El androide

¿Habéis visto Her?  Es una obra de Spike Jonze que nos invita a observarnos recreados como una sociedad absorta por las nuevas tecnologías. Nada lejos de la realidad.
Digamos que el cine, al igual que el arte en general, muestra eso que ya está ahí pero a lo que aún no le hemos prestado demasiada atención.

¿Por qué os hablo de esto? Veréis, hace como un mes sentí curiosidad por esa película.
Precisamente en los días en los que me detuve a verla, salió publicado el siguiente artículo: El robot Pepper se agota en un minuto al salir a la venta en Japón.
Dicho articulo, nos informa sobre la exitosa salida al mercado de un robot “capaz de comunicarse con personas e interpretar sus emociones.” Comentan que está “diseñado para familias” y que este es capaz de “compartir sus experiencias y aprendizajes con otros modelos.”
También se nos informa de que ha estado siendo utilizado desde hace un año como dependiente en algunos establecimientos de Nestcafé y Softbank.

Se supone que Her está ambientada en el futuro. Al menos, eso pensamos al verla. Pero, ¿y si en realidad ya vivimos en el mundo que nos plantea?
¿Cómo es posible que 1.000 unidades de un artilugio así se vendan en menos de 1 minuto? Está claro que la situación de Japón no se puede comparar a la que vivimos en otros países. Pero a pesar de eso, es de locos.
Pepper es un producto que promete cosas tales como: hacer fotos, felicitar por cumpleaños, o animar a las personas cuando detecta que están tristes.

Pretenden crear una versión de algo que ya existe.
Es cierto que este robot (o cualquiera) puede ayudar a mucha gente a no sentirse tan sola como Her nos muestra. Incluso, puede que desempeñen ese trabajo de dependientes de forma excelente. Pero es algo totalmente imprescindible, un capricho basto del ser humano.

Pensemos: si son las propias tecnologías las que nos llevan a ese aislamiento, como es posible que se pretenda que también sean ellas las que puedan sacarnos de él. Lo harán, sí, pero de forma ficticia.

Por otra parte, dudo que resulte más sencillo desarrollar un proyecto de robot como Pepper, que educar a las personas emocionalmente para no vernos en la necesidad tener que hacerlo.
Y en el caso de que lo fuera, es evidente que una máquina no nos va a aportar jamás lo que alguien de carne y hueso.

Educar desde el corazón no es fácil, pero que un robot nos haga sentir el calor de un ser que a pesar de su historia vive y siente sin haber sido programado para ello, lo es más.

Con esto espero haceros reflexionar, no para crear una revolución en contra de las tecnologías sino para que hagáis lo que esté en vuestra mano, que en este caso es soltar el móvil de ella y charlar con quien tengáis más cerca.

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