Debemos despertar a la filosofía de su sueño dogmático y liberarla del presidio de la indiferencia

Jugando con aquella afirmación de Kant, quién inmortalizo el adagio “Hume me despertó de mi sueño dogmático”, en estos ajetreados tiempos de las democracias de nuestra modernidad líquida, la filosofía no puede ser analizada o estudiada, exclusiva y excluyentemente, desde el pupitre académico