El legado de Pandora y la Izquierda latinoamericana

Hace muchos años escuché por primera vez la perturbadora historia de la Caja de Pandora, la hermosa mujer enviada por los dioses olímpicos en una bien pensada estrategia para sembrar el mal en la humanidad. A Pandora le fue confiada una caja, con la única condición de que jamás la abriera.

Pero pudo más la curiosidad escondida  en el corazón humano: la creación divina destapó el contenido de la caja y lanzó sobre la primitiva humanidad toda clase de calamidades y horrores. Solo permaneció escondida en su interior, como tímido recuerdo de sensibilidad la verde esperanza.

Parece ahora que los mitos pueden transpolarse en el tiempo; y aunque alguien se empeñe en afirmar que nada sucede dos veces de la misma manera, lo cierto es que la “caja” ya tiene un nuevo y catastrófico objetivo. Su destino, América Latina; su portador: Mauricio Macri.

Los resultados de los recientes comicios presidenciales en Argentina que lanzaron al estrellato de la derecha internacional a este personaje han embriagado a los opositores continentales de los llamados gobiernos populares. Al asumir como líder de la nación sureña el puzle político ha encontrado una pieza clave para la reacción en cadena contra las doctrinas del socialismo del siglo XXI.

La derecha ahora espera que se transforme en el paladín contra la democracia en la tierra de Bolívar, la Venecia de América, la histórica Venezuela, que ahora necesita de un verdadero liderazgo carismático que restablezca la Revolución ciudadana en la mente de sus hijos, que han decidido darles la espalda al chavismo.

Muy cerca de allí sectores que pugnan por el poder desde las sombras emplazan a magistrados, jurados y cortes para certificar un juicio político contra la mandataria del gigante suramericano, Dilma Rousseff, por el delito de responsabilidad fiscal. La intención tiene un rostro: Eduardo Cunha, líder conservador de la Cámara de Diputados, quien es sometido a un proceso investigativo por pedir y recibir un soborno de cinco millones de dólares.

Definitivamente la intención de Pandora es contrarrestar el efecto dominó de las rebeliones populares que se produjeron en América a fines del siglo XX y principios del XXI como rechazo a los modelos neoliberales y que cambiaron la historia del continente. La derecha internacional persigue destruir el sueño aglutinador del Libertador Simón Bolívar: la Gran Colombia, la unión de todas las tierras de América por el esfuerzo común de sus devotos hijos.

El fantasma de la opción neoliberal no ha desaparecido de la región. Innombrables décadas de golpes de estado, deudas, represión, terrorismo y desapariciones forzadas impulsaron a punta de fusil el desmantelamiento de Estados completos y el nacimiento de esta nueva forma de dependencia económica y dominación política promovida desde el Buen Vecino del Norte.

En los últimos años, sin embargo, la estrategia electoral se perfila como el principal sendero de las calamidades de Pandora, y sus agentes dan los primeros pasos acercándose al abismo: Macri en Argentina, Enrique Capriles en Venezuela, Samuel Doria Medina en Bolivia, Álvaro Uribe en Colombia, Eduardo Cunha en Brasil, y tantos otros que pretenden esculpir el nuevo rostro de América Latina.

Hasta ahora el panorama parece darles el éxito y el poder vuelve peligrosamente a quedar en manos de grupos de presión que antaño hicieron del continente el patio trasero de la política norteamericana.

Los movimientos sociales están un tanto desconcertados y sin proyecto alternativo; la opción democrática popular está viviendo una profunda crisis y la población está empezando a dejar de  acompañar las alternativas progresistas para pensar e inclinarse por opciones netamente conservadoras.

Los sectores opositores descubrieron la estrategia del Olimpo, y acompañaron con nuevos discursos populares la entrega de la caja a los seres que una vez dijeron NO al Área de Libre Comercio (ALCA). El intelectual Rodrigo Gómez Tortosa escribió que “la flor del pueblo se aleja para acercarse al fantasma del neoliberalismo y de los  grupos concentrados de poder económico y políticos”. Asistimos una vez más a la restauración conservadora en nuestros pueblos.

Los partidos conservadores avanzan con el apoyo de sectores populares que se sienten cada vez menos requeridos por los gobiernos progresistas. Con el triunfo de la derecha en Argentina y Venezuela, otros países de la región como Brasil, Ecuador y Bolivia debilitan sus bastiones ante la avanzada de las derechas locales respaldadas por los Estados Unidos.

Ahora cabría preguntarse qué ha fallado esta vez en la estrategia de la izquierda. Por un lado los gobiernos progresistas llegaron con un proyecto de democratización, de inclusión y apertura política; sin embargo dicha ampliación de las libertades democráticas contrastó con retrocesos muy claros en materia de división de poderes, respeto a la oposición, limpieza electoral y libertad de expresión.

Por otra parte los efectos de la crisis de 2008-2009 y la debilidad del mercado de consumo en los países centrales, vulneraron la capacidad económica de los estados latinoamericanos; las políticas sociales comenzaron a desaparecer y la izquierda en el poder se quedó sin respuestas ante los nuevos retos.

Otro elemento que resquebrajó las políticas de los gobiernos progresistas es el fantasma de la corrupción, esa que tanto denunciaron los izquierdistas en la oposición y que ahora les mancha las manos. Casos como el de Brasil con el presidente José Dirceu que llegó hasta la cárcel por el escándalo del “menselao”, ilustran esta hipótesis.

En primer lugar tenemos que aceptar el hecho de que vivimos en un mundo en que el capitalismo ha demostrado una vitalidad mucho mayor de la que esperábamos, logrando sobrevivir y recuperarse de sus continuas crisis y en la actualidad muchos países ya no ven con tan malos ojos el retorno a proyectos políticos que privilegian el mercado, la libertad económica, el comercio y la desregulación financiera.

La derecha internacional ha destapado la Caja de Pandora y vuelve a la arena de batalla por el poder político en América Latina, pero su estrategia sigue siendo un misterio.

En un futuro- al menos para América Latina- quizá la revolución no sea el motor de la historia, sino el “freno de emergencia” de la historia que nos impida caer en el abismo al que nos conduce inexorablemente el neoliberalismo.

En opinión de este analista, en la nueva coyuntura internacional y ante el avance de los sectores conservadores en el continente, si la izquierda quiere tomar el cielo por asalto-o el Olimpo- debe tener los pies muy firmes en la tierra, para evitar otra “década perdida” en América Latina.

El momento es promisorio y la rendija comienza a abrirse para la gran tarea de convertir el sueño de Bolívar en una emancipación socialista. La esperanza ya ha salido de la Caja de Pandora.

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