Dimisiones a golpe de campanada

Es la hora de comer y estoy en la cocina, intentando organizar las bandejas envueltas en papel albal mientras de fondo oigo el eco del televisor. ¿Sigo tirando de delicias navideñas a base de pavo relleno, patés y queso o a estas alturas debería optar por una dieta más depurativa? Bah, si ya sólo me queda para un día y si no se va a echar todo a perder…

De repente, vuelven a mis oídos las campanadas que sonaron hace escasos días y que nos metieron de lleno en este nuevo año. Me giro hacia la pantalla, ya con una tapa de fiambre en la boca para ir engañando el estómago… ¿Cómo es posible que sigan hablando de Nochevieja? ¿Ha cambiado en  2015 el concepto de lo noticiable y yo no me he enterado? Vuelve a mi retina el vestido rojo de una presentadora que esa noche hubiese preferido quedarse en su casa y visualizo de nuevo el vídeo de esa graciosa familia andaluza con bolsas de tila colgando de las orejas y que esa noche se quedó con las doce uvas en el plato.

Efectivamente, los medios de comunicación siguen hablando de “fatídica” Nochevieja de Canal Sur Televisión, y esta vez los protagonistas no son Enrique Sánchez y Ana Ruiz, que ya les bastó con comerse el marrón en directo, sino que se centran en el director de Emisiones y Continuidad del canal de televisión en cuestión. O mejor dicho, ex director, ya que el hasta entonces responsable de la sección  ha dimitido como consecuencia de los fallos que impidieron la retransmisión de las campanadas de fin de año y que, según la investigación, se debieron a “errores humanos atribuibles a, al menos, tres trabajadores”.

Definitivamente, seguimos igual de locos que en el pasado año, pienso tras escuchar el compungido mensaje de “consternación absoluta” de la Radio Televisión Andaluza tras el incidente. Victimismo, complejos y redundancias que suenan a rancio. A 2014. Error de programación o error humano, ¿qué más da? No creo ser la única que haya metido la pata alguna vez en su trabajo.

Mientras este trabajador de Canal Sur  dimite, todos aquellos políticos que han sido el blanco de investigaciones periodísticas y judiciales y que han aprovechado sus posiciones de poder para sacar provecho económico nos siguen estafando. Estos últimos trescientos sesenta y cinco días nos han otorgado carta blanca para instaurar el término de “banquillos calientes” por la elevada cifra de acusados por corrupción y poder poner en evidencia la ética y moral del personal.

 Sí, ellos también han metido la pata, la gamba y el gambón en su puesto de trabajo. No sólo no se han preocupado lo más mínimos en cumplir sus obligaciones, sino que además se han enriquecido a nuestra costa. Innumerables casos de Undargarines, Blesas, Ratos, Pantojas, Bárcenas, Granados, Fabras, Pujoles, Sepúlvedas y Matas. ¿Acaso a alguno de ellos se les ha atragantado el champagne cuando brindaban por un año más lleno de ostentación y privilegios? Y lo más importante, ¿cuántos han admitido sus errores y anunciado su dimisión?

En la madrugada de 2015 le tocó a un trabajador de la RTVA, José Luis Pereñíguez, por dejar a los andaluces sin poder tomarse las uvas de la suerte a golpe de campanada. A este paso, la suerte será llegar a levantar cabeza algún día.

Creo que lo mejor que puedo hacer es terminar las sobras de la resaca navideña que hay en mi nevera e irme a una de esas raves ilegales en las que cientos de jóvenes siguen celebrando el nuevo año. Así me da un poco el aire.

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