sus puestos de trabajo desde hace décadas -generaciones, a veces- debería considerar todos los aspectos. Personalmente, teniendo en cuenta de que se trata de conservar servicios tradicionales y trabajos debería pasar por un arbitraje caso por caso, y la administración debería compensar a la parte más débil del “negocio”. Obviamente es una inmoralidad -amén que una injusticia- que se actue en la sombra al dictado del “pez grande”.

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