El fenómeno fan y sus incontestables cómplices

Muchos son los llamados y pocos los elegidos en la inmaculada estratosfera donde sólo han de morar criaturas con ese don casi sobrenatural que cautiva y hace enloquecer, que anula voluntades y prende la chispa siempre dulce, de sueños que es de recibo soñar y casi palpar, gracias a estos fenómenos, parte talento innato, parte producto de marketing.

Es curioso observar como el fervor hacia ídolos de carne y hueso llega a extremos tales   como para que el individuo pase a ser una continuación de ese mito viviente, un reflejo de todos y cada una de las acciones, mejores y peores de su cantante favorito, actor, deportista, político, de cada una de las manifestaciones carnales que este tipo de fenómeno pueda manifestar. Anexionado de manera obsesiva a las pautas que su alter ego, seguirá de motu proprio o por exigencias del guión, el avezado hincha, su camino de gloria  hacia ese olimpo que puede tocar a través de tan carismáticos personajes.

Éstos sin embargo, en contra de lo que sus fanáticos seguidores piensan, también sufren las inclemencias de ese baño de masas que a veces les supone como poco algún que otro desliz en su venerable curriculum, cuando no sucumben totalmente en esas aguas en las que ni ellos a veces saben nadar y guardar la ropa.

Y es que el opíparo mundo que el resto de los mortales ensimismados con el concierto tal o el golazo cual imaginamos girando alrededor de estos dioses terrestres, es la concatenación de diversos factores que hilados convenientemente dan como resultado esta adoración “sine qua non”, el principal sin duda, la búsqueda perpetua de ese ser perfecto digno de enfervorecida idolatría.

Así pues, del fenómeno fan, parte de la necesidad del hombre de buscar su alter ego, de escudriñar fuera de sí lo que en su interior no halla, de mirarse en un espejo que refleje superhéroes, en definitiva, el solaparse con ese individuo al que le ha tocado ser ese espejo falaz que ilusiona que no es poco y nos encumbra tímidamente de vez en cuando a ese pedestal laureado en el que muy probablemente nuca estaremos.

El binomio está servido; fan e ídolo marcharán de la mano como Quijote y Sancho. Esta curiosa relación pasional tendrá como único objetivo, para unos evidentemente, las adorables estrellas; generar el mayor número de ingresos posible, y para sus incondicionales acólitos; suplantarse a sí mismos de vez en cuando para calzarse la piel de esos mortales, inmortales para ellos.

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